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domingo, 25 de marzo de 2012

6497.- NÉSTOR JOSÉ MENDOZA



NÉSTOR JOSÉ MENDOZA
Poeta y ensayista venezolano (Maracay, 1985). Licenciado en educación, mención lengua y literatura, en la Universidad de Carabobo (UC). Ha publicado el poemario Ombligo para esta noche (2007). Colabora en el suplemento literario Contenido del diario El Periodiquito, de Maracay. Miembro del Taller Literario Hojas Sueltas de Mariara, Carabobo. Coeditor de la revista El Alimento Diario del mismo grupo. Actualmente cursa la Maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL), de Maracay. Reside en Mariara.
Ha publicado un poemario titulado Ombligo para esta noche (2007) y la plaquette Piedra de arenisca (2011). Colabora en las páginas culturales de los diarios El Periodiquito y La Costa. Forma parte del consejo editorial de la revista Poesía (UC). Sus poemas han aparecido en las revistas Sol Negro (Perú), Los poetas del 5 (Chile), Poesía (Venezuela) y Alhucema (España).
En el 2011, su poemario Andamios recibió el primer lugar en el IV Premio Nacional Universitario de Literatura. Mantiene, desde el 2010, el blog Lezámico (nestor-mendoza.blogspot.com). Actualmente cursa una maestría en Literatura Latinoamericana (Upel-Maracay).



I


Quedamos abiertos
desde la culpa
hasta la boca.


Un detonar de ojos en este epitafio
para descansar al lado del otro.


La gran vara no puede medirnos,
somos la altura del árbol no descubierto.






PODÁLICO


a Griselda


Estoy tan a gusto
nadando este líquido
prestado por mi madre.


A mi lado crece mi hermana.
Una misma bolsa
un mismo cordón
para ahorcarnos en esta complicidad.
Mi corazón aún está crudo,
el de mi hermana palpita su sangre
mejor que la mía.
Dios - o tal vez alguien más-
quiso que su frente mirara de cerca
el pubis de mi madre, y yo, el hígado.
Mi acompañante posee
ojos diferentes a los míos;
una mejor espina para su carne,
menos sal en sus lágrimas.


En este saco compartido,
mirándole los pies,
saboreo el agua que nos penetra
por el ombligo.






CIMA VS SIMA


Una simple letra determina
la profundidad;
que ascendamos libremente
rumbo al azul de dios
o que seamos transeúntes
del fuego.
Una simple consonante,
al parecer inofensiva
nos ama en el descenso
y nos odia en el suelo.
C-I-M-A:
Allí se acumulan las nubes
en el octavo piso,
allí los besos están compuestos
-al igual que dios-
de oxígeno, nitrógeno y argón.
S-I-M-A:
Allá cada quien es dueño
de su infarto.
Despeñaderos, caídas libres,
acantilados, barrancos, edificios.
Es maravilloso el silencio
mientras caemos,
allá el asfalto es líquido
y nadamos.






MUERTE


Cada músculo aprende
desde la infancia su descomposición.


Entre cada tejido la lombriz
hace su trabajo:
alimenta hasta engordar la carne
para estar a punto el día del festín.


Muerte tras muerte, de manera sucesiva,
la lombriz prepara lo que será una gran cicatriz.
Herida y sutura aparecen al mismo tiempo.
-No se oponen, son hermanas-


Es, sin duda, una hermosa lombriz sin cola,
ondulante.
Se parece a mí, pero no tiene miedo.
Cuando lloramos, es ella quien dictamina la sal.


No somos más que un débil saco
de sangre y huesos.
Un parpadeo, un orgasmo.
Y esa lombriz lo sabe.
Es muy puntual, llega antes de las 7:00 a.m.
Saluda amablemente a la carne que pudrirá.








PADRE


a Néstor Antonio


Padre, todos los días encuentro
piedras pulidas con tu nombre en mi bolsillo.
Tienen tus canas, volumen y dureza.
Desde hace años las encuentro fielmente,
pero nunca te había dicho.
Me sentía diminuto, mentira.
No te culpo por obligarme a mirar
las piernas del rocío antes de tiempo.
Te veo limpiar las aceras y los templos,
recoger las hojas del patio.
Dentro de tu dureza hay espuma y azúcar,
un miedo retorciéndose.
No te preocupes, prometo tender mi cama.
Tú no lo sabes, pero he inventariado tus ojos,
el brillo que tiembla dentro de ellos,
durante el día.










• Tres poemas del libro Andamios:





PRIMITIVO


Habito una cueva que abre la boca
todos los días para albergar mi carne.
Afuera, existe un hogar más espacioso,
poblado de criaturas con dientes
y cuellos interminables,
escasos árboles y mucha sed.
Todos ellos me hacen sentir
un pedazo excesivo del paisaje.


En ocasiones, mis ideas van más allá
de la sobrevivencia y el instinto.
Más allá del acostumbrado acto
de cazar, degollar y deshuesar,
de recoger agua en esta olla
que inventé hace cuatro soles.


Mi hogar es infinito y debe haber
alguien que haya inventado
el tamaño de las piedras
y el color de los animales.


Sólo me limitaré a reconocer
un dios para cada cosa que vea.
A temerle a la noche.
A nombrar cada descubrimiento.






FRAGILIDAD


En momentos de ocio
tocas tu espalda. Es tan débil
la columna, esa culebra vertical
que permanece quieta
siempre, anudando tu cabeza
a la pelvis.


A veces sueñas que alguien
te da un golpe allí,
un golpe seco y preciso,
y mueres
sin darte cuenta.


A veces una mujer la recorre
con sus dedos
y simula que camina
a través de ellos.


Revisas las uñas, te sorprende
la media luna que brota desde la raíz;
las venas que trasladan sangre
sin descanso.


Qué fácil se le hace al cuerpo
trabajar en silencio, sostener
todos los órganos.


El cuerpo está hecho
para no durar,
para tocar y ser tocado.






EVA


Detalla la circunferencia irregular
de la fruta y la confunde
con el corazón de su hombre.


Piensa que la nervadura de la hoja
es una arteria del Creador.
Quita el verde que disimula el pubis.
El peso de la hoja
interrumpe el sonido del aire;
su hombre la observa:
descubre una herida nueva
en forma vertical.


Sus ojos pierden la primera inocencia; ahora,
sus pieles se calientan mutuamente
para espantar el miedo.


Aparece el legado del desarraigo.