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domingo, 18 de marzo de 2012

6395.- RITA ANN HIGGINS

Rita Ann Higgins, (Galway, 1955), poeta irlandesa y dramaturga , nacida en 1955.


POESÍA:
Goddess on the Mervue Bus, 1986
Witch in the Bushes, 1988
Goddess and Witch, 1990
Philomena's Revenge, 1992
Higher Purchase, 1996
Sunny Side Plucked, 1996
An Awful Racket, 2001
Throw in the Vowels:New & Selected Poems, 2005
Ireland Is Changing Mother, 2011












La visionaria


La mujer en la tienda de caramelos
se está convirtiendo en su madre.
Tan sólo la semana pasada
era joven
cuando charlar de bodas
y empapelados y heladeras nuevas
y un pequeño departamento en la ciudad era la charla toda.


Luego sólo Dios sabe por qué
él tomó un micro que nunca se detuvo
y ella fue abandonada
con la vergüenza del empapelado
de no tener ningún fruto en su vientre
a quien pudiera comprarle
zoquetes blancos.


El cansancio de su madre
creció en ella
su manera de ser
su gracias a Dios.


Cuando hizo cuentas
usó las gafas de su madre.
Bromeó al respecto
"cuál es la diferencia
acaso no tenemos yo y mamá
la misma vista de todas formas
acaso las dos no vemos bien de lejos"


Irlandesas, selección, traducción y prólogo de Leonor Silvestri, 
editorial Bajo la Luna, Buenos Aires, 2011








The Visionary


The woman in the sweet shop
is turning into the mother.
Only the other week
she was young
when talk of weddings
and wallpaper and new fridges
an a small flat in the town was all talk.


Then for God knows why
he took a bus thar never stopped
and she was left
with the wallpaper shame
of not having any fruit in her womb
that she might buy
white socks for.


Her mother's tiredness
grew into her
her mannerims
her thanks be to Gods.


When she totted up the numbers
She used her mother's glasses.
Sje koked abput it
"sure what differ does it make
haven't me and mammy
the same vision anyway
aren't we both far sighted"












Alguna gente


Para Eoin


Alguna gente sabe que es,


que te digan conchuda delante de sus hijos
no tener plata para el alquiler
no tener plata para la luz
no tener plata para los libros de la escuela
esperar en la sala de espera de la oficina municipal de desempleo 
llena de humo
esperar dos años para que te revisen los dientes
esperar otros dos años para que te saquen un diente 
(el mismo diente)
estar semi-estrangulada por tus várices, pero sos
la número 198 de la lista
practicar con una banana cómo usar el teléfono para obtener 
un trabajo
practicar con una banana cómo usar el teléfono para obtener 
un trabajo de tus sueños
estar sin trabajo
estar sin dinero
no estar a la moda
no tener amigos
estar para el señor de la caridad
estar en el espacio exterior cuando le lechero viene
(perdón, mi mamá no está hoy, se fue a Marte el fin de semana)
estar en Puerto Rico cuando el cobrador viene
estar en Puerto Rico cuando el cobrador venga la semana entrante
estar muerta cuando viene el hombre que vende el carbón
(perdón mi mamá falleció mientras dormía, por sobredosis de carbón
en su tetera)
estar inconciente en el hospital cuando vienen a cobrar el alquiler
(Hospital St. Judes cuarto piso)
ser de segunda mano
ser de segunda
no tener clase
ser depreciada
ser caminada
ser humillada
ser callada la boca


y otra gente no.


Sus ies estaban vacias


Lo único que me gustaba
de mi padre
era su letra.


Sus enes eran esbeltas y mezquinas
tenían una gran ciudad nunca vista
escrita sobre todas ellas.


Sus erres se convertian en guardianes de secretos
ni robaban ni debían nada
al azar o al diseño.


Sus enes están ahora en ninguna parte
pero han viajado
a través continentes
de aislamiento y remordimiento.


Sus emes eran memorables
su madre era libre,
murió antes de que pudiera
cantarle una canción de cuna.
Sus emes ahora mías para tomar o abandonar,
tomé un abandono y perdí.


La columna de sus kas
eran centinelas erguidos-
una vez osito de peluche sabio
ahora hombre de rincón solitario.
Los guardianes de historia,
los abrigos de piedra.


Sus ges estaban quebrantadas y cruzadas,
gruñendo como los chuchos de Leitir Móir
en los medios dias de invierno que engañan.


Sus ojos estaban vacíos,
excepto por ese abismo de anhelo
que se abría de par en par entre las sílabas,
haciendo del contacto una cavidad
de lenguaje nunca alcanzado.