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viernes, 4 de mayo de 2012

6816.- FRANCISCO PÉREZ-MARICEVICH




FRANCISCO PÉREZ-MARICEVICH.   Ciudad de Asunción, URUGUAY 1937. Poeta, ensayista, narrador, periodista y crítico literario.Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Buenos Aires (1960) y profesor de literatura en varios institutos secundarios y universitarios de Asunción, Francisco Pérez-Maricevich ha contribuido también con importantes trabajos en el campo de la investigación del bilingüismo (español-guaraní) en su país.

De fecunda labor creativa y crítica, colabora regularmente en revistas, semanarios literarios y publicaciones especializadas nacionales y extranjeras.

Su obra poética incluye los poemarios AXIL (1960), PASO DE HOMBRE (1963), COPLAS (1970) Y LOS MUROS FUGITIVOS (1983).

En narrativa es autor de "EL CORONEL MIENTRAS AGONIZO" –relato ganador del concurso promovido en 1966 por Cuadernos (del Congreso por la Libertad de la Cultura) para la elección del mejor cuento paraguayo con destino a una antología hispanoamericana– así como de otras narraciones publicadas en diversos suplementos culturales y antologías literarias.

De posterior aparición es MEMORIA DE PASCUAL RUIZ (1998), su primer libro de cuentos.

De su copiosa bibliografía ensayística y crítica se destacan, en particular, sus trabajos sobre literatura paraguaya que incluyen, entre otros: LA POESÍA Y LA NARRATIVA EN EL PARAGUAY (1969), PEQUEÑO DICCIONARIO DE LITERATURA PARAGUAYA (1964-1969 y 1980; parte de este trabajo está aún inédito), BREVE ANTOLOGÍA DEL CUENTO PARAGUAYO (1969), LOS FUEGOS DE LA NOCHE (1985) –colección de mitos tupí-guaraníes y nivaclés–, PANORAMA DEL CUENTO PARAGUAYO (1988), MITOS INDÍGENAS DEL PARAGUAY (1996) Y MITOS Y LEYENDAS DEL PARAGUAY (1998).

(De: "ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA PARAGUAYA" / 3ra. Edición – Autora: TERESA MENDEZ-FAITH  , Editorial EL LECTOR, Asunción-Paraguay 2004 )

ALGUNAS OBRAS PUBLICADAS:

·         PARAGUAY,  IMAGEN ROMÁNTICA (1811-1853) / En coautoría con Arturo Nagy - Editorial del Centenario S.R.L., año 1969.

·         PROSA DE CIRCUNSTANCIA de FRANCISCO PÉREZ-MARICEVICH , Editado con el apoyo del FONDEC ** Editorial Arandurã, Asunción-Paraguay, Junio del 2008

OTRAS OBRAS DEL AUTOR:

·         “AXIL” (Poesía - 1960).-

·         “PASO DE HOMBRE”   (Poesía - 1963).-

·         “COPLAS” (Poesía - 1970).-

·         “LOS MUROS FUGITIVOS” (Poesía - 1983).-

·         “EL CORONEL MIENTRAS AGONIZO” (Obra narrativa).-

TRABAJOS SOBRE LITERATURA PARAGUAYA, ENTRE OTROS:

·         “LA POESÍA Y LA NARRATIVA EN EL PARAGUAY” (1969).-

·         “PEQUEÑO DICCIONARIO DE LITERATURA PARAGUAYA” (1964-1969 y 1980; parte de este trabajo está aún inédito).-

