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jueves, 19 de abril de 2012

6701.- JOSÉ EMILIO TALLARICO


José Emilio Tallarico nació en Buenos Aires en 1950. Su obra poética comprende Huésped y testigo, 1986; Siglonía, 1988; Ese espacio que tiembla, 1993; El arreo y la fuga, 2000; Andariveles, 2006; y Creés mirar lejos, 2011. Publicó artículos y poemas en varias revistas literarias del país. Fue traducido parcialmente al portugués, al catalán, al italiano y al neerlandés. Reside en su ciudad natal.





POETA EN ZONA ROJA

Noche loba de barrio, noche sobre la especie.
A paso de poeta entre tres travestidos
-permisito-, un Rolando diligente y discreto
va camino a casa.
Las rubias altas ven que no es ortiba ni cliente,
lo ven encorvadito, tan leve, nadie sabe
qué tiene aquel vecino.
Si conocieran el poema que será ley un día:
“quedáis a salvo y para siempre de la barbarie policial”
-dice así algún fragmento…
Ah, Rolando, en ese caso, ¿quién podría salvarte
de que te alcen como a un bebé, y te recompensen
con denso rouge vertiginoso, tus vecinas?






LOS MOTIVOS DEL GORDO

Desués de hablar de dietas,
de ensaladas vidriosas e inclementes,
de menudos sesudamente fileteados,
dijo el Dietólogo a sus gordos:
“No lo olviden, hagan el amor, y mucho”.

Claro, faltaba aquel antiguo postre,
mi fantasía de un Catulo grueso y ruin,
incapaz de contar
cuántos fueron los besos
que quemó en tu boca, Lesbia,
obsesionado en calorías.






AUTOMOVILISTA

Aquel señor apura su automóvil.
Liso, brillante,
su copiloto es un skyte de pibe;
atrás, plegado, lleva un sillón de ruedas.
-Jefe: ¿se sabe centro metafórico del viaje?
No. Un chirrido infernal y un raro esquive
le otorgan lejanía.
Allí va nuestro Edipo mejorado,
dejándonos el aguijón de inventar cárceles,
perros, testigos, su cuna y su tumba.






FULBITO Y CUMPLE

Los cartoneros juegan su picado nocturno en la plaza
(véanse los changuitos puestos de a pares, como postes).
Gritan, se agitan, resuena en la pelota
el seco reventón de un zapatazo.
Parece que hubo un gol, pero no, canturrean
“que los cumplas feliz, que los cumplas…”.
-Ahí nomás sacan el tetra- decís,
y ves que empiezan a abrazarse.
Reunidos, vociferando en un rincón de la canchita:
sus risas son como arabescos en la noche.






UNA ENTREVISTA DE TRABAJO

Yo quise traspasar el umbral de los cerdos.
Comí con ellos bajo el espíritu de las edades,
con la parte cautiva de mí,
con mis orígenes de pobre tipo fiel.
Fue inútil: la verdad, como una rosa fría,
sangró por mi boca.





EL REFLEJO

Esa enorme proliferación de cajas, cajitas,
perlas, ampollas, gotas, comprimidos,
con sus colores, sus letras gráciles, brillantes,
hasta un umbral de la retina llega
con lasitud desesperada.
Y en ese mismo mueble que reúne
tan tenebrosa ronda comercial
sorprendo mi reflejo.
He ahí un remanso de mi yo,
un emergente mío, si se quiere,
fisgón a sueldo de la cosa humana
en la fragua cabal de su hastío.
Cuello extendido, me observo frente a frente:
-“Doctor, poco sacro lo veo,
hay poca magia en esa azul disolución
que bordea sus hombros,
qué magro juego el suyo a favor de una luz
que a la vez lo atraviesa y lo estafa”.






EL GRAFFITI

Chorreante,
rústica insolencia de amores.
Plebeya es la pared
del callejón que atraviesa la noche.

(Los muchachos publican
su feroz discusión con la muerte.)