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domingo, 18 de marzo de 2012

6333.- DANIEL GIRIBALDI



Daniel Giribaldi (1930-1984)
Diógenes Jacinto Giribaldi nació en Buenos Aires, en abril de 1930. Fue poeta, periodista y bohemio empedernido. Coordinó ciclos de poesía, por lo general en el barrio de San Telmo, donde desplegaba todo su histrionismo y abogaba por una poesía viva y recitable, lejos de la torre de cristal en la que se suelen empecinar en encerrarla sus enemigos. De buena fuente sabemos que una vez estaba leyendo sus poemas en un teatrito del centro, muy trajeado, sentado en una mesa cubierta con un mantel de terciopelo verde que llegaba hasta el suelo; cuando culminó su lectura, Giribaldi saludó cortésmente al público presente, se levantó y caminó hacia la derecha del escenario: estaba en calzoncillos.
Totalmente marginal para el sistema literario argentino, Giribaldi escribió libros maravillosos como Villa de Dios no se entrega (1958), Sonetos mugres (1968), Bien debute y a la gurda (1985) y Sonetos de amor (1988), estos dos últimos publicados post-mortem. Diestro en el soneto y en las formas clásicas, erudito del lunfa y de la ginebra en vasito, ávido lector de Quevedo y traductor de Baudelaire, se ganó la vida trabajando en redacciones como la del diario “Crónica”. Con un grupo de poetas como Jorge Calvetti y Antonio Requeni, Giribaldi paraba en un destartalado bar de Avenida de Mayo y Chacabuco, casi pegado al restaurant “Pedemonte”. Allí las charlas se hacían interminables y la madrugada los sorprendía enjuagados por dentro por ríos de vino de la casa; dicen que en ese establecimiento atendía un mozo de chaqueta azul marino, de hondas ojeras, parecido al actor húngaro Peter Lorre y también cuentan que en el baño de caballeros un día se amasijo un tipo. Requeni así recuerda aquellas veladas: “En su vida exterior, Giribaldi jugaba a parecerse a lo que en porteño llamamos un “reo”. Tal vez lo fuera de verdad. Recuerdo una medianoche de invierno en que la niebla invadía una Avenida de Mayo despoblada y fría, casi fantasmal. Caminábamos con nuestro amigo en dirección al bar cuando una prostituta, desde la vereda de enfrente, lo saludó con el brazo levantado: “¡Chau Giribaldi!”.
Se murió el 2 de noviembre de 1984, fusilado por una cirrosis hepática. Tenía apenas 54 pirulos.



SAN TELMO

A los poetas de San Telmo:
Francisco Urondo
Roberto Hurtado de Mendoza
Horacio Pilar
Raúl Santana
René Palacios More
Luisa Futoransky


De tanto haberlas campaneado en prosa
hoy se me dan en versos las fachadas
de tus sacas jovatas, enrejadas
con berretín de Asilo o de Juiciosa.


La luna se plantó en una baldosa
para echarse a brillar y, de amargadas,
la borraron, sin verla, mis pisadas.
Por Perú y Venezuela fue la cosa…


Calá: de mis pisadas asesinas
brota un malvón. ¿Porque te campaneo
en prosa y te hacés verso en tus esquinas?


¿O porque es todo un vivo macaneo?
Pisando lunas o enrejando ruinas,
quemamos un igual destino reo.








EL UMBRAL


Sí, ya sé…perdí el tiempo en pajerías
y, creyendo, gastarlo en cosas serias,
me vendí en cien mercados y en cien ferias
(mercadería entre mercaderías).
Compré con esa guita chucherías,
revendí fulerías y miserias.
Vacunado contra tifus y difteras
del alma, viví enfermo de alegrías.


Me alegraba escabiar con los amigos,
el calor de las hembras en los telos,
la lluvia afuera, el fato sin testigos.


Nunca me puse luto por mis duelos
y pasé en vida todos los castigos…
¡Dale, abrime la puerta de los Cielos!










AUGURIO REO


Usté que demostró ser de buen paño
poniendo el lomo o exponiendo el cuero,
y que la sigue así de enero a enero
y garpa el lastre, la chapil y el caño.
Usté, que nunca a nadie le hizo daño
y en esto de vivir es hombre entero,
tanga mano un momento, compañero,
que un año nace y se nos muere un año.
Olvide al que se va, y en el que empieza
fije la mira y haga puntería:
el que juna pa’ atrás, siempre tropieza.
Y alce confiao su copa en este día.
¡Si bancó la otra mano la tristeza,
tallará en la que viene la alegría!










UN PROGRESO


Yugaba de botero. Buen remero,
le pegaba a los remos noche y día,
cruzando al otro lado al que caía
muñequeao por su cancha de botero.


