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domingo, 18 de marzo de 2012

6376.- ABU L-QASIM AL-SABBI


Abu-l-Qasim Al-Sabbi (Túnez, 1909-1934)
Al-Sabbi es considerado el primer poeta moderno tunecino. Estudió la poesía clásica árabe y recibió la influencia de la poesía moderna occidental a través de los románticos egipcios y de los poetas del Mahyar -Literatura de la Emigración-. Se graduó de abogado y murió prematuramente a causa de una miocarditis. Ver Romanticismo europeo, historia, poética e influencias, de Juan Antonio Pacheco y Carmelo Vera Saura, Universidad de Sevilla, 1998, en google libros




Triste atardecer


El triste atardecer sombreó la existencia.
En su mano un triste piano.
En su boca, las sonrisas de las penas.
En sus ojos los lamentos de los años.
En su pecho, una cierta desazón.
Y los rayos de la muerte en su corazón.
La besó con besos callados,
como besa la muerte la flor en las ramas.
Le llevó la inspiración de las estrellas,
el secreto de las sombras, el sonido del silencio.
Allí inspiró sus flautas, cantando con ellas
en la oscuridad desolada.






La pena ignorada


Estoy apenado.
Soy un extraño.


Mi pena es diferente a las demás penas.
Es extraña en los mundos de la tristeza.
Mi pena es un pensamiento que gorjea,
mientras lo ignora el oído del tiempo.


Mas con mi alma he escuchado su eco
en mi juventud embriagada.
Lo he escuchado y triste he caminado
cantando con mi pena cual pájaro de montaña.


Lo he escuchado como un quejido devuelto
por la voz de la noche y el corazón de lo eterno.
Lo he escuchado como el grito amortiguado
de un arroyo entre los desfiladeros.












Canto a la tristeza


¡Cántame la canción de la risueña alborada,
pájaro cantor!
que la voz de la oscuridad me ha hecho tragar un dolor
queme ha enseñado a odiar la vida.
Harto está mi corazón de los ecos de los lamento.
¡Cántame, compañero!.
La palma de la tristeza mi guitarra quebró
en la mano de los sueños.
Pasaron en silencio las canciones de amor
entre las flores marchitas del otoño
y se desvanecieron en la quietud del dolor
como el eco del pájaro cantor.
¡Deja esas sonrientes canciones,
pequeño gorrión!
que mi vida se ha habituado a la melodía del dolor
por un tiempo que ya pasó;
quizás suscite este canto el gemido de las cuerdas
en el silencio del corazón.














Querer vivir


Cuando el pueblo un día quiera vivir
será necesario que responda el destino,
será necesario que se disipe la noche,
será necesario que se rompan las cadenas.
Quien no acepte el anhelo de vivir
se evaporará en el aire de la vida.
¡Malhaya aquel que la vida no privó
de la bofetada de la nada victoriosa!
Así me dijeron todas las cosas creadas
así me hablo su alma escondida.


Rugió el viento entre los desfiladeros,
en la cumbre de las montañas, bajo los árboles:
-Cuando me lanzo a un objetivo
cabalgo en el deseo y olvido la prudencia:
no esquivo la dureza de los senderos
ni la llama de fuego incandescente.
Quien no gusta escalar montañas
vive siempre en agujeros..
-¡Madre!¿Odias a los hombres?-
pregunté a la tierra y ella me respondió:
-Bendigo a los ambiciosos
y a quienes gustan afrontar el peligro.
Maldigo a quien no avanza con el tiempo
y se contenta en vivir como las piedras.


El Universo está vivo, ama la vida,
desprecia a los muertos, por grandes que sean.
El horizonte no se cubre con pájaros muertos
ni la abejas besan las flores marchitas.
Si no fuera por mi amoroso corazón de madre
no se cerrarían las fosas de aquellos muertos.
¡Mahhaya a quien la vida no privó
de la maldición de la nada victoriosa!


Versión de Leonor Martínez Marín, Web Islam