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jueves, 22 de marzo de 2012

6431.- ALBERTO CHESSA


Alberto Chessa (Murcia, 1976) es licenciado en Filología Hispánica y diplomado en Cinematografía y Artes Audiovisuales. Compagina su trabajo como gestor y periodista cultural en diversas entidades con su dedicación a la escritura y la realización cinematográfica. Ha dirigido varios cortometrajes y el documental Alfabeto Angelopoulos (Círculo de Bellas Artes, 2012) sobre la figura y la obra del cineasta ateniense. Con su primer libro de poemas, La osamenta (Madrid, Rialp, 2011), consiguió el Accésit del Premio Adonáis 2010. Tiene también un segundo poemario, en la radiografía apareció LA PIEL, aún inédito.



De La osamenta (Rialp, 2011):




DE NOCHE


De noche,
Cuando todas las luces han cesado,
Me asomo para comprobar
Que en las casas de enfrente
Hay siempre iluminadas tres o cuatro ventanas.
Observo de reojo, como en teatro de sombras,
Siluetas de otras vidas
Carentes de atractivo y atributo mayor.
A veces les construyo diálogos imposibles,
Alguna riña destemplada,
Algún verso de amor redondeado
Por el haz que desprende a pocos metros
El aparato de televisión.
Y aunque sé que no es cierto,
Acabo dando vueltas en la cama
Pensando
Que ellos sí son felices








UNA PINTADA


En Prístina, al acabar la guerra,
Mirveta había cumplido 20 años
Y acababa de dar a luz.
Agarró su bebé. Lo miró fijamente.
Lloró mientras le acariciaba el rostro.
La matrona escuchó el crujir de la nuca
Cuando Mirveta lo apretó
Contra su pecho. No podía
Volver a ver la cara del violador impune.
Ese soldado es hoy padre ejemplar,
Marido complaciente. Ocupa un puesto
En pública administración.
En Sarajevo, al acabar la guerra,
Alguien pintó en un muro:
¿Hasta cuándo terminará la guerra








TARDE DE MAYO


La tarde se hace hueco entre las buganvillas
Y estos ojos que brincan
Con la danza bacante de vencejos.
Hay espacio también para la noche.
Suena el teléfono. Mi hijo
No juega en la terraza
Porque no ha nacido.
Soy en la tarde el verso de otro hombre








HOY COMO AYER


¿Dónde está mi caballo?
Tal vez pensar que lo he perdido
Pero cuándo lo tuve.
Como la luna yo también decrezco.
Cada verso que trazo no es sino el último
De los eternos puntos suspensivos.
Y otros días me soy tan diminuto
Que no llego siquiera a los espejos.
¿Dónde está mi caballo?
Mi vida se entregolfa con la luna.
Mi cuerpo es un inmenso socavón
Vacío en sus paredes y lleno de nostalgias.
¿Lo que se vive al cabo
Es sólo lo que se recuerda?
Poca cosa es un cuerpo en madrugada
Y menos aún un alma sin su cuerpo.
¿Dónde está mi caballo?
Para ser uno mismo hay que vengarse
De todos los que no hemos sido.
Conocerán por ello mejor lo que leí
Que a lo que di mi nombre.
Como la luna yo también decrezco.
Como la luna soy a veces
El plagio de mí mismo.
¿Dónde está mi caballo








De en la radiografía apareció LA PIEL (inédito):


MANUSCRITO DEL MAR MENOR


(fragmentos)


Los días de resaca me asaltan las preposiciones.
Leo los titulares de la prensa y sólo anclan en mi vista,
Con vocación nasal impertinente y un leve deje serial killer,
Un ante y un según, un por y un contra.
Para acabar con el juicio de dios -que diría Artaud- o de uno mismo
Lo primero y fundamental es acabar con las preposiciones,
Y si hay suerte, sólo si hay suerte,
Acabaremos luego con los gestos que nunca se detienen en el espejo,
Y así hasta encontrarnos un día ineludiblemente emparentados 
con las moscas.
Los días de resaca me asomo al socavón que me queda por cuerpo
Y mis ojos (sin, so, según) me brillan más verdiazules que nunca 
porque han acabado con el juicio de dios: ojos brillantes por el placer 
de la intuición, por haber intuido ya su ausencia, su propia ausencia.
Me ha engordado la cara. Mientras dormía me ha engordado la cara, y 
temo ser un hombre todo cara, sin ojos, sin juicio y sin preposiciones. 
Un hombrecara, carombre, con pómulos en ristre y una papada-globo 
en la que dar la vuelta al mundo en día y medio...
Tras, tras, ¿tras qué?, ¿tras tú?, ¿tras de ti? El aire de la habitación 
recoge, absorbe, contiene todas las palabras que escribo.
¿A quién llamamos cuando decimos nuestros nombres? Nunca seré 
Alberto de Chessa, eso está claro.
In vino veritas. Que diga: in nomen omen.
Nadie gana, el Diablo nunca pierde...




