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domingo, 27 de mayo de 2012

7049.- ODILE MASSÉ



Odile Massé, nacida en 1950 en Marseille, es un actriz, escritora y poeta francesa.

OBRAS:

Littérature

1986 : Alma Mater, Æncrages & Co
1991 : Vingt et un cannibales, Æncrages & Co
1992 : La Femme poussière, Manya
1992 : La Guerre de cent ans première semaine, théâtre, Presses universitaires de Nancy
1993 : L'Homme qui dort, illustrations de Julius Baltazar, Æncrages & Co
1997 : Tribu, Mercure de France
1998 : L'Eau du bain, L'Estocade, verbes & entailles
2002 : La Vie des ogres, Mercure de France
2004 : Manger la terre, Mercure de France
2005 : Ça le désordre, théâtre, avec Michel Massé, éditions de l'Amandier
2006 : La Traversée des villes, illustrations de Franck Hommage, Arbre vengeur
2008 : Jusqu'au bout, illustrations de Julius Baltazar, La Dragonne
2010 : La Compagnie des bêtes, tome 1, illustrations d'Olivier O. Olivier, La Pierre d'Alun
2011 : La Compagnie des bêtes, tome 2, illustrations d'Olivier O. Olivier, La Pierre d'Alun

Théâtre

1972 : Antigone, mise en scène de Guy Kayat, Théâtre Malakoff
1999 : Toïedovski, lecture entre chiens et fous, conception et mise en scène de Michel Massé, Théâtre de l'Est parisien
1999 : La Confession, collectif, mise en scène de Michel Didym, Festival d'Avignon
2005 : Ça le désordre, mise en scène de Michel et Odile Massé, Théâtre du Rond-Point

Cinéma

1982 : Vidéamour de Sylvain Resling
1987 : Imbuvable mais frais de E. Houzelot et Ph. Thomine
1988 : Quatre litres blues de Michel Massé
1992 : Express de Sylvain Resling
1992 : Histoire de ma douleur de Marie-Sophie Colas
2010 : Inong Bale, la légende des femmes guérilleros, documentaire de Marie-Sophie Colas (voix)






Traga-moscas


Pues es así
siempre es así cuando pongo en mi puño cerrado bien cerrado 
sobre mi vientre 
aquí contra mi vientre contra mi vientre 

donde resuena 

o sobre mi oreja también
el puño sobre la oreja se oye bien cuando atrapas cuando 
ella protesta la mosca
me pregunto por qué protestan las moscas cuando se les atrapa 

porque ellas ahí
están alrededor vuelan alrededor de mi cabeza ellas se paran 

suavemente se paran con sus patas frágiles finas que limpian 
a la luz yo miro a las moscas su vientre casi dorado yo miro 
su vientre la dulzura de sus corazones palpitando
me pregunto si tiene corazón la mosca a pesar de todo

me lo pregunto miro también su trompa que toca que prueba 
que chupa lo dulce delicadamente
chupa y sus ojos sus ojos gordos y negros que no tienen párpados 

y que todo lo miran y me miran como yo las miro

son tan bonitas las moscas tan bonitas
entonces extiendo las manos agarro a la mosca hop la atrapo

la escucho en mi puño bien cerrado la escucho hablar protestar
me la meto a la boca
que no hay que abrir para guardar la mosca
me hace cosquillas vuela adentro de mi boca
yo me acuesto 

en el diván escucho

escucho el canto de la mosca que canta adentro canta para 

ablandarme para que  yo abra mi boca en la que canta los cantos 
de amor cantos para el cielo para la tormenta la fruta madura 
el techo o para los vidrios en los que las estrellas su 
cabeza 


canta que tiene miedo que tiene mucho miedo de la oscuridad 


en el 

fondo de mi boca de la oscuridad que se abre tras mi 


lengua y se oye profunda 

hasta el fondo de mi cuerpo sigue cantando 


e intenta levantar el vuelo me hace  

cosquillas a veces me hace reír




y si abro la boca
si abro la boca para reír entonces se escapa
fracaso
hay que volver a empezar
volver a buscar moscas acechar quedarse inmóvil mientras 
se mueve alrededor 
pero yo me quedo inmóvil miro las cortinas a lo largo de las ventanas 
acecho

