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sábado, 14 de abril de 2012

6662.- LUCIANO GRACIA BAILO




LUCIANO GRACIA BAILO
(Cuarte de Huerva, Zaragoza, 1917 - Zaragoza, 1986). Poeta, fundador de la revista «Poemas» (con Guillermo Gúdel) y de la colección de libros poéticos de igual nombre. Participó también en la colección «Fuendetodos» y fue miembro del grupo poético Niké.

Amor y muerte son temas predominantes de sus obras, que van desde una inicial preocupación social, que nunca abandona, a una mayor pureza y hondura expresivas, y desde el vitalismo desbordado a un tono más desengañado y lírico, pero siempre desde la sinceridad de una voz que surge de la emoción ante las cosas. Su primer libro Como una profecía, totalmente amoroso, fue premio del Certamen «Amantes de Teruel» 1967. Tras Hablan los días (1969), publicado en «Fuendetodos», que supone su incursión en lo social, publicaría Vértice de la sangre, Premio San Jorge 1974, expresivo de esa poesía a borbotones, a golpes de corazón, que caracteriza su poética, donde lo social trasciende a lo íntimo, con una poderosa presencia del paisaje y de la tierra. Con Creciendo en soledad (Puyal, 1978), el poeta se adentra en la angustia del hombre, en la indefensión frente a las fuerzas que le rodean, temática que prosigue en su último libro publicado, Poemas recobrados y Huellas de ceniza (Col. San Jorge, 1983).

Incluido en la Antología de la poesía aragonesa contemporánea (1978).



Va muriendo la tarde

Va muriendo la tarde. Sólo el milagro de vivir
purifica la sombra.

Cortinas fantasmales de cierzo estremecido
van poniendo en los ojos de la noche
abanicos de lluvia. Salas de tapices, sangrando
su leyenda, van soñando prodigios.

Van abriendo al poema
su piedra de marfil. Esa piedra sonámbula
que niega la memoria
a muertos que deliran sin sonido
y llamea, con luz inapresable,
en la voz del poeta.

Paletadas de sol reverdecen la calma
de las hojas, aladas del otoño.

Cuánto fuego dormido
en la piel del crepúsculo.
Cuántos hombres soñando en el camino
y ungidos de tristeza
se axfisian reflejados en el agua.

Va muriendo la tarde. Sólo el milagro de vivir
purifica la sombra.
Purifica los ríos de la sangre. Purifica
el misterio
de la imagen borrosa de la muerte.

(Del poemario Huellas de Ceniza 1978-1982, Zaragoza, I.F.C. 1982)





CADA VERSO

Cada verso que vivo
es la herida de España que me duele
y me enciende la sangre.

Un cambiarme la piel por la palabra
que me nace desnuda
y se abraza a la tierra.

Cada verso que vivo
es la lluvia que me turba y estremece
los glóbulos más rojos.

Un pedazo de lengua que se pudre
en su amargo poema.

Cada verso que vivo
es un himno a la vida
y un respeto a la muerte.

(Vértice de la sangre, Institución Fernando el Católico, Zaragoza, 1974)