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lunes, 14 de mayo de 2012

6951.- MANUEL QUIROGA CLÉRIGO


MANUEL QUIROGA CLÉRIGO (Madrid 1945). Doctor en CC .Políticas y Sociología. Desde 1964 colaborador en numerosos medios periodísticos y literarios como crítico, autor dramático, narrador, poeta. Ha publicado Homenaje a Neruda (Cla, Bilbao, 1973), Fuimos pájaros rotos (Ámbito Literario, Barcelona 1980), Vigía (Ediciones Papuras, Querétaro, 1997), De Morelia callada (Rialp/Colección Adonáis, Madrid, 1997), Versos de amanecer y acabamiento (Ulises, Toledo, 1998), Los jardines latinos (Endymión, Madrid, 1998), Íntima frontera (Los Cuadernos de Olalla/Torremozas, Madrid, 1999), Desolaciones tardías (Aristas de Cobre, Córdoba, 2000), Las batallas de octubre (Plaza&Janés, Barcelona, 2002), Mundo mudo. La aventura de Manila (Hermes, Toledo, 2004), Leve historia sin trenes (Ediciones del 4 de agosto, Logroño, 2006), Crónica de aves. El viaje a Chile (Biblioteca CyB, Barcelona, 2007) y De varia España (compilador), (Ediciones La Rana, Guanajuato, 1998).
Figura en la Segunda antologia del Resurgimiento. (Ámbito Literario, Barcelona 1980), así como en otras antologías y libros colectivos. Cuenta con varios premios literarios y accésits.





Desde Puerto Escondido

Para Pilar


Te recuerdo esta vez junto a las aguas muy azules e inquietas.
Te recuerdo vestida de algodón y de octubre. Acaso tan nerviosa
ante tu Mar Cantábrico, ahora que este Pacífico es la música nueva
que me acoge tranquilo en un Puerto Escondido de febrero y retamas
y hay un brillo magenta en el quieto horizonte bien cercano.
Te buscaré después en Monte Albán, en Mitla, en todas las ruinas
de este pasado espléndido y metódico, de estas rocas caducas
por influjo del tiempo y todas sus perezas, trozos de liviandades.
Serás un terremoto verdeciendo los montes, inundando la selva,
viendo crecer las flores amarillas en las islas fugaces, en los acantilados.
Llevarás en tus manos el sonido de julio, el verano en Cantabria,
el color de los cielos transformando paredes, las miradas, balcones.
Pero ahora las olas se alborotan, inundan las ventanas y las frases,
modifican las lluvias y todos los paisajes, zarandean los barcos.
Llega el suave sonido de todos los océanos despertando la tarde.
Te recuerdo de nuevo vestida de murmullo, convertida en silencio,
abrazando las horas con un rumor de estrellas sosegadas.
siendo parte del bosque o existiendo tan serena en los prados.
Dibujas arroyuelos, infantiles arbustos, las cornisas de inviernos,
unos tiempos azules en que tus hijos niños vivían en jardines.
Más tarde fue llegando un fragor de huracanes, esos geranios fríos,
el horizonte gris de la sierra y la nube, los angostos pasillos…
Ahora de nuevo vuelve el esplendor armónico de tu historia vital.
de tu andar de gacela que asesina tristezas inventadas,
esos trozos de tiempo para una melodía de lluvia y arcoiris,
el refugio incansable para recomponer las bellas lencerías
o algún siglo que anuncia fantasías, leyendas, libertades.
Desde el futuro vuelve el olor de tus manos, ese perfume intrépido
de los años aquellos que vestías rosales o acaso primaveras.
Te recuerdo también convertida de pronto en la cúpula amplia
de todos los silencios. Ahora eres cercana.

Puerto Escondido (Oaxaca) México, 22.2.l999.






El sur de las esferas

Olivera Stosic- Belgrado.


Contemplaba en tus ojos unos trozos inmensos de lejanos paisajes,
noticias de praderas y de lagos ocultos en viejas madrugadas.
Iban surgiendo, breves, los extensos silencios,
en rincones tranquilos que dibujan invisibles cristales,
ventanas poderosas inaugurando pájaros.
Tu corazón de árbol despertaba pacífico
en breves alamedas o murmullos de alcoba,
el territorio único del placer y la noche
resguardando tu blusa inmensamente limpia.
Alguna previsión de lencerías suaves
me seguía inquietando con música de prados.
Había en tu mirada las escenas de un sueño,
cierta insinuación de destreza y milagros.
Un portentoso viaje al sur de las esferas
traía melodías de sauces en tu paciente escote.
Apareció la noche con una fortaleza rodeada de olvidos
frente a iglesias antiguas y a mezquitas muy blancas.
El río transparente recordaba tu imagen.

Belgrado, 17-11-1998/Prizren (Kosovo) 18-10-1998.







