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domingo, 18 de marzo de 2012

6374.- VÍCTOR SEGALEN


Victor Segalen nació el 14 de enero de 1878 en Brest y falleció el 21 de mayo de 1919 en Huelgoat; fue un arqueólogo, etnógrafo, doctor naval, escritor y poeta francés de primera fila.
Estudiante de medicina naval en Burdeos, Segalen viajó y vivió en Polinesia y China (1903-1917) una parte considerable de su vida. Realizó tres expediciones arqueológicas en China (1909-1913; 1914-1915; 1917-1918). El escritor —con su crítica a la idea de exotismo— quiso paliar la pérdida forzada de la memoria de muchos pueblos, sobre todo los de Extremo Oriente. Él se había formado en el siglo XIX, una época muy positivista y desde luego colonialista y destructor con violencia de muchas sociedades. Segalen quiso por contraste acceder al otro física y sensorialmente, con el mayor respeto a las palabras e imágenes ajenas.
Desde hace tres décadas, la obra de Victor Segalen ha venido recuperándose en Europa, después de un lento reconocimiento de su gran valía y su novedad. De hecho, en Francia, sólo se difundirían sus textos a partir de los años sesenta; pero la circulación progresiva de sus libros y papeles se hizo poco a poco habitual, y hoy se le considera una de las figuras centrales de las letras francesas en la época de Proust. En todos sus escritos encontramos percepciones inquietantes, definitorias de un escritor que logró huir de los géneros más delimitados. Pues la obra de Segalen es amplia, y recorre todos los campos literarios, incluyendo el ensayo más exacto y más bello.
Entre sus libros destacan su gran novela Los inmemoriales (1907), elogiada por antropólogos e historiadores sociales; el relato En un mundo sonoro (1907); unos extraños poemas Estelas (1912) (el libro fue impreso en Pekín y definitivamente en París en 1913, aunque sólo fue recuperado en Francia treinta años más tarde); y la prosa poética de Pinturas (1916). Después de su muerte, tras un extraño accidente, se conocieron otras obras destacadísimas suyas: Orfeo rey (1921), drama para una ópera de Debussy; una novela extraordinaria sobre China René Leys (1921); sus magníficas Odas (1926), así como muchos de sus ensayos y anotaciones diarias de viajes.
Jean Starobinski ha analizado magistralmente, además, la importancia del escritor dentro de las relaciones entre literatura y medicina: «Segalen aux confins de la médecine», en Les cliniciens ès lettres (Montpellier, Fata Morgana, 1980).
En reconocimiento a su labor la Facultad de Letras y Ciencias Sociales de la Universidad de Bretaña Occidental en Brest lleva hoy su nombre. Pese a la fuerza de su escritura, no ha logrado todavía una abierta difusión. Pero está su obra reunida en París, Bouquins, 2 tomos.

Obras
A dreuz an Arvor, 1899.
L'observation médicale chez les écrivains naturalistes, Tesis, Burdeos, 1902; luego, Les cliniciens ès lettres.
Les Immémoriaux, 1907.
Stèles, 1912.
Peintures, 1916.
Essai sur l'exotisme.
Orphée-Roi, 1921.
René Leys, 1922.
Mission archéologique en Chine (con Gilbert de Voisins y Jean Lartigue), 1923-1924.
Équipée. De Pékin aux marches tibétaines, 1929.





Poemas de Victor Segalen




Stèles (1912)


Départ


Ici, l’Empire au centre du monde. La terre
ouverte au labeur des vivants. Le continent
milieu des Quatre-mers. La vie enclose,
propice au juste, au bonheur, à la conformité.


Où les hommes se lèvent, se courbent, se
saluent à la mesure de leurs rangs. Où les
frères connaissent leurs catégories: et tout
s’ordonne sous l’influx clarificateur du Ciel.


Là, l’Occident miraculeux, plein de
montagnes au-dessus des nuages; avec ses
palais volants, ses temples légers, ses tours
que le vent promène.


Tout est prodige et tout inattendu: le confus
s’agit: la Reine aux désirs changeants tient
sa cour. Nul être de raison jamais ne s’y aventure.


Son âme, c’est vers Là que, par magie,
Mou-wang l’a projetée en rêve. C’est vers là qu’il veut porter ses pas.


Avant que de quitter l’Empire pour
rejoindre son âme, il en a fixé, d’Ici, le départ.




Estelas (1912)


Partida


Aquí, el Imperio del centro del mundo. La tierra
abierta al trabajo de los vivos. El continente
entre los Cuatro Mares. La vida encerrada,
propicia al justo, a la felicidad, al conformismo.


En donde los hombres se yerguen, se inclinan,
se saludan según su rango. En donde los hermanos
conocen sus categorías: donde todo
se ordena bajo el influjo clarificador del Cielo.


Ahí, el Occidente milagroso, cubierto
de montañas por encima de las nubes; con sus
palacios en el aire, sus templos ligeros,
sus torres que el viento pasea.