miro busco una mosca
o bien me acerco a un pájaro muerto a un perro a un gato en la calle 
me acerco a 
mediodía sin hacer ruido



y ahí hay moscas hay muchas moscas moviéndose y que puedes 
atrapar una por 
una hay que apuntar bien no meter la mano 

en la carroña sobre todo no tocarla 
sólo atrapar a la mosca y meterla en la boca

después cuando ya cantó después dejo que suba el agua de mi boca 
la salivadonde la mosca chapotea
siento el agua que sube en mí siento escucho a la mosca no sabe
nadar sólo caminar en las patredes o volar en el aire o también 
chupar fluidos la mosca en 
mi boca chupa y chupa pero yo escurro 

baba tanta y tanta y tanta baba y la 
ahogo a la mosca la ahogo 
en mi boca bien profundo y la ahogo en la oscuridad
y trago 

trago mi saliva para que en el fondo de mi vientre 

encuentre la mosca encuentre

a las otras aquéllas que desde la mañana he ahogado 
para que se vaya con ellas 
en el fondo de mi vientre donde hierve

borbotea 
hierve en mi vientre hierve ahí dentro y preparar la carroña 


y chupa por debajo 

de mi piel chupa chapotea en la oscuridad 


de un adentro que yo no conozco

y pone huevos en mi vientre los pone hasta el fondo donde no
puedo tocarlos 
pone huevos de mosca y camina y chupa y canta 


y copula en mi vientre y hace 
un ruido que me sube hasta aquí 


en la cabeza oigo cómo hierve cómo zumba

cómo canta desde mi vientre y como desde el fondo llama a las otras
así es miro aguardo obedezco miro la mosca ahí en su manga la mosca
caminando
se para en el suelo
no hay que moverse
no hay que hacer ruido
ahí 
la tengo a la mosca la tengo bien encerrada en mi mano

ahora el puño sobre la boca
no me mire 
por favor

prefiero alejarme
alejarme un poco para comer
para meterla en mi boca.







Trampas

-1-

Asomé la cabeza por el agujero.
El polvo lo había cubierto todo, el polvo de la arena, y la ligera humedad de la noche caían fuerte sobre la plaza, debilitando el resplandor de los reverberos, el ruido de los pasos, de los picos y las palas abandonadas después del trabajo, inmovilizando finalmente a los hombres que yo veía a lo lejos, al otro lado, fijos en ese polvo que cae de los árboles sacudidos por el viento.
Aunque no había ningún peligro: Aventuré una primera pata en el suelo.
Encima de mí, los diarios en los estantes del kiosco temblaban lentamente, hoja tras hoja, llenas aún del calor del día, abanicando a su vez los estantes mientras que subían de la tierra, como asordinados por la distancia, olores de fuegos lejanos, de mejorana, de jazmín, mezclados con fritanga y café.
Entré en los olores. Y a través de ellos me hice un camino, cavando mi huella paso a paso, rozando los muros, rasando el suelo, la nariz estremecida, entré en los olores y, olvidando toda prudencia, me revolqué en el polvo. Respiraba el polvo y la ceniza, de ellos llené mis pulmones, mis orificios y los vellos de mi piel, daba vueltas en todos los sentidos, pegado al suelo y rascaba con mis uñas más profundamente, buscaba el fondo de la arena, la frescura de la tierra y la savia de los plátanos cuando de repente caí en el hoyo, en una trampa que me tenían cavada en medio de la plaza, cubierta con aserrín, en el fondo donde ahora oigo cómo golpean ellos con sus palas, y percuten la tierra, la lanzan y la amontonan, juran, gritan, ruedan sus carretas, borran mis huellas y pisotean el suelo danzando sobre mi cabeza.