La vida

A la memoria de Leopoldo de Luis


La vida fue tan sólo una incesante lucha
del hombre contra el mundo, un esfuerzo feroz
para buscar la paz y la concordia cada día.
Pudo ser la disculpa para unir los rosales
y visitar los prados, innumerables, bellos
bajo cielos de agosto apresando de pronto
los azules del mar y tantas alamedas
que aparecen latentes en esas geografías
del viaje y la merienda, del amor y la tarde.
Si gentes miserables inventaron la guerra,
infantiles polémicas, los gritos inhumanos,
el ruido y las espadas siempre hubo poetas,
las doncellas más dulces y largas primaveras
con su lluvia en los bosques de musical historia.
La vida también fue, como escribió Cervantes,
“enfermedad incurable”, esperar golondrinas
“otra vez con el ala en los cristales”
que van sobrevolando en los versos de Bécquer,
ese trozo de otoño delicioso y cercano.
No importa que los odios ocuparan minutos
o siglos del destierro, mas deben importarnos
unas horas de miel con sonrisas de niños
y horizontes blancos, la dorada aventura
de la amistad sincera, o el viento favorable
de algún negocio único que es la felicidad
o la dicha de un día, un sólido secreto.
En ese resplandor de la existencia opaca
la existencia era, al fin, el secreto de un sueño
de eternidades largas donde alguien nos recuerde
de alguna forma amable.

Majadahonda, 25-01.06.






Melilla Puerto

Para Encarna León Villaverde

En Melilla aparecen versos itinerantes
con grato olor a mar y horizontes cercanos.
La vida nos ofrece alegrías constantes
en unos territorios de colores hermanos.

En la ciudad antigua brilla la dicha eterna
desde sus baluartes, torreones, fachadas.
Pese a algún terremoto, tempestad o galerna
permanecen parterres con rosas encarnadas.

Surgen parques abiertos y plazas diferentes
cuando en la madrugada la villa bulliciosa
amanece de pronto a cualquier melodía.

Regresa de repente a las calles ausentes
el juvenil bullicio de alguna esquina ociosa
creando eternidades en esta geografía.

Melilla 09.03.07.







Pompas

En pompas de jabón suave y fragante
sumergimos a Claudia cada noche.
Claudia se tranquiliza al instante
aunque usamos el agua sin derroche.

Juega con el jabón y con la espuma
y nos mete los dedos por los ojos.
Su cuerpo pesa menos que una pluma
cuando olvida sus lágrimas y enojos.

Frotamos con champú su cabecita
hasta que queda el pelo bien sedoso.
Se llena la bañera de perfume

con la niña ya limpia y bien fresquita.
Claudia vive un momento bien glorioso
mientras alguna vela se consume.

San Vicente de la Barquera, 29.08.07










Prístina

Para Toda Matic-Medic


Y no es sólo el olor penetrando en todos los espacios.
En Prístina es el cielo de un color de lavanda,
Como si contuviera la ternura de un niño.
Asaltan, sin embargo, los árboles, los pasos,
Hombres uniformados como estatuas del miedo,
La herejía latente de la guerra y la nada.
Pasan a nuestro lado tranquilos musulmanes,
Albaneses cansados, los poetas que siempre
Inventan mil jardines en cualquier madrugada.
Pero es todo bullicio, leyenda de palomas,
El territorio abierto para música y verso,
El rincón que esperaba una paz de ventanas.
Se hace preciso ahora iniciar los diálogos,
Envejecer si cabe unificando frases.
Prístina necesita una ocasión de lago,
La placidez del beso, una mano que avanza.

Prístina. 19-10-1998.






VANAS GLORIAS

Para María Sheila Cremaschi

Vanas glorias aquellas que prometen la fama
y todas sus secuelas.
La vida es sólo un recorrido por la nada;
quien así lo comprenda huirá de la gloria y sus errores,

de los altos castillos anclados en la niebla.
El día sólo tiene el valor de la duda;
la noche nos conduce a futuros caducos, miserables.
Busca más el diálogo que los discursos huecos.
Dirígete con calma hacia los horizontes,
no a los acantilados.
Tal vez los manantiales aparezcan más tarde.






EN LOS PRADOS SIN NIÑO

En los prados sin niño sólo inocencias tristes
nos devuelven la imagen que procede del llanto.
Ni siquiera unos versos suscitan la tristeza
de aquella soledad que burla las miradas
y despedaza tréboles, cosechas o rosales.
Son prados de violencia con escena de angustia,
doloridos reflejos de siberias y páramos
Se encuentran muy lejanos el amor y la vida,
las orquestas de flores y el mapa de las aves.
Es como un cementerio despojado de horarios
con la sombra infinita que recurre a los bosques
y a todos los vestigios de las torpes batallas.
Se acumulan momentos de astutos vendavales,
las horas de violencia y soledades turbias
o peregrinaciones de nieblas y de harapos.
En los prados sin niño no es posible la herida
pero tampoco el pájaro. Sólo son clandestinos
escenarios abiertos a todas las rutinas,
a los claustros antiguos del dolor impensado.
De repente sucede que intensas amapolas
ponen nuevo color junto a arbustos y acequias
en las inmediaciones de la hierba agostada.
Entonces nos parece que algún niño invadiera
ese pequeño caos del sándalo furtivo
y la melancolía, el lugar de la tarde.





PARA KIRRA, EN EL CIELO DE LOS PERROS

Ya caminas, seguro, por los mares inmensos de primaveras blancas.
Verás que ahí no existen tormentas o relámpagos,
ni las temidas sombras de traicioneras noches
o el ruido de cohetes cerca de tu ventana.
Ya estarás para siempre con los perros más bellos.
con tu hija perrita que murió siendo aire.
Aquí queda el vacío de tus perdidos pasos,
desfiguradas horas sin esa piel de niebla
y el confín de tristeza de tu ausencia de ángel.
Camina por las nubes con esa fuerza tuya de cautelosa fiera:
sabemos que mentías, eras sólo un peluche disfrazado de perro.
Seguirá tu presencia habitando esta casa,
viviendo los veranos, huyendo de la lluvia,
esperando el momento de correr por los prados.



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