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domingo, 27 de mayo de 2012

7044.- SAMADHI YAISHA VARGAS



Samadhi Yaisha Vargas
Nació en Santurce, Puerto Rico (1977) como Yaisha Vargas Pérez.  Periodista, columnista, yoguini, aprendiz de vivir con el corazón desnudo y buzo del subconsciente y su propia alma. Estudió periodismo en la Universidad del Sagrado Corazón. Trabajó en radio (WKAQ), televisión (WAPA) y agencias de noticias (EFE y AP) como editora, reportera y productora de programas, mientras se dejaba seducir por las palabras precisas. Cautivada por el arte de poder contar una vida en 90 minutos, viajó a Valencia, España, donde estudió un Máster en Guión de Cine, y regresó a Puerto Rico. Apasionada por defender las minorías con el remate del teclado, procuraba los temas ambientales, sindicales, comunitarios, viequenses y la abolición de la pena de muerte. Fascinada por el drama judicial, e indignada por una lucha sindical en uno de sus talleres de trabajo, entró a la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico… pero en dos años sintió cómo se le morían por dentro sus poemas, cuentos, guiones y otras ideas del huerto de morfemas bosquejados. Luchaban por salir de un baúl preñado de hojas de maquinilla y los recuerdos de su madre fallecida. La muerte súbita de una amiga periodista, así como quebrantos subsiguientes en un espacio de cinco años, la llevaron a perderse sin atlas en la espiritualidad, la yoga y la meditación, para tratar de encontrarse de nuevo en las palabras. “90 días” es su proyecto más reciente, una columna bimensual que se publica en el diario El Nuevo Día y que narra la indagación de sí misma, manuscrita en un diario con la misma urgencia de plasmar hechos externos; un viaje al subconsciente para sanar todas las pérdidas, rencores y abandonos cristalizados en adicciones y un viaje hasta el otro lado del mundo, a India, para terminar de quitarse la piel compulsiva, tejerse en la crisálida y abrazar el vuelo de la liberación.



Trilogía del agua III

Luz.
Frente a mí se derrama un lago de luz
que se extiende más allá de donde puedo ver y sentir.
Me quedo sentada en la orilla,
pues temo a lo que pueda venir
después.
El corazón se despierta.
El sentimiento de paz me inquieta,
la costumbre de la selva,
y sin embargo, nada me puede pasar aquí.
Me abrazo las rodillas, reflexiono,
dejaré atrás... absolutamente nada.
Y en el lago, la libertad.
Levanto la voluntad y me atrevo.
El miedo se presenta invisible, sólido,
le doy un beso,
y le enseño el corazón despierto.
El lago se mueve hacia mí,
la tenue ola acaricia mis pies.
Me hace cosquillas la neblina
que me levanta en una ráfaga de brisa,
y como una pluma me deja caer
en el lago tibio, dulce, vivo.
Se me estalla el corazón en luz y ya no existo.
Queda la versión pura de mí sin piel,
una supernova que se quema
al borde del fin y el principio.
Un big-bang que se retrae y explota.
Soy el átomo que lo empezó todo.
Yo soy.






Extracto de "Musa"

Nada me embruja
y me cautiva más
que el olor sutil a pétalos
de mi piel recién bañada.
Nada como el tacto
de la suavidad

en los frágiles vellos que me visten,
en la altivez de mi peluda corona,
en las pestañas que me filtran lágrimas
en la pelusa robusta que acaricia mis labias.

Me embrujo y me descubro:
una musa que me habita
y me susurra
la geografía que me visita.

“Soy la musa que viaja los ríos de sangre
que te oxigenan el ánima.
Te sangro yo por las heridas
y en la luna roja que exaltas
me devuelves a la tierra.
¡Es mi esencia la que dejas
en las entrañas de Gaia!

“Soy la musa que se entrona
en tu glándula pituitaria
y le ordena a tus hormonas:
¡Fiesta, sueño, hambre, ganas...!
Desde allí te nazco en río
de agua veloz, sosegada.
Y zarpo en nave dorada,

“una estela ágil, cósmica,
hacia los puertos que entrañas:
corona, corazón, latir, garganta,
ombligo, vientre, mente, alma.
Y pasea también la geografía
de tus gentiles montañas,
de tus cavernas sutiles

“que húmedos biomas guardan.
Mundos enteros, microcosmos
que por ti giran la rueda
que te mantiene en volandas.
Gracias a ti se balancean.
Transmutarán cuando te vayas
junto a mí.




Amante cósmico II

Amante, que te busco y te me escurres
te leo en mapas milenarios y te tapas
el rostro con la zarza o la columna,
la voz con el profeta y la palabra.

Quisiera escucharte en un susurro de éter,
como se cuentan los amantes sus andadas;
y enterarme de tu boca los secretos
que sembraste en la quietud de mi morada.

Amante, que me dejes contemplarte,
en el silencio absoluto de la nada,
donde las formas no son, sino ideas,
que revuelan el vacío de las almas.

En el silencio, eterna yo, te espero,
como esperan impacientes y anheladas
la novia al amado tejiendo pañuelos,
la que encinta un niño bordando una nana.

Te espero cada minuto de mi vida
te pronuncio entre pausa y pensamiento,
cuando estoy haciendo, te recuerdo erguida
y cuando no hago, te revivo en sueños.





Inspiración

Luz de dolor que ardiendo inspiras
palabras precisas que el viento lleva
no se espante tu luz con la sonrisa
de la felicidad sincera.

No soples tu musa a otros valles,
descansa aquí, en mi inquietud de poeta,
y dime que quieres ser mía
la vida entera.

Inspiración que mi alma mueves
de lado a lado mi emoción llevas,
de corazón puro palabra entregas
a mis papeles.

Versos que nacen de un alma vieja,
viajera de dolor, llanto y temores.
Eres, inspiración, la alquimia que vuelca
el dolor en flores.

Versos que nacen de un alma nueva
que, tejida con amor, ilumina corazones.
Pares, inspiración, las felices canciones
Que el dolor lleva.




Soneto a San Juan

Caminando por San Juan huele a secretos,
a quinientos años de batallas sin fin,
a murallas grandes, a balcones pequeños,
A adoquines grises y a encajes carmesí.

Y en una noche de sueños y pasados,
desde el balcón veo al farolero encender,
a las calezas pasar, las cortinas caer,
por los encajes saber la silueta del amado.

Déjame, San Juan, tus recuerdos recorrer.
Descubrir la tumba de aquella bruja maldita.
Y cómo murió Albizu, quiero saber

qué noche escapó Juan de la Garita.
Si huyó una noche tuya, enamorado,
o la noche en que fue de cacería el Diablo.





Nada

“... no sólo en plata o viola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada”
                                   Luis de Góngora

Aunque mi vida así sea nada
y en medio de la nada existo,
con perfumes de las flores visto
mi sentir, con el sol, mi mirada.

Así el polvo quede en mis recuerdos
como último anhelo de la nada,
mi esencia es la luna callada
y mis respiros, aliento nuevo.

Y mis logros habrán sido nada,
siendo forjadores de mi esencia
y ejemplos de mi vida callada.

Al menos tendré una descendencia
que, aun saliendo de mi nada,
llevará en su sangre mi esencia.