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martes, 10 de julio de 2012

7392.- ATILIO JORGE CASTELPOGGI




Atilio Jorge Castelpoggi (ARGENTINA 1919 - 2001) 
Nació en el Barrio de Boedo. Compartió con Homero Manzi la pasión por el barrio. Ensayista y poeta, fue también autor de tangos.
El barrio, afirmó, no es un lugar geográfico, es un mito que llevamos en el corazón. Fue Homero Manzi quien lo conminó: "Cantále a los adoquines de Boedo, a los tacones de las chicas del barrio. De las paredes descascaradas salen los fantasmas de la poesía."
Desde su primer premio en el 51 no dejó de publicar y obtener galardones. En su libro "Una calle fuera del tiempo" se hace visible su obsesión por rescatar la memoria barrial. Poeta, tanguero, ensayista. Aunque de perfil bajo, no escapó a los reconocimientos: Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, y ese mismo año (96) Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores. Su pasión expresiva se podría resumir en el título de otro de sus trabajos: "Apenas un cuidador de palabras", que vio la luz en el 95. Allí expresa sin rotaciones la hondura de su verdad: "en el fondo no soy nada más que un jugador que apuesta al misterio". Ese misterio que para él ejercía esta ciudad a la que le escribió tangos, entre ellos: Buenos Aires mi amante. Comparaba la ciudad con una mujer magnética, esa que nunca se posee del todo. Esa hembra del Sur que Castelpoggi homenajeó desde distintos ángulos. La milonga fue otro de los géneros que abordó: Memorias de un payador moreno, Yo quiero quererte así. Bellísimas canciones como Asalto. Los candombes, con música de Jorge Milikota, grabados por el cantante Luis Lagos: Mulata de voz profunda, Aquella negra de amor. Frecuentador de tertulias semanales donde concurrían, entre otros, Nicolás Olivari, Oliverio Girondo, Norah Lange, Raúl González Tuñón, Ernesto Sabato, el poeta español Rafael Alberti, el paraguayo Augusto Roa Bastos. Se nutrió además de una larga lista de personalidades del mundo del tango encabezada por Aníbal Troilo, Astor Piazzolla, Homero Expósito y Hugo del Carril. Fiel al quehacer de toda su vida, quince minutos antes de sufrir la crisis que terminó con su vida escribió este poema: "Abro el arcón donde guardo / retratos, frases, poemas/ ...El futuro sigue aún manejando el misterio/ En el vacío de la luz/ aún me seduce lo inédito." Jorge Göttlin - Diario Clarín.

Tuvo una larga trayectoria. Uno de sus primeros libros "Destino de Buenos Aires" mereció en 1960 el Premio "Ciudad de Buenos Aires"con un jurado que contó entre otros a Jorge L. Borges y Ricardo Molinari.
Por su libro "El Exilio de mis Personajes", obtuvo el Primer Premio Municipal y el Segundo Premio Nacional. Además, fue Gran Premio de Honor de la Fundación Argentina para la Poesía, por "Buenos Aires, mi Amante" y el de la Fundación Dupuytren por "Oratorio Menor de un Aborigen".
Su obra fue una continua búsqueda de lo más oculto del pensamiento del hombre. Contratapa del libro "Apenas un Cuidador de Palabras".






LAS CALLES

1

Buenos Aires comienza siempre
     en el destino de un sueño
o a la altura de un recuerdo más o menos
     intenso.
A veces es como un gran pensamiento
que se interna adentro de uno mismo
y se transforma de repente en la velocidad
     de una mirada
llena de fervor por las cosas más mínimas:
un nombre, unas calles,
el nivel de alguna duda que destrozamos
de improviso en un beso,
o alguna mujer por la cual corremos sin saber
     el porqué
ni hasta dónde llegamos.
Otras veces es un inmenso mapa de encuentros
más o menos hermosos
o una piel dibujada en los croquis de una guía
     de turismo,
o un trozo enorme del corazón,
del tuyo, del mío,
     del corazón de todos.

De "Buenos Aires mi amante"





LAS CALLES

2

Porque yo conozco a las calles
     de mi ciudad
a superficie de todas mis sonrisas y mis llantos,
el barrio, 
la porción de mi antiguo baldío
–ahora tan sólo fijado en un rincón
     de la memoria-
o los pedazos pintados por el asfalto
o por ese algo que nos pasa de pronto,
o esas zonas que nos miran desde las vidrieras
     lujosas
abiertas a toda tentación como si fueran

     los labios de una hembra
     que lleva todos los deseos de la tierra.

Yo conozco el centro lamido de perfumes
     y de gentes,
gentes con caras distintas
llenas de apuro en los teléfonos públicos,
o en las colas de compras,
o en los puestos de diarios y revistas cualquiera
sin tasa ni medida.
Conozco esas otras donde se trafica el hambre
     del amor
y la sed de algún abrazo,
y barrios elegantes y horizontales
     más modernos;
o aquellos maniatados de pobreza
de los que muerden la impotencia de mirarse
     las manos
y nada más.
O esos, de pizzerías y cines surtidos
en que todo es igual
como un tango de Discépolo.
Cambalaches para llorar a gritos
y jugos de frutas y copetín al paso,
y ese hasta luego siempre subiéndose al destino
volteando los días huidos de nosotros mismos,
y la pereza cotidiana que arremolina el tiempo.