·         “BREVE ANTOLOGÍA DEL CUENTO PARAGUAYO” (1969).-

·         “LOS FUEGOS DE LA NOCHE” (1985) -mitos tupí-guaraníes y nivaclés.-

·         “PANORAMA DEL CUENTO PARAGUAYO” (1988).-





FRANCISCO PÉREZ-MARICEVICH es entre los poetas de la promoción de 1960 el de mayor cultura literaria y el crítico más agudo y riguroso. Fundador de la agrupación "Asedio", líder intelectual y editor de hermosos libritos raros como Historia de Nicolás Primero, Rey del Paraguay y Emperador de los Mamelucos o de folletos como Poesía y conciencia de la poesía en el Paraguay, encarna mejor que nadie al nuevo tipo de intelectual que ha surgido durante las últimas décadas en su país. Pérez-Maricevich, en efecto, es un escritor resuelto a dar a su labor artística una proyección universal, por una parte, y ansioso por otra, de entender e interpretar y dignificar la realidad local. De aquí la doble tensión de este escritor que aspira a estar al día en lo que mira a las grandes corrientes del pensamiento y del arte de su época y que, a la vez, se afana en aclararse qué ha sido, qué ha hecho, qué es y qué puede ser y hacer su país en el pensamiento y en el arte. El Pequeño Diccionario de Literatura Paraguaya, obra que en colaboración con Josefina Plá, Efraím Cardozo y otros el poeta crítico va publicando en entregas semanales en el periódico asunceno Comunidad, constituye un estimable esfuerzo de toma de conciencia de la cultura de su patria.

Por su formación intelectual y por la índole de sus preocupaciones y afanes, Pérez-Maricevich es un hispanoamericano moderno, nacionalista y universalista a la par, para quien su nación sólo cobra sentido y dignidad entendida, sentida y querida como arte de la gran familia humana y como llamada a un destino de realización de los altos valores del espíritu.

Ha publicado solamente dos libros de versos, Axil (1960) y Paso de hombre (1963), pero lo mejor de su poesía espera próxima edición.

En Axil se revela, a los veintitrés años, hábil artífice del lenguaje. Es un poemario Axil de versos violentos y desesperados al estilo de los de Blas de Otero, aunque de un hermetismo a veces impenetrable. Hay en él una exaltación retórica de que súbitamente se desprenderá tres años después, para ofrecernos, en Paso de hombre, una poesía desnuda y ascética, como atinadamente la define Josefina Plá:

La hoja verde. El mediodía
ardiendo.
¡Oh desnudez perfecta, el ser
luciente, el ser
henchido en lo pequeño!
Ya nada existe fuera
de esta diminuta
plenitud.
¡Oh, sílaba de Dios
moviéndose en el aire tembloroso!
Ya es
pura existencia clara,
ya es presencia
total
en su límite vivo, palpitante,
sosteniéndome, asiéndome,
y asilándome
en sí...



¡Isla de Dios cantando a mediodía!

En Axil el poeta estibaba sus poemas de alusiones, de comparaciones; cada verso estallaba como por exceso de gravidez representativa. Ahora, en el primer poema de Paso de hombre, elige de entre todos los seres y cosas del Universo, la minúscula realidad de una hoja verde. Y en ella descubre la plenitud del ser. ¡Qué poda en el árbol de la poesía de Pérez-Maricevich! El poemita -llamémoslo con un nombre que le queda justo aunque no suene bien— fenomenológico "reduce" el Universo a esa diminuta plenitud; pónela entre paréntesis, se desentiende de todo lo demás, y descubre en la hoja nada menos que lo más potente, sublime y creador: una sílaba de la palabra de Dios. Y esta sílaba de Dios se mueve, con no se sabe qué inquietud de aliento de Génesis, "en el aire tembloroso..."

Lo curioso es que el objeto de este "análisis" buscador de "esencias" de que surgió el poemita, esto es, la hoja misma, se convierte en sujeto de la fenomenología poética. En efecto, su "pura existencia clara", su "presencia total", de aislado ser que era se trueca en ser que ahora se apodera de su contemplador, lo ase, lo aísla, lo absorbe en sí en su plenitud ontológica.

La sílaba de Dios es ahora isla -isla de Dios- que canta al mediodía. Bajo el ardor solar la hoja iluminada, "el ser henchido en lo pequeño" revela a Dios a nuestro poeta: revela al Creador en lo creado, la diminuta criatura verde en que el aire de fuego es vida y canto.