-2-

De pronto grité : el cielo había desaparecido
encima de mí sólo quedaba una capa sombría que amenazaba aplastarme, asfixiarme, encerrarme entre ella y la tierra en la que yo sentía que al dar un paso me hundía de nuevo, sumergiendo mis piernas en el musgo húmedo, chocándome contra los árboles y rozando los líquenes olorosos, avanzando, dando vueltas sin jamás pasar más allá de mí misma, enloqueciéndome con los ruidos lejanos del silencio que me rodeaban por todos los lados mientras buscaba un claro, las manos extendidas, tropezando a cada paso en la oscuridad, y buscaba una hierba seca para extenderme, husmeaba el suelo, quería detener el estrépito de la sangre en mis orejas, no temblar más, tranquilizarme, sentir bajo mis pies la tierra dura y no esta materia blanda donde sabía que estaban los otros al acecho, al fin me metí en las zarzas; y avanzaba, la nariz contra la tierra, arrastrándome en los arañazos y el calor de la sangre, en el olor húmedo de mi miedo, reptando entre las ramas hacia el fondo del túnel, profundamente, abriéndome paso hacia el alba, lejos, que me esperaba a la salida de la maleza donde me había sentado, cerca de los grandes árboles para lamer mis heridas.
No vi la red abatirse sobre mí. Se me levantó, la cabeza abajo, colgada de una pata, y allí mismo me pusieron a secar.

-3-

Ese día me agarraron y me maltrataron, me clavaron contra la puerta, me clavaron de la falda y del vientre y de la blusa, hincándome a martillazos las puntas en mi cuerpo, en mis brazos, en mis piernas, en el olor de mi sangre y los clamores que ardientemente ellos lanzaban, golpeando aún, a pesar de mis protestas, aún hasta la noche, contra la puerta en la que yací para alejar las bestias del bosque.

-4-

De este modo corría, galopaba y otra vez corría, la falda volando alrededor de las piernas, enloquecida bajo los reverberos, acosada por las miradas, bocas duras y dedos acusadores, tomada aún en el mismo lugar adonde yo quería huir, y corría de sombra en sombra, de árbol en árbol, sin cesar, tratando de respirar por encima de las cabezas, entre los altos hombros que se levantaban delante de mí, siempre más lejos, huyendo hacia la encrucijada, hacia el parachoques que por fin me hizo saltar de repente en el aire, contra el muro cubierto de mi sangre, negra sobre mi falda roja, petrificada en el suelo sobre el cual ellos caminan, ruedan, hablan sin detenerse jamás.

-5-

Y ahora olvido cómo corrí a través de las colinas, cavé la tierra seca y la arena, dormí en el fondo de los barrancos, babeando, las pistas revueltas, amontonadas las ramas, corrí de nuevo husmeando el olor fuerte de ellos, cuando se aproximaban, cuando gritaban y respiraban, olvido las piedras, la jaula y mi miedo, sus dedos levantados cuando me tomaron, atada, expuesta en la plaza y ahora me miran relamiéndose de gusto mientras que muy cerca de los otros preparan un gran fuego.

Traducción : Pablo Montoya.