Todo es prodigio y todo inesperado: lo confuso
se agita: la Reina de deseos mudables tiene ahí
su corte. Ningún ser de razón se atreve a entrar.


Con magia, Mu-wang ha proyectado su alma hacia ese
Ahí. Hacia ahí quiere que lo lleven sus pasos.


Antes de dejar el Imperio para reunirse
con su alma, ha fijado, desde Aquí, su partida.








Éloge du jade


Si le Sage, faisant peu de cas de l’albâtre,
vénère le pur Jade onctueux, ce n’est point que
l’albâtre soit commun et l’autre rare: Sachez
plutôt que le Jade est bon,


Parce qu’il est doux au toucher –mais
inflexible. Qu’il est prudent: ses veines sont
fines, compactes et solides.


Qu’il est juste puisqu’il a des angles et ne
blesse pas. Qu’il est plein d’urbanité quand,
pendu de la ceinture, il se penche et touche terre.


Qu’il est musical: sa voix s’élève,
prolongée jusqu’à la chute brève. Qu’il est
sincère, car son éclat n’est pas voilé par ses
défauts ni ses défauts par son éclat.


Comme la vertu, dans le Sage, n’a besoin
d’aucune parure, le Jade seul peut décemment
se présenter seul.


Son éloge est donc l’éloge même de la vertu










Elogio del jade


Si el Sabio, desdeñando el alabastro,
venera el Jade puro y untuoso, no es porque
el alabastro sea común y el Jade raro:
sepan más bien que el Jade es bueno.


Porque es suave al tacto –aunque
inflexible. Y prudente: sus venas son
finas, compactas y sólidas.


Es justo ya que tiene ángulos y
no hieren. Es tanta su urbanidad que,
colgado de la cintura, se inclina y toca tierra.


Es musical: su voz se eleva,
prolongada hasta la breve caída.
Es sincero, ya que su brillo no se vela
con sus defectos ni éstos con su brillo.


Ya que la virtud, para el Sabio, no requiere
ningún adorno, sólo el Jade puede decentemente
presentarse solo.


Elogiarlo es pues elogiar a la virtud misma.










Stèle des pleurs


Si tu es homme, ne lis pas plus loin: la
douleur que je porte est si vaste et grave que
ton coeur en étoufferait.


Si tu es Chenn, détourne-toi plus vite encore:
l’horreur que je signale te rendrait lourd
comme ma pierre.


Si tu es femme, hardiment lis-moi pour
éclater de rire, et oublie à jamais de t’arrêter
de rire,


Mais si tu sers comme eunuque au Palais,
affronte-moi sans danger ni rancune, et garde
le secret que je dis.








Estela de llanto


Si eres hombre, no prosigas tu lectura:
el dolor que llevo es tan vasto y grave
que ahogaría tu corazón.


Si eres Chenn, vuélvete aún más rápido:
el horror al que me refiero te haría pesar
como mi piedra.


Si eres mujer, léeme con atrevimiento
y ríe a carcajadas: olvídate para siempre
de dejar de reír.


Pero si eres eunuco en Palacio,
enfréntame sin peligro ni rencor,
y guárdame este secreto.
















Éloge et pouvoir de l’absence


Je ne prétends point être là, ni survenir à
l’improviste, ni paraître en habits et chair, ni
gouverner par le poids visible de ma personne,


Ni répondre aux censeurs, de ma voix; aux
rebelles, d’un oeil implacable; aux ministres
fautifs, d’un geste qui suspendrait les têtes à
mes ongles.


Je règne par l’étonnant pouvoir de l’absence.
Mes deux cent soixante-dix palais tramés
ente eux de galeries opaques s’emplissent
seulement de mes traces alternées.


Et des musiques jouent en l’honneur de mon
ombre; des officiers saluent mon siège vide;
mes femmes apprécient mieux l’honneur de
nuits où je ne daigne pas.


Égal aux Génies qu’on ne peut récuser
puisqu’invisibles –nulle arme ni poison ne
saura venir où m’atteindre.












Elogio y poder de la ausencia


No pretendo estar aquí, ni llegar de
improviso, ni aparecer con ropas y carne, ni
gobernar con el peso visible de mi persona.


Ni responder a la censura con mi voz; a
los rebeldes con ojo implacable; al error
de los ministros con un gesto que suspendería
sus cabezas a mis uñas.


Yo reino con el insólito poder de la ausencia.
Mis doscientos setenta palacios entramados
por galerías opacas sólo conocen
el paso de mis huellas alternas.


Hay músicas que suenan en honor de mi
sombra; unos oficiales se inclinan ante mi trono
vacío; mis mujeres aprecian más el honor de las
noches en que no me digno.


Igual a los Genios que no se pueden refutar
por invisibles –no hay arma ni veneno
que puedan llegar a dar conmigo.




Traducción de Raúl Falcó