Pero esta intuición de lo divino en lo perecedero mínimo no vuelve a repetirse en el poemario. Paso de hombre es, en rigor, un libro lleno de angustia y de dolor. Su tema es el desamparo, el desconcierto y la soledad del hombre: el ser consciente que está de paso por el mundo y que tiene sus días -y sus pasos- contados:

Las arenillas del tiempo
cayendo,
deslizándose...

Como animal arrastrado inexorablemente por río impetuoso, el hombre se ve llevado por el flujo incoercible del tiempo:

¿Por dónde la salida?
nadie responde, nadie. El hombre avanza por la vida, desolado, perdido,
Echando sombra, sangre,

manotazos...

De estas visiones sombrías salimos al aire libre del último poema, el decimoquinto. ¿Nos encontramos en el mismo escenario del poema inicial? En aquél brillaba el mediodía y, bajo la luz cenital, la hojita verde se estremecía en el aire limpio. Ahora estamos en presencia de una flor. .Y a esta flor ilumina el mediodía. Pero aquí termina la similitud:

¡La dulce flor luchando con el viento!
Se cimbra,
balancea,
se recoge, se esconde,
esquívase del manotón oscuro.

Y la mano invisible
torna y retorna, terca...

La tierra, abajo, espera,
Arriba el cielo, el sol,
el mediodía con herida mínima
que sangra de una muerte diminuta.

El viento, libre, silba.

Pero ¿es que esta flor y aquella hojita verde...? No, no tienen nada más en común que el mediodía. Aquella se movía dulcemente en el aire; cantaba bajo el sol en el cenit. Era una criatura de diminuta plenitud perfecta. Esta, la flor, es desvalido ser luchando con el viento, enemigo invisible, inexorable.

¿Qué simbolizan flor y viento? ¿La fragilidad, la brevedad de la vida por un lado y la aniquiladora labor del tiempo, por otro?

Ese manotón oscuro, aquella mano invisible, ¿se refieren solamente al viento? Recordemos que el viento vencedor silba libre, triunfalmente al final del poema -y del libro-. Y caemos en la cuenta de que el viento es el Enemigo Invisible. Lo que el viento para la flor, el tiempo para el hombre. La vida de la flor, el paso del hombre por el mundo. A ambos los espera, abajo, la tierra. Y arriba los miran, a los dos, indiferentes, cielo y sol.

¿Es este, es su última cifra, el mensaje del libro? ¡Quién sabe! En el poema séptimo, hay un hombre, no se sabe quién, que marcha en el viento y en el polvo. Lleva cansancio, lleva ansia y lleva llanto. Pero esta vez no va solo ni perdido como otras: la sombra de Dios le acompaña:

y Dios -¡oh Sombra fiel!

al lado,

caminando, caminando...

¿Entonces? Es que el hombre encuentra a Dios y lo pierde. Cuando lo reencuentra, lo ve marchar a su lado. El poeta cristiano desesperado unas veces, esperanzado otras, nos da su testimonio.

LECTURAS: Axil, Asunción, 1960; Paso de hombre, Asunción, 1963.

BIBLIOGRAFIA: Josefina Plá "Poesía paraguaya actual", Journal of inter American Studies, Vol. IX, n° 4, October, 1967; de la misma autora, "Aspectos de la cultura paraguaya, Literatura paraguaya del siglo XX", Cuadernos Americanos, Año XXI, Vol. CXX, enero-febrero, 1962; Miguel Ángel Fernández, "Literatura paraguaya contemporánea", La Gaceta (Fondo de Cultura Económica), México, N° 82, junio de 1961; Roque Vallejos, "Poesía y compromiso", Diagonal Cero, N° 13, La Plata, Argentina (Sin fecha).

FRANCISCO PÉREZ MARICEVICH (1937). En julio de 1998, el poeta, narrador, ensayista y cuentista Francisco Pérez Maricevich publicó, con el título de Memoria de Pascual Ruiz, unos cuentos de excelente prosa sobre los cuales él mismo dice: "Los relatos contenidos en este libro fueron escritos en la década de los '60 y nunca recogidos en volumen... Entre los que aquí y ahora se publican, dos tuvieron, por extraña razón, primeros premios, "... en 1963 y 1964, respectivamente. "Tres de los cuentos fueron traducidos al francés, al alemán y al portugués". -"Jamás pensé -agrega-" "en reunirlos en conjunto, tal como salen ahora, algo asustadizos luego de tantos años. La cálida solicitud de mi familia se encargó de obligarme a hacerlo... ".