Pièges

-1-

J'ai passé la tête hors du trou.
La poussière avait tout recouvert, la poussière de sable, et la moiteur grise du soir pesait sur la place de toute sa force, affaiblissant la lueur des réverbères, le bruit des pas, des pioches et des pelles qu'on abandonne après le travail, immobilisant enfin les hommes que j'apercevais au loin, de l'autre côté, figés dans la poudre qui tombe des arbres après le vent.
A bien y regarder, il n'y avait aucun danger: j'aventurai une première patte sur le sol. Au-dessus de moi, les journaux à l'étalage du kiosque frissonnaient lentement, feuille après feuille, encore pleins de la chaleur du jour, éventant la devanture tandis que montaient de la terre, comme assourdies par la distance, des odeurs de feux lointains, de marjolaine, de jasmin, mêlées de friture et de petits cafés.
J'entrais dans les odeurs. Je m'y fis un chemin, creusant ma trace pas après pas, frôlant les murs et rasant le sol, narines frémissantes, j'entrai dans les odeurs et, oubliant toute prudence, je me roulai dans la poussière. Je respirais la poudre et la cendre, en emplissais mes poumons, mes orifices et les poils de ma peau, je tournais en tous sens contre le sol et grattais avec mes ongles plus profondément encore, je cherchais le fond du sable, la fraîcheur de la terre et de la sève des platannes quand tout à coup
je tombai dans le trou, dans un piège qu'ils avaient pour moi creusé au milieu de la place et recouvert de sciure, tout au fond où j'entends maintenant comme ils cognent avec leurs pelles, heurtent la terre, la jettent et l'entassent, jurent, crient, roulent avec leurs chariots, effacent mes traces et piétinent le sol en dansant sur ma tête.

- 2 -

Soudain je poussai un cri: le ciel avait disparu
ne restait plus au-dessus de moi qu'une chape sombre qui menaçait de m'écraser, de m'étouffer, de m'enfermer entre elle et la terre dans laquelle je sentais bien qu'à chaque pas je m'enfonçais encore, plongeant mes jambes dans la mousse humide, me heurtant au pied des arbres et frôlant les lichens odorants, avançant, retournant sur moi-même sans jamais passer au-delà, m'affolant aux bruits lointains du silence qui me cernait de tous côtés tandis que je cherchais une clairière, mains tendues, trébuchant à chaque pas dans l'obscurité, et je cherchais une herbe sèche pour m'y étendre, je flairais le sol, voulais arrêter le vacarme du sang dans mes oreilles, ne plus trembler, me rassurer, sentir sous mes pieds la terre dure et non cette matière molle sous laquelle je savais les autres à l'affût - enfin, je plongeai dans les ronces; et le nez contre la terre j'avançais en rampant dans les griffures et la chaleur du sang, dans l'odeur moite de ma peur, rampant entre les branches vers le fond du tunnel, profondément, m'y frayant un passage vers l'aube, loin, qui m'attendait au sortir des fourrés où je me suis assise près des grands arbres pour lécher mes blessures.
Je ne vis pas le filet s'abattre sur moi. Je fus enlevée tête en bas, pendue par une patte et mise à sécher sur place.

-3 -

Il y a eu ce jour où ils m'ont prise et malmenée, et clouée contre la porte, clouée par la jupe et le ventre et le corsage, plantant à grands coups de marteau les pointes dans mon corps, dans mes bras, dans mes jambes, dans l'odeur de mon sang et les clameurs qu'ardemment ils poussaient en cognant encore, malgré mes protestations, encore jusqu'à la nuit, contre la porte où je gis pour éloigner les bêtes de la forêt.

- 4 -

Ainsi je courais, galopais et courais encore, jupe volant autour des jambes, affolée sous les réverbères où l'on me traquait du regard, bouches dures et doigts pointés, encore prise à la même place d'où je voulais m'enfuir, et j'allais en courant d'ombre en ombre, d'arbre en arbre, sans cesse et cherchant à respirer au-dessus des têtes, entre les épaules haut levées devant moi, toujours plus loin, en fuite vers le carrefour, vers le pare-chocs enfin qui soudain me fit sauter en l'air, contre le mur couvert de mon sang, noir sur ma jupe rouge, figée au sol sur lequel ils marchent, roulent et parlent sans jamais s'arrêter.

- 5 -

Et maintenant j'oublie comme j'ai couru à travers les collines, creusé la terre sèche et le sable, gîté dans le fond des ravins, écumé, brouillé les pistes, amassé des branchages, couru encore en reniflant leur odeur forte comme ils s'approchaient, comme ils criaient et respiraient, j'oublie les pierres, la cage et ma peur, leurs doigts levés comme ils m'ont prise, ligotée, attachée, exposée sur la place et maintenant me regardent en se léchant les babines tandis que tout près d'autres préparent un grand feu.