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lunes, 14 de mayo de 2012

6960.- CARMEN JULIA HOLGUÍN CHAPARRO

Carmen Julia Holguín Chaparro

Hidalgo del Parral-Chihuahua-México//Albuquerque-Nuevo Méjico-Estados Unidos


Libros publicados:
* Poemario personal
-A tu prójimo amarás (Universidad Nacional Autónoma de México UNAM, Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, 2008)


*Antologías
-Canto a una ciudad en el desierto (La cuadrilla de la langosta, México 2004)
-Letras del desamor y Cuetogotas V (aBrace, Uruguay 2005, poesía y cuento)
-Regalos del alma (Centro de Estudios Poéticos, España 2005)
-Ecografías Septentrional (Chihuahua Arde Editoras, Chihuahua 2005)
-Mujeres poetas en el País de las Nubes (Centro de Estudios de la Cultura Mixteca, México 2005)
-Metamorfosis (Centro Nacional Cultural Hispano e Instituto Cervantes, Albuquerque 2008)
-Agualluvia de letras. Poesía femenina chihuahuense 1930-1980 (Tintanueva, México 2008).
-Desde todo el silencio I, II y III – Los puños de la paloma 2007, 2008, 2009
-Pujo de sangre – Los puños de la paloma, 2009



Con el corazón

Cuando mi voz alcanzó el sonido
y hubo quien escuchó
lo que decía,
el hombre que me amaba
me cortó la lengua.

Cuando mis manos grabaron palabras
y hubo quien leyó
lo que escribía,
el hombre que me amaba
me partió los brazos.

Cuando aprendí a hablar con la mirada
y hubo quien descifró
el código de mis pupilas
el hombre que me amaba
me sacó los ojos.

Casi sorda de nacimiento
con un hálito mínimo
para beber en la huida,
una noche tomé mi corazón
entre las piernas
y abandoné
al hombre que me amaba








Sueño de todos los sueños

I

La casa se construye noche a noche,
con cualquier material a la mano,
sobre cualquier espacio disponible,
en cualquier lugar innombrable,
y alberga a todos los fantasmas
de mi realidad cotidiana.

II

La casa era un laberinto
donde quedó atrapada
para siempre
la memoria.

III

A veces, la casa soy yo
y me habito.
Salir entonces se convierte
en la mayor de mis fobias.

IV

La casa,
sueño de todos los sueños,
existió
lo sé porque está marcada
en el mapa de mis cicatrices.

V

Podría construir una casa
idéntica
pero es obvio
no sería
mi
casa.

VI

El lobo
sopló
y sopló
y sopló,
pero la casa
permaneció de pie.

Entonces llegó
la compañía constructora
y la echó abajo
en el tiempo
de un
s u s p i r o.






Descubrimiento

En el bochorno de la tarde
un verso se acomoda
entre los dos cuerpos
sudorosos
después de la pasión.
Asiste silencioso
a la respiración acompasada
de uno,
a la vigilia inútil
del otro,
y recostado plácidamente
entre espalda
y espalda,
de pronto
cobra conciencia exacta de su naturaleza,
se da cuenta
que no es un verso de amor.







Llenando formularios
       A la manera de Rosario Castellanos    

-¿Sexo?
       Femenino

Sí, mujer.
Aun cuando detesto
la cocina, la plancha y la costura
y pesar de que no quiera
el sublime placer de los hijos.

Mujer
de cabello largo o corto
de acuerdo a la temporada,
de falda o pantalón
siguiendo la estación del año,
a cara lavada o con maquillaje
según me plazca.

Mujer, sí.
Por donde se me mire,
desde su acera o desde la mía.

Mujer
hembra
y sobre todo
una dama.

-¿Sexo? Mmmh, sí
me gusta el sexo
femenino.



Acto de compasión

Primero,
en nombre de la paz
invadieron su país,
bombardearon su pueblo,
destruyeron su casa,
y en innumerables fragmentos
le arrancaron toda posibilidad
de sostener una pelota,
un cuaderno,
una mano prójima
con la carne de su carne.

Después,
en nombre de su infinita compasión,
los libertadores le regalaron
—cámaras de televisión
atestiguaron el emotivo momento—
dos hermosos
brillantes
fuertes
y perfectos
brazos
       de plástico.







PLEGARIA

Me arrebataron mi nombre en el desierto,
Juan;
garras de odio me lo quitaron a jirones
y lo arrojaron entre los médanos congelados
de una noche sin luna.

Me lo hicieron pedazos
en medio de un silencio de siglos,
de horas infinitas
cargadas de dolor y humillación
ante cada sílaba ensangrentada
que se perdía en aquella oscuridad maldita.

No pude defenderlo,
Juan;
maniataron mi aliento,
vendaron mi corazón,
amordazaron mis manos y mis piernas
y me lo arrancaron de a poquito,
disfrutando el despojo.

Cuando el sol despertó entre las dunas,
me encontré sin nombre
y empecé a sentir un frío
que me abrazaba los huesos
y que no me deja incluso ahora,
a pesar de esta sábana blanca
que cubre los restos
de mi carne desorientada.

Estoy muy sola sin mi nombre,
Juan;
durante días han desfilado
frente a mi rostro de cuencas vacías
mi padre y mi madre
y no han podido llamarme hija,
mis hermanos
y no han podido llamarme hermana,
mis hijos
y no han podido llamarme madre
porque no tengo nombre.

Tengo miedo del silencio eterno,
Juan;
de que nadie pueda
volver a pronunciar mi nombre
desbaratado sobre la arena
que ahogó mi sueños.

Sálvame,
Juan.
Nómbrame Ana, Luisa, Rosario,
Yolanda.

Bautízame,
Juan.
Llámame Clara, Rebeca,
Lucía.

Ayúdame a decir presente
cuando Dios llame a todos sus hijos
por su nombre.