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viernes, 14 de septiembre de 2012

7877.- MATILDE GRANADOS



MATILDE GRANADOS (Trujillo, PERÚ 1986)
Matilde Granados Requejo nació el 6 de octubre de 1986 en la ciudad de  Trujillo, pero casi toda su vida ha transcurrido en Chiclayo. Estudia Lengua y Literatura en la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo (Chiclayo) . En el 2000 se hizo acreedora al 2do puesto en el concurso literario Lundero en el género poesía. El año 2007 publica su primer poemario Para oír el solfeo exiguo de mi cuerpo. Ha participado en diversos recitales, encuentros y festivales literarios. Sus poemas han sido publicados en diversos medios de difusión literaria como la revista Hybrido y Cinosargo, la página virtual de poesía contemporánea Urbanotopia y el semanario El Búho entre otros medios de difusión literaria. En la labor de gestión y promoción cultural ha organizado los “Martes de Café Literario” en el Instituto Nacional de Cultura - Chiclayo (2007), el Recital Poético Musical “Gota de Luna” en el Teatro dos de Mayo de Chiclayo (2007), el Festival Cultural I Fiesta del Diantre “Invisible Sueño” (2008), lI Fiesta del Diantre “Ultima Palabra” (2009) ambos realizados en el Instituto Nacional de Cultura- Chiclayo. Fue coorganizadora del I Encuentro de Poesía Feminópolis (Trujillo - 2010). Es coordinadora general de la asociación Kaypi Kani en la ciudad de Chiclayo. Dirige su blog “La casa de la Bella Durmiente”:  http://lacasadelabelladurmiente.blogspot.com/


1

Baja como bajan las olas
que mojan nuestros pies
a la orilla del mar.
Llega hasta mi alma
y quédate con ella.




2

Eres el poema
que danza mi llegada,
la canción que canta el mar,
la lluvia que se emociona
al ver crecer a las flores.
Eres tú mi pequeño dragón
el que procrea luz
al corazón del sol.



3

sólo quiero que estés aquí
seduciendo sin límites
cada extremo
de mis más oscuras poblaciones,
que silencies la ciudad
y que abraces sin cansarte
todo mi universo.



4

Mamá conviérteme en la niña
de ojos conmovedores
difíciles de alcanzar,
regálame un bosque
donde toda la vida
retoñe en complicidad
con la libertad,
procrea para mí
los más hermosos amaneceres
y cédeme otra vez
un espacio en tu vientre.





15

Pedacito a pedacito
me he formado.

Eso es lo que soy
un rompecabezas.




16

Grito tan fuerte como puedo.
Más allá de lo necesario y permitido
no importando si luego llego a herirme.
Sólo quiero gritar
gritar muy cerca, en el oído de mamá y papá.
Gritarle al mar porque nunca llegué a nadar.
Gritarle al cielo porque hasta ahora no nos revela su verdad
y siempre está envuelto en aquella espuma celeste,
entre telas blancas y azules.
Gritarle al tiempo por haberme acercado a la edad de los dieciocho años.
Gritarle a mis dos únicas muñecas
pues ahora no significan nada.
Gritar, gritar y gritar
para no saber de la muerte,
para no contarle los años a la vida
para estar siempre cerca de la soledad.
Porque no todos gritan,
porque no todos quieren gritar
tan fuerte como yo deseo hacerlo
en este instante.




18

Deseo caminar por la ciudad
con los pies descalzos
escribiendo poemas
y en cada paso mío
ir desprendiéndome una a una
de todas mis prendas.
Que sólo sea
la propia naturaleza
de mi piel la que me cubra.
Caminar riendo, despreocupada
del tiempo y de toda mi vida
hasta llegar a un jardín cualquiera
donde pueda estirarme cómodamente
y contemplar el quieto cuerpo de una flor.





19

No puedo dejar
de mirar mi cuerpo
que tirita recostado
sobre un papel en blanco.




8

El cielo a veces se esconde
tras los cerros,
se quiebra ilumina y canta.
El cielo exprime su dolor
en la lluvia y florece
sobre los campos.
El cielo juega a ser Dios
cuando descubre
nuestros ojos inofensivos.

El cielo soy yo.


Del poemario “Para oír el solfeo exiguo de mi cuerpo” 
(Prometeo Desencadenado – 2007) 




1

Eres tú
el miedo más grande
que pude tener.

