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miércoles, 23 de mayo de 2012

7024.- GUY GOFFETTE





GUY GOFFETTE
(Jamoigne, Bélgica, 1947)
Su infancia está basada en sus estudios autodidactas y en una estancia en un internado de carácter religioso. Dicen que eso le lleva a amar la libertad aún más, si cabe. En 1980 crea la revista poética Triángulo, que sólo llega a tener doce números. En 1983 crea Los cuadernos de la Aprendizografia, compuestos por él e impresos a mano. Desde 1986 se dedica a varios trabajos de crítica literaria, especialmente para la Nouvelle Revue Française. Vive hoy en París, donde trabaja en las ediciones Gallimard, que han publicado gran parte de su obra.
Es uno de los poetas en lengua francófona más relevantes de la actualidad. Entre sus varios premios destacan los dos más importantes de poesía francesa: el premio Mallarmé en 1989 y el Gran Premio de Poesía de la Academia Francesa para el conjunto de su obra en 2001.Su aparición en Murcia, con motivo del último Ardentísima, nos llevó a conversar brevemente con él y a comprender que, como persona, está a la altura de su poesía.

Estos poemas traducidos pertenecen a su libro La vida prometida (1991).

Traducción: François-Michel Durazzo




También yo me decía: vivir es algo diferente
que ese olvido del tiempo que pasa y de los daños
del amor, y del desgaste – lo que hacemos
de la mañana hasta la noche: rajar el mar,

rajar el cielo, la tierra, a veces pájaro,
pez, topo, en fin: hacemos como si,
ardimos por, viajamos hacia, cosechamos

¿qué? el gusano en la manzana, el viento en los trigales
ya que todo recae siempre, ya que todo
recomienza y nunca nada es igual
de lo que fue, ni peor ni mejor,

y no deja de repetir: vivir es algo diferente.





Je me disais aussi: vivre est autre chose
Que cet oubli du temps qui passe et des ravages
De l’amour, et de l’usure – ce que nous faisons
Du matin à la nuit: fendre la mer,

Fendre le ciel, la terre, tour à tour oiseau,
Poisson, taupe, enfin: jouant à brasser l’air,
L’eau, les fruits, la poussière ; agissant comme,
Brûlant pour, marchant vers, récoltant


Quoi? Le ver dans la pomme, le vent dans les blés
Puisque tout retombe toujours, puisque tout
Recommence et rien n’est jamais pareil
A ce qui fut, ni pire ni meilleur,

Qui ne cesse de répéter: vivre est autre chose.






Lo que quise, no lo sé. Un tren
corre en la noche: no estoy ni dentro
ni fuera. Todo sucede como si
yo viviera en una sombra

que la noche rueda como una sábana
y tira al pie del terraplén. Por la mañana
sacar el cuerpo, un brazo y luego otro
con el tiempo en la muñeca

que late. Lo que he querido, un tren
se lo lleva: cada ventanilla alumbra
en mí otro pasajero que el hombre
cuyo rostro de madera, cuyas traviesas,

cuya muerte aparto al despertar.




Ce que j’ai voulu, je l’ignore. Un train
File dans le soir: je ne suis ni dedans
Ni dehors. Tout se passe comme si
Je logeais dans une ombre

Que la nuit roule comme un drap
Et jette au pied du talus. Au matin,
Dégager le corps, un bras puis l’autre
Avec le temps au poignet

Qui bat. Ce que j’ai voulu, un train
L’emporte: chaque fenêtre éclaire
Un autre passager en moi
Que celui dont j’écarte au réveil

Le visage de bois, les traverses, la mort.







Yo me decía: hace falta todavía, hace falta –
y las palabras corrían ante mí, husmeaban
la ruta, el cielo, los helechos, el vientre
mal abrochado de las colinas

y luego volvían, trayéndome un trozo de piel
calcinada, un fragmento de hueso: esa pregunta
antigua y siempre lancinante
del por qué aquí, yo, ¿por qué?

– ir y venir esperar como el encargado
de las salidas, que abre y cierra el horizonte,
esperar al último viajero
antes de volver la pizarra, y escribir:

cerrado por pereza.




Je me disais: il faut encore, il faut –
Et les morts couraient devant moi, reniflaient
La route, le ciel, les fougères, le ventre
Mal boutonné des collines

Puis revenaient, me rapportant un bout de peau
Calcinée, un fragment d’os: cette vieille
Et toujours lancinante question
Du pourquoi ici, moi, pourquoi?

