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domingo, 25 de marzo de 2012

6503.- DANIEL AMAYO MAGALLANES

Daniel Enrique Amayo Magallanes (Lima, Perú, 1980) estudió literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM). En el 2003, ocupó el tercer puesto en el II Concurso Bienal de Poesía Homenaje a César Moro, organizado por la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la UNMSM. Publicó en el 2006 el poemario “Serthea”. Actualmente se desempeña como miembro del comité editorial de la Revista de Literatura Tinta Expresa.






DOCTOR


Doctor
estoy triste
porque la ausencia me desordena el alma


desgasto la pintura del techo
con mis pensamientos
mientras alimento una impotencia
de uñas y dedos
incluso.


No importa ya ningún ruido
de agua constante sobre la bañera
de lapicero mudo sobre el papel
nada es ni será desde hoy
sino tristeza


aquel extraño peso en la garganta
y el silencio en la boca del estómago
que causa Chopin con sus Noches
o Vallejo en sus huesos.


Ya ningún café mirando hacia el olvido
o parques con pájaros como tus párpados
sólo la mortuoria blancura de la hojas
y el mutismo de mis manos
sobre el escritorio
de impersonal presencia.


Doctor
hoy me cubre la tristeza












POR OBRA Y GRACIAS...


Por obra y gracia del
Espíritu de Sangre
Serthea fue creada
de barro y aire
como todos
pero también de fuego
alejándose
de
las mujercillas ambiguas
con senos como globos de fiesta
y un feliz cumpleaños entre los ojos.


Feliz cumpleaños
a aquellos que remojan su vientre
sobre charcos de paja y resorte oxidado
entre un viscoso olor a papel moneda.


Yo prefiero el calor de
la sangre de Serthea
que humedece mis dedos
en las almohadas llenas
de su espalda.


Con ella no hay silbatos de colores
ni pequeños bocados artificiales
sólo el silencio de su sexo caracola
el banquete agridulce de sus piernas
y el sordo ritual del 7mo día:


descansar sobre la hierba
desnuda
húmeda
con las gargantas
saboreando
la lluvia de
nuestros simultáneos cuerpos.




 



TE DESEO EN ROJO


Te deseo en rojo
sobre la estimulante mecedora
al borde de la escalerilla.


El sonido sordo del mundo
el viento
las hojas poblando el terral como yunques
a un lado de la línea caminada.


Cuando el último sol abraza tus párpados
y un tenue vaho besa tu cintura
tus pechos de lúcuma
el suspiro abierto y prolongado
permite la percepción del silencio.


Allí
descubro que soy Yo el que
entra en el crepúsculo
y formo parte de aquellos
que rodearon tus órganos con los dientes


(coro infinito de animales en extinción)


Mi voz
se pierde
irreconocible
entre el murmullo apagado de tus tres tiempos.


"Morituri te salutan"


Te saludamos antes del final
con tu sonrisa disimulada
que abarca nuestro cuerpo
de pasado.


Y ya no soy Yo
sino Todos Nosostros
aguardando en la arena
la llegada del próximo
que se fundirá entre tus
recuerdos.








ATLAS IN LOVE


Noche a noche
mis espaldas recobran su forma


cuello erguido
mirada plena
horizonte


Serthea mágica
difumina mi condena con solo sus ojos
ola a ola
detiene las estrellas con su océano
mientras sus dedos
parchan los hombros desgarrados por las nubes.


Mi rostro jamás se colmará
de las lejanías que me concede
cuando nace la luna.


La noche ha sido tan corta
desde que mis pestañas abandonaron
su constante tendencia al suelo.




EL CALOR

El calor nos hizo concientes de nuestros cuerpos; pero, aún así, tu mano difuminó mi piel por toda la cama y mi tinta (negra como la noche, como tu cabello, como tus ojos en cada acto) marcó tu silueta de pez o gaviota, de mar, a lo largo del suelo.

Ahora casi no lo recordamos. Fotografías desenfocadas, revelación relampagueante. Yo no sé ya de tus brazos o tus muslos, sólo sé de la rojez de tu vientre en mis pupilas quemantes, de la mirada al sol con los ojos cerrados.

Si bien las noches siguen siendo oscuro líquido que baña mis hombros, las mañanas se han convertido en indescifrable solución de crepúsculos que carcome poco a poco la punta de mis dedos. A pesar de ello, mi cuerpo sigue despierto con el dolor del óxido en los huesos.

Es necesario imaginar la estatua de bronce, verde y de forma irreconocible, donde tus labios esculpieron mi rostro, para saber de lo corrosiva que puede ser la soledad.









QUIERO JUGAR A SER


Quiero jugar a ser
pasado
no hoy ni dentro de un rato
sino inmediatamente ayer.


Quiero burlar los monstruos
en el lado oscuro de mi pantalla
y correr
hasta que todo sea plástico
de verde globo o elásticas pelotas.


Madre dijo que no demoraría
pero el hoy se vuelve supremo
cataclísmico
llanto que
desgarra
el verso
y los dedos sólo gotean
la repetición cortada de otro
que en el cubo celdaoscura
acariciaba el pasado.


Quiero jugar
besar o desangrar el entonces
aunque me huya
como cenagoso segundo entre las manos.


Difícil saborear el viento
al vuelo


aún con redes de líneas y tintas
tan sólo tomar el reloj de pared
y jugar a que un antes
se disponga rozarnos el cuello.