Debe agregarse aquí que estos cuentos revelan un poderoso y muy poético narrador, y que lamentamos que desde los años sesenta Pérez-Maricevich no haya seguido cultivando el género narrativo en numerosos libros, porque su talento literario hubiera podido fructificar en una evolución cada vez más artística y original; porque arte y originalidad ya son patentes en el joven narrador de hace más de treinta años.

El prologuista de Memoria de Pascual Ruiz, Osvaldo González Real, termina su breve comentario de la obra con estas palabras: "Este libro contiene... un conjunto homogéneo de creaciones identificadas con nuestra realidad nacional, narrados con un estilo plenamente relacionado con el tema y un lenguaje que muestra dominio de los medios expresivos... En suma, esta serie de cuentos señala, sin lugar a dudas, la vocación narrativa de Pérez Maricevich, postergada por un tiempo".



LAS ARENILLAS DEL TIEMPO

Las arenillas del tiempo
cayendo,
deslizándose…
Los días
–fríos peces
voraces–
y el dolor como un río inacabable.
Y este hombre
–silencio, podredumbre,
con sus ojos,
sus piernas,
sus pobres trajes,
sus zapatos sucios…–,
buscando
–no sabe qué– entre la sombra fría.
(Como un gato a la noche
lleno de filos va
pasando Dios entre los huesos…)







TOMARSE, DESASIRSE

Tomarse, desasirse,
hundirse, despeñarse, descorrerse,
echar el ancla, verse
en múltiples espejos, repartirse.
Asir el núcleo, irse
llenando de penumbras, absorberse
en el llanto, dejarse, resolverse
en ruta innumerable, transcurrirse.
Extenderse, arrollarse, ennegrecerse,
agitarse de espanto, andar, caerse
a cada paso, arder y consumirse.
Buscar la puerta, herirse
la frente, las rodillas…, avisarse
que viene el miedo, darse
las manos con la muerte, desvestirse,
llegar desnudo a Dios, y clarearse.

(De: Paso de hombre, 1963)







MEMORIAL

Porque los días fueron
como copas
rebosantes de vino;
porque la luz
se hizo para darte
caminos en la noche;
porque en el alto
cielo, las estrellas
(ecos de Dios
temblando)
cantaron tu hermosura;
porque la voz del día fue elevándose
desde la misma
tierra
de tu muerte;
porque aquel viento fue
con sus semillas
sembrándome el amor
bajo la sangre;
porque fue como ola mi alegría
(y mi dolor, de pronto, mar de mármol);
porque todo fue triste

(y entonces tan alegre);

porque todo
fue dicho antes de tiempo,
antes de madurar la maravilla,
antes de la vendimia verdadera:
por eso estas palabras
(oh tristes prendas por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería),
estas oscuras hijas del exilio,
esta dulce antiquísima agonía…






POEMA

Después de todo hay que vivir lo mismo.
Vivir con la palabra a medianoche,
a mediaencarnación,
a mediamuerte.
Después de todo,
hay que entregarse entero,
tan desnudo y total,
tan mansamente.
Después de todo, sí,
después de todo:
tu dulce mano arriba
como una luz
(sangrante,
llameante,
subiendo desde las raíces).
Después de todo, el mundo
huido de los pies,
de la cadena,
huido, al fin, terreno, deslucido,
errante, transeúnte
(como un niño)
haciéndose palabra breve, honda,
palabra solamente apenas dicha
–ven herida invisible
desde siempre–.
Después de todo, oh Tú,
irrespondiente, altísimo,
sigue la voz temblando,
sigue y sigue
–silencio incorporado, encorpecido–
del alma transviviéndose a sí misma.

(De: Los muros fugitivos, 1983)