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miércoles, 17 de abril de 2013

ANTONIO REDONDO ANDÚJAR [9728]



Antonio Redondo Andújar
Nació en Almonacid de la Sierra (Zaragoza) en 1966. Desde 1988 reside en Barcelona. Es licenciado en Filosofía. 

Ha publicado los siguientes libros o folletos: 

“Fantasmagorías entre poemas de amor que no deben ser cantados”. Institución Fernando el Católico. Colección San Jorge nº 61. Zaragoza. 1991 
“Tríptico doloroso y otros relatos”. Institución Fernando el Católico. Colección “Isa­bel de Portugal” Narraciones nº 12. Zaragoza. 1993
“Nicodemo –tragedia-“. Las palabras del pararrayos nº 4. Barcelona. 1996 
“Memoria de la soledad arrebatada”. Puente de la Aurora. Cuadernos de Literatura XVI. Málaga. 1997 
“Fragmentos de una oda”. P.O.E.M.A.S. nº 116. Valladolid. Febrero 1998
“Sin historia”. Vinalia bolsillo nº 2. León. 1999
“Canción del peregrino”. (En el libro “Poemas 1999") Ayuntamiento de Zaragoza. Colección Cultura Popular nº 49. Zaragoza. 1999
“Paráfrasis de «La idea» –una lectura de Frans Masereel–”. Iralka literaria nº 9 (separata). Irún. Octubre 1999-Abril 2000
“Telegramas”. (En el libro “Poemas 2000") Ayuntamiento de Zaragoza. Colección Cultura Popular nº 51. Zaragoza. 2000 
 “Fábulas humanas”.  (Edición digital) Manuscritos.com. Madrid. 2001
“Nicodemo”. (Edición digital) Manuscritos.com. Madrid. 2001 
 “Fragmentos de invierno”. Cuadernos del Mar de Alborán VI. Málaga. 2002
 “Orfeo desterrado”. Islas del recuerdo nº 20. Málaga. 2003
 “Drama sin nombre”. Revista Literaria Baquiana. Anuario IV, 2002-2003. Miami. Estados Unidos. Octubre 2003
 “Haikus iluminados”. (Edición digital, con fotografías de Eulalia Redondo Andújar) El Rincón del Haiku. Sevilla. Marzo de 2004 
 “El escudriñador”. Revista literaria Baquiana. Anuario V, 2003-2004. Miami. Estados Unidos. