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miércoles, 9 de mayo de 2012

6900.- VERÓNICA SÁNCHEZ MARÍN




Verónica Sánchez Marín
Villahermosa,  MÉXICO  1980
Ganadora del premio de poesía "José Carlos Becerra", convocado por el Gobierno del Estado de Tabasco, a través del Instituto Estatal de Cultura. El poemario Estación abierta, amparado con el seudónimo Monelle obtuvo por unanimidad del jurado el primer y único lugar, que obtiene la publicación del libro.
Sánchez Marín es licenciada en idiomas por la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, y ha participado en diversos eventos locales y nacionales de literatura; asimismo  figura en diversas antologías, entre las que destacan Mujeres Poetas en el País de las Nubes. Antología de Poesía (Gobierno del Estado de Oaxaca, 2008) y Triángulos oscuros. Compilación de escritoras en Tabasco (Instituto Estatal de Cultura de Tabasco, 2008).. Formó parte del taller literario de El Jaguar despertado durante algunos años.  




Poética

Como nunca he estado de acuerdo con las poses literarias, se me hace un poco pretencioso hablar de una poética, así que prefiero referirme a los poetas que me interesan, con los que he sentido mayor afinidad: la poesía sintética de Yannis Ritsos y el tono impetuoso de Huidobro.

Pienso que lo más importante es filtrar las vivencias que se van acumulando hasta encontrar tu propio estilo y motivaciones, aprender que las palabras a veces no alcanzan para contar, o mejor dicho, expresar lo que se siente. Desde que me di cuenta, no busco otra cosa que no sea escribir una historia, no mía necesariamente, pero sí una poesía que conmueva al lector, que lo divierta; al menos ésas son mis aspiraciones.




Estación abierta
(fragmentos)

Las gaviotas serán siempre en tus ojos
lo que más me gustará de todo.
Quizá porque ellas siempre me recuerdan
que tú buscas en mi piel antiguos ríos.

Otto René Castillo

1

Una vez me enamoré de alguien, después de un tiempo, se marchó,
se fue a 2046. Pensé que me esperaría allí, pero no pude
encontrarlo. No puedo dejar de preguntarme si me amaba o no.
Nunca lo averigüé. Quizá su respuesta era como un secreto, que
nadie conocería.
Veámonos una vez más, le dije, después si piensas que no
deberíamos estar juntos dímelo con franqueza.

Aquel día, hace unos meses, un arco iris se formó en mi corazón. Aún está allí, y
     como una llama me quema por dentro.
Pero, ¿cuáles son tus verdaderos sentimientos hacia mí? ¿Son como un arco iris
     después de la lluvia? O sin embargo, ¿hace tiempo que ese arco iris
     desapareció?

Todos los recuerdos son rastros de lágrimas.

Espero tu respuesta.

4

A veces el mundo del hombre es el miedo.
El miedo tiene en el hombre su caja favorita.
El miedo es el primer actor o le cede el turno a la muerte.

A veces coge al mundo por el cuello y lo reduce
y lo lanza a la alta hierba del espacio
como una pelota sin aire que los niños no encontrarán jamás.

Te estoy hablando de nosotros
los capaces de reflejarnos en los espejos de este humo
y las ganas de no volvernos una mancha
que más tarde se sentará en la antesala del pulmón izquierdo.

A veces el mundo del hombre no existe y se lo inventa.

5

Quédate a detener el juego
también puedes quedarte para mostrarte indeseable
posado como un pájaro de mal agüero
con una sola pata encima de la cerca
y los ojos clavados en el sol para acompañarte a ti mismo
y si es posible a esta mujer
que no puede acostarse con la luz
porque en sus ojos hay un saco de manos
que no quiere que te cambies los muslos por dos remos.

6

Amaneciste con los ojos en otra parte,
herido de muerte frente a un espejo,
dentro, la imagen de un niño que duerme
en posición fetal,
afuera, hay una niña
que dices se parece a mí.

7

¿Qué buscabas en estos ojos de oculta fiera sorprendida?
¿Qué buscabas en aquella ciudad desconocida donde yo de repente era como
     una niña que ha perdido a su madre?

Sólo teníamos esos edificios y sus brazos de cemento,
las azoteas y sus gatos en celo,
tu sonrisa, como un golpe de sol en la cara,
y una mirada —la mía—
como un puñal arañando la sombra.

Hay una foto de aquellos días: la que observa fija la lente,
la que sonríe,
tampoco soy yo.

8

No quieres hablar del pasado
sólo dejar las cosas
tal como fueron en otro tiempo.

Que no hay historias ni muertos por quien llorar.

Me dices hagamos una fiesta,
y las páginas de un libro
se cierran despacio, sin volverse
entre tus ojos y los míos.

10

En la ceniza estoy segura encontrarás mi rostro.
Un diente que te hablará de lo que fue la risa
y una falange que todavía
intentará abrazarte