---


Lo que yo hubiera dado, como Luke Skywalker,
Por luchar con mi padre sin saberlo.
...No: yo sí lo sabía.
No me hizo falta que una voz metálica
Me dijese: Yo soy tu padre.
Yo luché siempre como Triohska dentro
De Matrioshka, y aún hoy acabo exhausto,
Herido de mí mismo, ajusticiado
Por mi sed de justicia. Y aún hoy,
Con treintaycinco años, después de cada lance,
Levanto a los caídos, admirado
De encontrar tras los brazos unas manos pequeñas.
Lucha, no disimules, sé quién eres.
Blandimos las espadas otra vez
Para sellar aquello que nos une.
Lucha, no disimules, no te escondas.
Elí, Elí, lemá sabaktaní.


Comprender la memoria de mi voz,
El asma de la vida.
Aceptar que mi rostro es cada vez
El completable mapa que conduce a los antepasados.
Tan sólo una manera de acabar con la noche:
Deletreándola. Lo mismo que una fruta tropical
O que la isla de Trinidad y Tobago. Avíos
De un viaje entonces infinito.
Baila la Danza, el Diablo nunca pierde...




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Han derribado un muro enfrente de mi casa.
Ayer por la mañana me despertó el estruendo.
Me asomé, como quien se asoma
A un recuerdo imprevisto, y no vi muro alguno.
Seguía oyendo cada golpe,
El crepitar de la argamasa
Cuando deviene cera derretida,
La piedra hecha jirones
Como ropa o ceniza amontonada
Y a punto de engordar la piel del aire.
Todo lo oía pero sólo oía.
Ningún muro, ningún escombro vi.
Y sé que estaba enfrente de mi casa.
Mi amor: ya sólo soy la sombra
Del sueño de una sombra.
Mi casa es el camino -te lo dije- de vuelta a casa.
Mi casa eres tú, porque tú eres el regreso de todos los caminos,
El camino de todos los regresos,
El perro que uno cuida -lo dijo Reich- para poder ser también su amo.
Quise vivir en carne propia tu vida entera, cuerda a cuerda, sin otra tiranía.
Mal hecho. Mis disculpas.
Detrás de dos amantes hay otros dos amantes esperando su turno.
...Es todo tan real que parece mentira.
Baila la Danza del Diablo Verde...




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EL PESCADOR
(fragmento)


(…)La piel, la piel es todo: recuerdo y agonía,
Tiovivo del instante, vidrio de soledad,
Orina, sangre, hueso, vergüenza y heroísmo,
Corazón desventrado, lenguaje sin techumbre,
Besana de sí misma, la victoria y su fin.
En la radiografía apareció la piel.
Y ahora yo me siento abrigado por todas
Las pieles que en mi vida han sido, todas, todas:
La del vecino, el gato, la caña de pescar.
Veo venir de lejos a dos desconocidos
Y ya me están cubriendo con su sombra de piel.
Vivir sólo una vida es morir tantas veces
Como vidas malogras. Lo saben las cigarras.
Lo sabe el faro insomne que a vueltas te interpela.
El faro no columbra las naves; son las naves
Las que avistan el faro antes de los naufragios.
Todos mis pensamientos se enriscan esta tarde
En la orilla escarpada. Todo mi ser se enyesca,
Como la malvasía al danzar de la copa.
Pronto saborearé el limón de la noche.
Le cambio mis zapatos a quien me traiga un remo,
O a quien me hable humanamente como a una higuera.
¿Qué mar quiere en su orilla un menhir de silencio?
Para habitar un templo primero hay que vaciarlo.
¿Es mía esta cicatriz o sólo grave herencia?
¿Por qué se escribe igual la herencia que la herida?
Siempre quise aprender a tocar la guitarra
Para no ser el más borracho de las fiestas.
El Mar Menor se busca en el Mediterráneo
Pero es éste, el Mayor, quien se encuentra en aquél.
El suelo de mi casa es todo ya salitre.
Ya no sé si a mi casa voy o vuelvo (¿dónde es?).
¿Qué hacer cuando tu casa acabó traicionando
Los últimos secretos? Despierto mineral,
Auscultado por torvas miradas microscópicas.
Escucho cómo el día allana mis estancias,
Se pavonea con mi ropa, usa mi baño,
Acaba dando forma a lo que yo dejé
Malescrito de noche. Resbala por las páginas
Como gota en madera, desnudo de madera.
Es el día el que quiere ser forma, pedestal,
Chimenea prendida, tener la edad que apruebo,
A la vez que yo vuelvo adonde nunca huí:
Esta orilla pequeña donde espero y me arrugo (…)