Me haces parecer débil y cobarde.

La poeta más mediocre
que la tierra haya conocido.

Eres tú,
el miedo de nuevo
aquel que cubrió mí cuerpo de placeres,
y me arrojó a conocer otra oscuridad.

Tú,
otra vez,
el miedo que esclaviza mi alma
y la torna callada, sumisa, abnegada, tonta, enferma.


2

Tu miembro flota
en mi interior
como un globo en el aire.


3

Me meto debajo de tus sabanas,
Te palpo, te acaricio, te exploro.
En eso recuerdo mis clases
de anatomía y voy marcando
las partes de tu cuerpo con un beso
cada uno de forma diferente
para no equivocarme.

Llego hasta tu corazón
y me quedo en él
para ser tu sístole y diástole
tu doble circulación que navega
dentro de tus venas.

Me meto debajo de tus sabanas
y si yo quiero me meto en tu vida.
La tomo, la hurto, la hago mía,
sólo mía, de ningún otro u otra,
de ningún santo o Dios en la tierra.
Mía, solamente mía.


4

Y tuve miedo de no ser siempre como antes, de verte a los ojos. Sentí que nos podían atrapar y que nunca mas te iba amar de la forma que siempre lo había echo.
Me pregunte por qué lo hacíamos y simplemente seguimos sin detenernos. Mi boca se abría y se cerraba, la lengua se me perdía entre la tuya, tu mano acariciaba y calentaba toda la dimensión de mi cuerpo.
Todo ese día fue raro porque seguí con los ojos cerrados. Era la única forma de tragarme el temblor de mi miedo y de hacer silencio. Te pregunté hasta donde avanzaríamos y la respuesta se desvaneció en tus ojos.


5

Salieron de casa. Hoy sus caricias cumplían unos meses más. La noche se veía ardiente sobre sus cuerpos. Se acomodaron a beber unas cervezas en el parque que frecuentaban y donde siempre conseguían olvidarse del mundo. Ambos sintieron llegar curiosas sensaciones. Él, sentía que una espesa marea bajaba directo hacia sus entrepiernas, que no podía detenerla. Ella, medio acalorada buscaba nerviosa la frescura del aire. El deseo era cada vez más grande, tanto que quisieron tirarse sobre lo que fuese. Caminaron emocionados unas cuadras, hasta que llegaron a un hotel cercano. Eligieron un cuarto. El que esté más alejado del ruido y les permita tocar el eterno color del cielo. Nada los perturbaba. Sus mentes ya estaban proyectadas. Él, apagó las luces y abrieron un poco las cortinas para que solo se vea levemente la curva de sus cuerpos.
El ritual se inició. La fue desvistiendo como si deshojara una margarita. Esa noche se besaron eternamente. El primer intento dolió. Un susurro parecido a una última canción del mar logró aliviarla. Siguieron y siguieron por toda la habitación hasta perder las fuerzas.
La vida les entregaba otro amanecer que traía con fuerza un día soleado. Camino a la calle, ella recordaba las palabras de su madre. Una sensación de molestia brotó en su interior. Cerró los ojos para olvidar y sentir que todo estaría bien. Que ella seguiría siendo la misma chica de siempre.




1

Sólo quiero que estés aquí
seduciendo sin límites
cada extremo
de mis más oscuras poblaciones,
que silencies la ciudad
y que abrases sin cansarte
todo mi universo.


2

Descarrila mi equilibrio,
aborda sin miedo
el latente sonido de mi alma,
deletrea mi nombre
como si fuera el canto
perfecto de los serafines.

Y descúbreme en tí
una y otra vez.


3

Es la noche
quien nos permite
ver más intensa
la claridad del
sol en nuestros ojos.


4

Deseo caminar por la ciudad
con los pies descalzos
escribiendo poemas
y en cada paso mío
ir desprendiéndome una a una
de todas mis prendas.
Que sólo sea
la propia naturaleza
de mi piel la que me cubra.
Caminar riendo, despreocupada
del tiempo y de toda mi vida.
Hasta llegar a un jardín cualquiera
donde pueda estirarme cómodamente
y contemplar el quieto cuerpo de una flor.


5

Te alejaste como una hoja
que se pierde a través del viento.
Desapareciste en el tiempo
como un poema mal escrito.
Caminaste rápidamente
por ese callejón oscuro,
lleno de gentes extrañas,
que no te pude alcanzar







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