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miércoles, 9 de mayo de 2012

6901.- PABLO ALFONSO GRANIEL





Pablo Alfonso Graniel
Comalcalco, MÉXICO 1983
Integrante del taller literario del Instituto Tecnológico Superior de Comalcalco. Ha sido becario del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Tabasco en dos ocasiones. Sus poemas y traducciones han aparecido en diversos medios especializados. Ha publicado Primer aviso (Monte Carmelo, 2000), Oscura confidencia (Monte Carmelo, 2004) y Una herida blanca (Monte Carmelo, 2007). Ganó los primeros Juegos Florales de Villahermosa en 2004 y el Premio Latinoamericano de Poesía Benemérito de América en la categoría estudiantil en 2005.






A manera de poética

A Carlos y Paulina
Hay un lugar donde el lenguaje es breve
todo se llama Dios, sol o lluvia

Un lugar donde la memoria se olvida a sí misma

Allí alzaremos una casa
para poblarla de silencio





Sangre tan viva

Al abrir los ojos recordé la muerte

Ella acechaba el refugio
transparencia de mi madre

—La muerte habita la memoria blanca
Y en la transparencia están los restos del naufragio

*

Reconocer las palabras que me nombraron
Y renovarlas con un minuto blanco de silencio
Y volver hacia donde ya no queda nada

—¿Volver?
—Lo frío del recuerdo quemaría tus pasos

*

Y vuelven tus pechos
A posarse en la cima de mis manos

—Tu cuerpo me servirá
para atravesar el tiempo

En la noche oscura ascenderé a él
hasta caer derrotado

—En la húmeda cima de tu cuerpo
deja de respirar la muerte

*

¿Por qué cometiste ese error, Caín?
¿por qué no acabaste
con los demás de una vez por todas?

*

Pronto brotará la voz
que en medio del hastío
salvará mi muerte

—La sangre del suicida
Canta al amanecer

Su canto es un coágulo
Que resplandece mientras dura el desastre


*

El sol más hermoso germina sólo
En la memoria del suicida

—Ni todos los soles ni todos los cantos
ni las aves o los ángeles verán jamás brotar
sangre tan viva en mitad de la muerte

*

El desastre es el lugar de la oración

derrumbemos las cúpulas vacías
para mirar el cielo

—Lo que se ha salvado del destrozo
no vale la pena

—Hay que caer de rodillas
y arrastrarse a la salvación

*

Qué decir cuando se ha acabado el canto
pero hay tantas voces por nombrar
y tanto camino por delante

—Tantas manos desgarrando nuevamente
el cráneo maduro del insomnio
y esta mi sangre que vuela
desde la herida para habitar mi garganta

Ten piedad de aquel herido
que se ha quedado sin palabras

*

No vuelve su cara el espejo
su cínico envés delata mi ausencia

Todo es más fácil en la sencillez
no es necesario trastornar el infinito

Aun al final mirando atrás
hasta no encontrarme con mi rostro
*

No bastará con destruir los lugares que habitamos
con quebrar los engranes del tiempo
quedaría aún el viento flotando,
con todas sus respuestas ocultas,
llenas de dioses e invisibles geometrías

Si bastara algo más,
no quedaría otra cosa
que acabar con nosotros en silencio

*

En ese ir y venir en uno mismo
cuando la noche oculta
las cosechas o las desnuda
es hora de mirar el rostro
que nos amordaza al despertar

Víbora que muda nuestra piel
cuando callamos

Seremos uno al recordar
uno que habitó el olvido

*

Lo siento, no pediré perdón

No debí acariciarle a Dios el rostro
con manos que no eran mías

Es cierto, no hay nada más allá
de lo que no nos pertenece

Sólo el amor hace visible
lo que la muerte vuelve transparente

De Herida blanca






Que no florezca todo

Algo delinea también aquella rama
donde no ha de cantar el pájaro

Palabra de doble filo
desgaja símbolos maduros en mi lengua
taja mis manos cansadas
descubre sus raíces luminosas

Para que no sean necesarias las sombras
Que no florezca todo





Hay un lugar vacío en la palabra
un silencio aparente
una tormenta invisible

No habita el poema
sino en la ferocidad del grito







Andar oculta es tu secreto
madre humilde de lo mínimo

Inquieta luz desterrada de los ojos de Dios







Para ser trazable
la llama desprendida de tu ojo

Esparce una hebra de luz

Hasta el claro de luna
donde lloro mi ceguera









Escribe con la mano ensangrentada

No dejes que los muertos entierren a sus muertos

Aleja de estas palabras el amor
cúbrelas de hielo
concreta con ellas tu verdad desfigurada

Entonces oirás una música salvaje








Guarda silencio
sígueme hasta el desvelo

Pon el fruto entre tus piernas
para sembrarlo al alba

Lo que callamos
hace crecer muy adentro
nuestras tímidas cosechas









Uno dice

La palabra lo desdice fácilmente
en su delirio







Las paredes oyen:

–La fiebre es un laberinto sin eco–

–La fiebre es un laberinto sin eco–

–La fiebre es un laberinto sin eco–








de Huida



Ábrete casi púrpura en la sien

Lame la herida

Y repite:
                                   Esta vida                              

                                   que gotea
                               
                                   es cada vez más negra




Deja que se encharque

La muerte no fluye como el plomo

Ni tu sangre
Ni tu sangre

Quita el sargazo de tus ojos
aunque ya no veas

En tu tumba está tu cuerpo

En tu tumba está tu cráneo
y en tu cráneo hay una bala

Y esa bala es la piedad de dios
hecha pedazos








En el mismo vaso
la vida bebe lenta
y el tiempo escupe su amenaza

Ahí dentro
la serpiente morderá otra vez su cola

Alguien nos dará de nuevo el fruto






De ayer es la noche
donde se oye aún el grito

De ayer son los pasos
que no pudieron
                                   ser pasos
                                   ni huellas
                                   hacia ningún sitio

De ayer son los puentes quebrados
en la estúpida esperanza de la huida









En uno u otro extremo de tu pérdida
bajo nubes salvajes que iluminan la razón
hay una pequeña isla
de donde sólo es posible partir







En tu vientre, aún herido
las canción de cuna se vuelve aleteo de sombras
combate enfermizo contra aquello que tampoco soy

Cierra mis ojos para siempre
ahógame en tu paz

Mira lo negra que se ha vuelto la ternura







Somos la eterna fiebre de Dios
su estampida inagotable de memoria

Dios es un grito incisivo calando el cráneo del mundo

Dios es el eco que callan estas paredes derrumbadas







No te vi partir
pero aún escucho cada uno de tus pasos:

la muerte es un camino empedrado