Diqueando, un intendente farolero,
punto alto en cuestión de ingeniería,
se mandó un puente allí. La gilería
palpitó un cruce posta y más ligero.


Por fin, hubo luz verde. El intendente
soltó un chamuyo flor, minga de apuro,
a la merza formal allí presente.


Fue el primero en cruzar. Era seguro
ese puente. ¡Y por culpa de ese puente
quedó el pobre Caronte sin laburo!








Canero


De enguaridar ortivas de la yuta
te hiciste sucursal de taquería.
Vos, que fuiste chelibo de avería,
enganche del cafiolo y de la puta.


Vengo a morir en vos y se me enluta
el cuore, que hace un rato se reía.
Siempre sos para mí como el gomía
que al Sócrates le diera la cicuta.


Tus mesas, favoritas de los ranas,
gastadas por los naipes y los dados,
aguantan a pulastros batilanas.


Tu mugre y mi dolor, entreverados,
en el orden del día de los canas,
de bronca, alguna vez, serán citados.












Carta de más


Un otoño que ayer fue primavera
la marchitó a esta fiera del chanchuyo
que hizo roncha en un tiempo, hizo barullo
y, cuando no barullo, hizo bandera.


Hoy chamuya, colgado en la palmera,
pero no engrupe a nadie su chamuyo.
Está sobrando, como sobra el yuyo
que se equivoca y crece en la vereda.


Quemao por el escruche o el golpeo,
minga de balurdera su parola,
ya no carga la mula en un rastreo.


Con la merza debute ya no rola,
en el derpa lo agarran p´al fideo...
¡Ni Dios al que fracasa le da bola!












Clausurado


La cortina. Detrás, una tristura
empilchada de polvo, telarañas
y ojerosos espejos, con lagañas
de sombra, bate cana de clausura.


El botón de la puerta desfigura
la raca de esta cueva de cafañas
donde piernaban entre naipe y cañas
la Conchita de Fierro y la Cangura.


Baten que hubo mancada, o un esparo
farabute se fue de la sin hueso
y cantó, baqueteado por "canaro".


Pero el punga Grillito cayó preso,
relojió el pabellón, al cantaclaro
le hizo la cama...¡y se la dio con queso!








Contrera


A Juan D'Arienzo


Catedral de la joda: aquí te sobra
el trompa que idiotiza con su chupe,
el lustre que te enchastra y que te engrupe
y el yoyega podrido que te cobra.


Vos sos el farabute en esta obra,
el tony ligador que hay en la trupe.
A mí me cachetearon y lo supe
gracias al novi y la pomada Cobra.


Embadurnado por el lustra rante,
sobrado por el trompa y por el mozo,
ayer, curda, me dieron el espiante.


Desde hoy, de puro breca me hago el oso
a la hora de garpar. Y en adelante
no caigo por aquí sin el bufoso.












El artesano


Yo soy aquel que ayer nomás batía
el verso mugre y la emoción ranera,
el que casi amasija a una mechera
que un mate le cebó con agua fría;


el que quilombizó la taquería
la vez que cayó en cana en la Tercera,
cuando escribió en una pared fulera:
"Quevedo volverá - La poesía";


el peonacho y el trompa de la rima,
el que apiló palabras a destajo,
el que en la viola fue bordona y prima


y al fin de su jornada de trabajo,
siente que el mundo se le viene encima
y canta un mundo que se viene abajo.














El consejo


Te manyo que vivís a contramano,
que estás por no yugar, siempre en la vía
metido en una pilcha shomería
y hecho un croto cualunque, un cirujano.


Dale bola al laburo o al afano,
amurá el berretín: la poesía
nunca te hará morfar. Y es fulería
no acertar en la tecla,,, ni en el piano.


Yo la oreja paré, me le hice el gilo
y le mangué una luca al taita viejo
que así me aconsejaba. ¡Estuvo un kilo


cuando batió que no tenía un tejo!
¡Andan sin diez gambetas en el grilo
y se largan igual a dar consejos!










El escarmiento


Nos invadió la runfla chalchalera,
soplan en Buenos Aires malos vientos.
Rolamos con los grasas más grasientos,
grones de tierra tierra adentro y tierra afuera.


De cayetano y sin hacer bandera
les tenemos que dar el escarmiento:
si seguimos con tantos miramientos,
vamos a terminar en la palmera.


Así roncaba un orre tropo forte
y, como aquí roncar es ley escrita,
cinco pesados más le dieron corte.


Repartieron las fuerzas mita y mita
y, fajando los seis de sur a norte,
le dieron la marrusa a un cabecita.










