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domingo, 25 de marzo de 2012

6444.- NURIT ZARCHI

Nurit Zarchi (nacida en Jerusalén en 1941) es una poeta israelí que escribe también libros para niños. Huérfana a temprana edad (su padre fue el escritor Israel Zarchi) se crió en el kibutz Geva. Completó estudios de psicología en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Obtiene asimismo un título en literatura y filosofía en la Universidad de Tel Aviv.
Zarchi ha publicado muchos poemas en periódicos destinados al público infantil. Ha sido periodista del diario Yedioth Ahronoth. Ha publicado más de cien libros de literatura infantil, poesía, prosa e investigación. Obtuvo muchas y prestigiosas distinciones por su obra, entre ellas el Premio Bialik de poesía. En español existe una traducción de su libro para niños "Quiero vender a mi hermana".





Maridos


Me pasan facturas
por no haber sido feliz
y siempre me sorprenden con su verborragia.


Me reclaman recibos por mi destino
y me hacen pensar que,
por culpa de mi gata,
vivimos en la ciudad equivocada.


En tiempos de conflictos internacionales
me mandan con mi mamá.
Como si el hecho de ser yo misma madre
fuera una ilusión.


Algunos de ellos me ofrecen las tortas
que yo misma horneé y me piden que les agradezca
el haber inventado la electricidad, el invierno y la mermelada.
El que no me guste la mermelada no importa;
pues de cualquier manera ellos editan mis memorias.


En el fondo de sus corazones sospechan
que poseo acciones bursátiles
(sólo que no tiendo a compartir).
Siempre que les ofrezco mis pobres dones de prestado
están demasiado cansados
o sumamente preocupados por mis proporciones correctas.


Pronuncian la palabra “narcisismo” con ojos entornardos,
como quien fuma un narguila.
Murmuran a mi paso con disgusto
como quien tranca súbitamente una ventana
ante un insecto o una corriente.
Para cuando se me pasó el susto
entendí que se referían a mi necesidad de aire.


Cuando se van, dejan el vacío de sus tazas
y como contrapartida tienden a llevarse mi diccionario.
Se internan en lo profundo de sus vidas,
como el continente en el mar holandés
y me dejan sin sintaxis con la que pueda
poner en marcha mi dolor.


Traducción: Gerardo Lewin










De mañana los cepillos de dientes me contemplan


De mañana los cepillos de dientes me contemplan
como niños que despiertan en un hogar desconocido.
Abandonada piel de vestimentas, aves que fueron vaciadas de su vuelo.


Ninguna civilización luchó de tal manera con la muerte,
extremando detalles al grado de asuntos oficiales:
la huella de aire que dejó tu maltrecha sandalia,
el hueco de tu rostro en la almohada.


La vida eterna no comienza al nacer,
es consecuencia de la sumisión a complicadas reglas.
Incluso el sol no es sino un reflejo entre el día y la noche
y no lo llamen a su domicilio.


Para la voz del caracol del corazón que busca adormilarse
la casa se aproxima a la cocina,
busca consuelo en ese vaso que sobre la mesa abandonaste:
innegable vestigio del “había una vez...”


¿Qué dijo la cama, que atesora temblores del amor?
¿Qué es ese susurro? Ven y aférrate a mí,
que soy escultura del aire.


Traducción: Gerardo Lewin