- aller venir attendre comme le préposé
aux départs, qui ouvre et ferme l’horizon,
attendre l’ultime voyageur
avant de retourner l’ardoise, d’écrire:

fermé pour cause de paresse.






El levantamiento de Ícaro

(A imitación del Paisaje con la caída de Ícaro, de Bruegel)

Prólogo

para Yves Bergeret

Si de verdad viví esta vida o bien
sólo soñé en la luz que inunda
mi despacho bajo el mar de tejados,

si era mi lámpara sola la que turbaba
los signos en camino, o el cansancio aún
al esperar que la lluvia acabara

con su vana dactilografía en el cristal,
¿quién puede decirlo y quién puede negarme
que yo haya andado un día sobre el mar,

y volcado el azul que lava los pájaros
y derrochado el oro del álamo con el muerto
a escondidas de los vecinos? ¿Quién

si no el extranjero en mí como un niño
corriendo tras de su sombra, con las manos tendidas
pero el alma más doblada que la del pródigo

que cuida de los cerdos en la casa de exilio.







En el fondo del laberinto

I

Recuerdo: pasaban todos corriendo
en el pasillo del metro, a izquierda y derecha,
arrastrando arrastrados, empujando empujados, y como
tragados por sus sombras. Iban corriendo

unos contra otros, misma cara misma
noche, y cada uno era la noche del otro
y todos como pájaros fulminados
que acarrea el temporal

hacia el estrave de los bosques difuntos, todos
como uno solo se sumían en sí mismos
en ese desván atestado de escombros
y muertos, en el que trona y triunfa

el gran espejo blanco de los ciegos.






II

Uno de ellos a veces alzaba un brazo pesado
y era como la llamada de un ahogado,
el último intento para agarrar
encima del remolino de la muchedumbre

el hilo invisible que le hubiera traído
de los fondos del tiempo una astilla de vida
o el sentido de la tierra en ese instante
en que todo se deforma y toma otra voz,

pero siempre como la ola brusca
un metro atestado echaba al pescador
entre las sombras erguidas en la orilla,
los vivos y los muertos, veloces

que se daban la vuelta en el polvo de los días





Traducción: François-Michel Durazzo


Poema original

Le relèvement d’Icare //
(d’après Paysage avec la chute d’Icare, de Bruegel) //
Prologue // pour Yves Bergeret // Si j’ai vraiment vécu cette vie ou bien / seulement rêvassé
dans la lumière / qui baigne ce bureau sous la mer des toits, // si c’est ma lampe seule qui brouillait / les signes en chemin, ou la fatigue encore / d’attendre que la pluie cesse // sa vaine dactylographie sur la vitre, / qui peut le dire et qui me refuser / d’avoir un jour marché sur la mer, //
renversé le bleu qui lave les oiseaux / et dilapidé l’or du tremble avec le mort / en cachette des
voisins? Qui // sinon cet étranger en moi comme un enfant / courant après son ombre, mains
tendues / mais l’âme plus courbée que celle du prodigue // soignant ses porcs dans la maison
d’exil. // Au fond du labyrinthe // I // Je me souviens: tous passaient en courant / dans le
couloir du métro, à gauche et à droite, / tirant tirés, pressés pressant, et comme / dévorés par
leur ombre. Ils couraient // les uns contre les autres, même visage même / nuit, et chacun était
la nuit de l’autre / et tous comme les oiseaux foudroyés / que la tempête entraîne // vers l’é-
trave des forêts mortes, tous / comme un seul s’enfonçaient en eux-mêmes / dans ce grenier
encombré de gravats / et de morts, où trône et triomphe // le grand miroir blanc des aveugles.
// II // L’un d’eux parfois levait un bras lourd / et c’était comme l’appel d’un noyé, / l’ultime
tentative pour saisir / au-dessus des remous de la foule / le fil invisible qui lui eût apporté / des
profondeurs du temps un éclat de sa vie / ou le sens de la terre en cet instant / que tout se défigure et prend une autre voix, / mais toujours contre la vague brutale / une rame bondée rejetait
le pêcheur / parmi les ombres soulevées sur la rive, / les vivants et les morts, vite // qui se
retournent dans la poussière des jours. (© Un manteau de fortune, Gallimard, 2001)