De "Buenos Aires mi amante"




LAS CALLES

3

Conozco también las calles más sombrías,
el Wall Street de Buenos Aires
limitado por reuniones de bancos
y casas de cambios y monedas,
donde se lotean fortunas que amasaron
     los otros,
y bajos con yirantas grises para el gusto
de algunos marineros,
cafés de fantasmas que tocan acordeones
     de París
y whiskys dormidos en la noche,
y vidas con historias lejanas que nos dicen
     las cosas:
La Corrientes angosta que no conocimos,
o las calles del mercado
enloquecidas de chatas y de bodegones
como en un puerto lejano,
o los bazares de Lima
y sus tiendas de todo a veinte alguna vez,
o la Vieja Balvanera de los compadres
     perdidos
que hoy negocian compraventa
otros hombres,
o las calles,
o la plaza de los mitines con voz
     de altoparlantes,
o casas para morir o para amar
casas de citas y sombría soledad,
casas con parejas que caminan la desdicha
     de un balazo
o el suspiro hermoso en el momento
     de la entrega
como un grito de sangre.
De maternidades donde rato a rato nace la vida
repitiendo el prodigio del tiempo.
Y calles de atentados,
“Porque todo lo que cae por la calle se levanta”
y que ahora repito porque me acuerdo
de los muertos de repente,
los muertos en la calle
por la misma voz de todos los que vamos
     por la calle.

De "Buenos Aires mi amante" 





LAS CALLES

4

Pedazos de suburbio, de parque,
     de vía y terraplén,
barrios del sur o de San Telmo y conventillo,
paredes neblinosas que guardan secretos
     colgados del pasado
y ventanas con olor a confidencias,
sobre la piel en sombra de algún atardecer.
Calles donde una vez sentí el amor que ahora
     no recuerdo. 

De "Buenos Aires mi amante"




LAS CALLES

5

Porque a veces me llamo
y no estoy,
y soy alguien que ha nacido en el horizonte
de un país desconocido,
alguien que se invade de misterios
y le pregunta a un pasajero distinto
-¿Quién es ese que soy yo, que soy yo mismo?
-¿Quién es ese que escribe letras intraducibles
en medio de la noche?
Y la misma voz me responde –Tu otro yo,
el mismo que posee la distancia
     de un relámpago,
el mismo que saluda al alba en medio
de las horas primeras de la sombra,
el mismo que habla al sol aun cuando
las estrellas pongan sus luces más brillantes.
El mismo que tritura su ilusión
para saber si tiene la fuerza infinita
de una luciérnaga brillando
a pleno día.

Porque a veces es necesario tocarse
     para adentro
para saber si es uno, uno mismo.
Examinarse de pensamiento a sangre
para alumbrar a la razón más fuerte.
Y buscamos distinguir lo que hay más allá
     del más allá,
buscamos decir algo no dicho,
y hay tanto que se esconde tras el biombo
     del sonido
o en esas escrituras
     de signos diferentes.

De "Buenos Aires mi amante"




Poema extraido de su libro "Apenas un Cuidador de Palabras" 
Torres Aguero Editor - 1995

I

Yo me interno en la ciudad del misterio
con gusto a eternidad.
En ella quiero escubrir el pasado aún ignorando
el párpado del tiempo que transporta los ojos
abiertos de la tierra
Así saludo con las manos y las lágrimas a los que están
partiendo en su eterno retorno.
Veo sus rostros en las flores o en el vuelo del viento
o en las semillas de una idea que reúne a los hombres
o en las bebidas que nos traen la última pasión
o en el temor que a veces languidece por no encontrar
otra salida
mientras arrastro el dolor y la alegría a la manera de un
largo rosario de hojas secas
y toco mi cuerpo como si tocara la eternidad. 

Y me siento a escribir y quiero alcanzar el olvido.
¿Es acaso el olvido la muerte que pasa?
¿Por qué siempre la vida se nutre de abismos y eternas
preguntas?

Ahora viene hacia mí alguien que nunca he conocido
naciendo dentro de mí mismo.
Después la alquimia emprende sus cuentos
más brillantes
y la verdad estalla en un sollozo.

De pronto una mujer suspende en su cuerpo
todos los deseos de la tierra bailando con el
tiempo.

Se detiene la vejez en un recuerdo y es joven de repente.

En tanto la fatalidadconstruye sus propios rumores.
Sin embargo la duda está en ti que todo lo explicas
callando en una sencilla esperanza
o en el milagro de sangre que brilla en un gesto soñado

¿y si fuera verdad que estoy viviendo?



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