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lunes, 19 de marzo de 2012

6414.- VLADISLAV JODASEVICH


Vladislav Felitsianovich Jodasevich, poeta, crítico literario y traductor, nació en Moscú el 16 de mayo de 1886 y murió de tuberculosis a los 53 años en París, en junio de 1939.
En 1922 emigró a Berlín, y luego a París con su esposa, la escritora Nina Berberova.
Su poética estaba orientada y conectada con la poética y la estética de A. Pushkin, G. Derzhavin, F. Tiutchev, K. Sluchevsky y de A. Fet.
En sus anotaciones biográficas admitió que había llegado tarde al florecimiento del simbolismo, mientras que la estética del acmeísmo quedaba lejos, y el futurismo era categóricamente inaceptable.
Evgueniy Evtushenko escribió sobre Jodasevich: todos le temían a su pluma crítica. Era despiadado. Fue muy duro con Maiakovsky hasta después de su suicidio. Pero era muy agradecido con sus amigos. Antes de morir publicó "Necrópolis", uno de los mejores libros de memorias de la literatura rusa.




En la calle estaba medio oscuro...


En la calle estaba medio oscuro.
El brillo de la luz en la cortina ondeó.
La ventana golpeaba bajo el muro,
La sombra veloz de la pared huyó.


Feliz quien de cabeza hacia abajo cae:
Por un segundo para él el mundo es otro.


1922










¡Amigos, amigos! Quizás, pronto...


¡Amigos, amigos! Quizás, pronto,
No en sueños, sino en realidad,
De súbito cortaré el hilo
De las conversaciones vacías.


Obedeceré sólo el sonido
Del alma, que sin cesar canta,
Levantaré las manos al aire
Con la flor que en ellas crepita.


Yo miro y descubro
Un mundo, un camino de flores,
Si ustedes están de acuerdo
Juntos lo podemos cruzar.


1921




Traducción de Jorge Bustamante García
Golpe de Dados. Revista de Poesía. Número CLXVIII, 
Volumen XXVIII, "Poesía rusa del Siglo de Plata", Bogotá, noviembre/diciembre de 2000








No llamo y no espero invitados 
pero encendí las velas altas
y por la ventana miro el este,
esperando la estrella grande.


Encendí las velas altas,
puse la comida sobre la paja,
El plato de kutya* y la bebida de miel, 
y me emborracho y bebo solo.


Habiendo puesto la comida sobre la paja,
paso mi tarde,
cumpliendo el plazo
en este infierno silencioso y claro.


1918



* Kutya es un plato conmemorativo, hecho de cereales o arroz, se lleva a la iglesia y al cementerio o se distribuye entre vecinos y mendigos con motivo de la misa por las almas.








No imiten al muerto
como imitan al poeta
V. Jodasevich




FANTASMAS


Los escucho y los veo
en los vagones del tranvía, en los teatros, en las oficinas
y en casa, en la hora inspirada,
junto a las cortinas movidas.
Ustedes se mezclaron con la multitud,
van y vienen, cerca de los faroles,
allá, donde el diariero grita las nuevas desgracias de Rusia.








EN PRIMAVERA


En el bullicio de la calle, en el grito furioso de los vagones,
en el rechinar de las herraduras afiladas del caballo,
el corazón esta mareado como la canoa de Orión,
el corazón está inmóvil, como la luna entre las nubes.
Cerca de la pared balbucea un mendigo,
los hielos desprendidos de los techos resuenan en las tuberías...
El corazón es peligroso como un relámpago esférico, -
cuidadoso, atento, y silencioso como un ratón.








EL CREPÚSCULO


La nieve se amontonó. Todo se calma, ensordece.
Una casa desierta se extiende a lo largo del callejón.
Una persona camina. Apuñalarla con un cuchillo -
Se arrimará a la cerca y no dirá nada.
Después bajará y se acostará cara abajo.
Y la respiración nívea del viento,
y el humo apenas perceptible de la tarde -
los precursores de la tranquilidad hermosa -
con soltura se marearán sobre él.
Y las personas acudirán corriendo como hormigas negras,
de las calles, de los patios, y se pararán entre nosotros.
Preguntarán, por qué y cómo lo maté,-
nadie comprenderá cuánto lo he querido.








Por la noche en la ciudad
el silencio se forma
del ladrido del perro,
del olor de las hojas mojadas
y del rechinamiento lejano de los vagones mercantiles.
Es tarde. Mi hija duerme,
con la cabeza sobre el mantel
cerca del samovar ya enfriado.
¡Pobre niña! Ella no tiene madre.
Es hora de tomarla en brazos
y llevarla a la cama,
pero no me muevo,
no fumo,
para no estropear el silencio, -
y también porque soy poeta.
Esto significa que en realidad
no existe ni el samovar, ni la hija,
solamente hay una perplejidad grande,
que se llama: "mundo".
Y el mundo me quita todo el tiempo


TRADUCIDOS POR NATALIA LITVINOVA