El mangazo


Pilas de veces me tocó hacer sapo.
La chingué y fue de puro bartolero,
pero que me dio el cuero... me dio el cuero;
en ligar sin chiyar, soy todo un capo.


Tuve también mis buenas; pasé el trapo
en más de un entrevero carpetero.
Siempre que escuché "envido", canté "quiero".
De confiado, nomás, nunca de guapo.


Al trotecito siempre, sin esfuerzo,
pasé del gran atorro a la gran vía.
Me tragué el sapo...cuando no el escuerzo.


Y aqui estoy, ñoricompa y gran gomía,
batiéndote el porqué de tanto verso:
¡no te voy a salir de garantía!










El trabuque


Yugué, sin el alivio de un barato,
currado por impuestos y ranunes.
Mis domingos más piolas fueron lunes;
garpaba liebre y me servían gato.


Pero hoy me consagré. Te paso el dato
por si no lo junás, pa´que lo junes:
soy el nuevo campeón de los gilunes,
yo, que arañaba el título hace rato.


¿Te acordás de aquel fato, allá en Belgrano?
Bueno, al fin tropecé con el cabrón.
Me saludó, ¿sabés?: "¿que tal,hermano?"


¡él, el del batimento y la traición!
¿Y yo?... ¡Me trabuqué y le di mano!
¿Meresco o no meresco ser campeón?








En la buena


A Julio Cortázar


Cuando vuelva a París y una franchuta
me dé alivio al bolsillo y a la pena,
desde algún puente escupiré en el Sena
y gozare el frescor de la viruta.


Libre del manyamiento de la yuta,
cargaré a maringotes: "¿mala o buena?"
En la Sorbona estudiarán mi esquema
y en diez mil ateliers, mi facha bruta.


Nunca me rascaré, ni aunque me ensarne,
pues viviré de ronga entre los tracas
y siempre en mi ganchera tendré carne.


Pero, gordas al fin las vacas flacas,
atorrando feliz cerca del Marne,
¡extrañaré la roña de Barracas!










En la mala


En Córdoba, cagado en la desgracia,
(así baten allá, no es cosa mía...)
me madrugó una vez la taquería
y caí, como un merlo en una razzia.


Cuando andás en la mala, aquí o en Asia,
sin asco te la dan los de esa cría.
Yo aguanté sin chillar, porque debía
basuriarlos con rante aristocracia.


Me dieron esos grasas (los de pella
y también los torabas).Yo tranquilo,
me la aguanté sin maldecir mi estrella,


sin aplicar ni lágrima ni estrilo:
¡Hasta en la mala el que nació en Pompeya
se agranda en la desgracia y vale un kilo!








Lorenzo "Eduardo" Arolas


No condenso algo inmenso, no, Lorenzo;
alzo al bardo en lunfardo mi güiscardo
y se hace nardo el cardo del lunfardo
cuando en el rango de tu tango pienso.


Hecho nardo, perfuma un algo inmenso:
el arremango de tu tango, Eduardo,
flor de cardo que el viento lleva al bardo
hasta Dios y que a Dios lo pone tenso.


Tenso, juna a una paica que es la parca
milongueando con vos entre las olas
de un tango tuyo, "Cardos", "Catamarca"...


No manya. ¡Si hasta Dios se queda en bolas
al compás del canyengue que le marca
desde la Eternidad, tu fueye, Arolas!












Coplas


Me reía de mi llanto.
Discurrió el tiempo sin prisa
y mi vida cambió tanto
que hoy me hace llorar de risa.


*
Voy a llegar algún día
y ese día, de seguro,
sabré hacia dónde corría.
Y por qué tenía apuro.


*
Vivía cerca de un río
pero se murió de sed.
El río enseña a irse lejos
pero no enseña a beber.


*
Tenía un solo temor.
El temor de no ser bueno
siendo, con todo, el mejor.


*
Si temes por dolorosas
y penosas las espinas,
evita el amor, las rosas,
las rosas y las corvinas.


Y habrá, en lugar de rosas
y amor, solamente espinas.


Y, si se cuadra, corvinas...


*
El tiempo muge y embiste:
capa, verónica, estoque
y un matador que no existe.


¿Y lo que nunca será?
¿Y el que sin llegar al ruedo
ha sido cogido ya?


*
¿Qué perfección imaginas
para ti? ¿La perfección
que no alcanzó el Partenón
y consiguieron sus ruinas?


La perfección alcanzada
aunque de insólito modo:
buscando no decir nada,
poder expresarlo todo.


*
Esto lo practica Dios
y, algunas veces, el mar:
lo bueno de tener voz
no es hablar, sino callar.




Cantares y coplas, Torres Agüero Editor, Buenos Aires, 1986