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sábado, 5 de mayo de 2012

6856.- HUMBERTO VINUEZA




HUMBERTO VINUEZA
El escritor Humberto Vinueza nació en Guayaquil, Ecuador, en 1942. En la década de los sesenta perteneció al grupo de vanguardia cultural Tzántzicos. Ha formado parte de consejos editoriales de destacadas revistas literarias del país (Pucuna, La Bufanda del Sol, Procontra, Letras del Ecuador, Eskeletra) y ha publicado libros de poesía como Un Gallinazo Cantor Bajo un sol de a perro (1970), Poeta Tu palabra (1989), Alias Lumbre de Acertijo (1990) y Tiempos Mayores (2001).  Libros inéditos de poesía, de próxima aparición son: Palabra habitada, Libro de las migraciones, Constelación del instinto, El marelmar y Versos de carne travesti. En 1991 recibió el Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade, por su libro Alias Lumbre de Acertijo. Sus textos poéticos constan en antologías nacionales y latinoamericanas, en el idioma original y traducidos al inglés y francés.
Correo electrónico: hvinuez@yahoo.com




De: El marelmar

En el rocío de una rosa se diluye la última estrella.
El eco retrocede hacia el trino de los pájaros.
De muy lejos viene la ola del mar
y recibe la caricia de un niño asustado.







Una suave tempestad más tres enojos de ola U
no son una marea.
n océano menos dos nubes negras sigue siendo un océano.

Se vive rodeado de volcanes
acechan tsunamis
ciclones y borrascas de pasiones intermedias.

Todo esto es maligno.
Mas el poeta con el mismo hilo
que junta las voces del mundo y el silencio
teje las pequeñas permanencias recordadas.
Su palabra brota en esa parte del ojo
donde el vértigo nos convierte en intangibles
o posibles.

Dos truenos más un mientras relámpago
no son todavía una tormenta.






El prorrateo de color de mar y de altura de cielo
facilita el pensamiento más allá de averno y paraíso.
En la coherencia de circunstancia y fondo
una palabra puede ser olvidada para siempre
o recuperado su rescoldo de infinito.
Las prorratas filosóficas son tretas de náufragos
hermafroditas impredecibles
políticos del futuro.






Diáfana gotea el agua traspasando la piedra caliza.
El corazón por un instante
se queda suspendido en una pausa
y purifica la sangre con el pretérito imperfecto del cosmos.

El agua y la sangre gotean como recuerdo
o predicción.





El mar subyuga
pone lunas junto al circuito de los romances
y destello de violeta al final del sueño
señala y borra momentos en la playa
jugando entre dos corazones.

Pero aquello que no late en la transfusión de soles
ni en los muelles del espejo unánime
lo fija el poeta con la estela de su ola.

Crea semejanzas para todos los gestos
y apariencias en el aire desitiado del silencio
delimita el vacío y la señal
la sombra que converge hacia la luz
la insurrección desde el asombro.

La palabra existe a condición de su ausencia móvil.








Una hormiga sigue a otra hormiga que sigue
a otra hormiga que sigue a otra hormiga
como las olas del mar.

La finitud en movimiento es la forma
que adopta el infinito
para el desmesurado festejo de las apariencias.






Imantada sabiduría.
Una ínfima doctrina como la hierba
nacerá entre las ruinas del jardín antiguo
donde ahora se proscribe prescribe desescribe.

Otra vez el cinturón de Venus ceñirá
a los poetas la renovada capacidad de trovar.
Son favorables y deleitan desde la razón
contraria a la inclemencia de la fuerza.
Mientras tanto arden hasta el último argumento
con el entorno real y la anticipada irrealidad de todo
el cuerpo con miembros paralelos
a la búsqueda de otro adentro y otro afuera.

Las paredes del infierno se hacen invisibles
al son de las notas de sus himnos
como la jaula con los revoloteos
del pájaro que a su sombra canta.






Mudamos el espacio hacia el tiempo vivo
la eternidad hacia el lustre
vigente de los muebles y los trastos.

Los libros y las cacerolas
las sábanas de batallas y armisticios
las alfombras en verso y prosa
las otras pieles del insomnio
la juguetería envuelta en las olas del aire
los cuchillos que dan confianza
el vestuario ilusorio de nuestras tragicomedias
los disfraces para no temerle ni a la vida
los abalorios del humor la ternura el apego
los cuadros de fidelidad probada
las fotos en otro entonces a colores.

El camino más corto entre los dos
es mudarnos mutuamente.
El más largo no existe.





DE:  Libro de las Migraciones


Tanto afina su filigrana solar al guión climático
que se entreveran rostros y fantasmas con efecto mariposa
contemplando a los héroes en la casa de las estrellas.

Hay olor a polen
a teorema de lo múltiple sin excluir lo uno
a relincho del único fauno con cara de hombre.
El amor deja de parecer visión de ojos olvidámbulos
y reestrena la osamenta del susto
como pausa de oblea en paladares silentes.

El poeta puede escribir en el aire
con el último manojo de su propia ceniza
lo que en vida fue: puñado de palabras
dichas sin rozar el sí mismo con el fondo.

Detrás de sus versos estará esperándose.





Se desafían a dejarse atrapar por la sombra
que no gira o crece con la noche
ni proviene de siluetas proyectadas
por un sol ambiguo.

Se retan a dejarse caer bajo el envés del sexo
y del sentido de poder que oculta poderío.

Sin franquear confines del más allá
tampoco aseguran confiable más acá.

Juegan a ser espejos que imaginan
transvasan y desde la nada presienten.

Se desafían a ser dos en uno.
No uno en ninguno.
Se desafían a ser uno en dos.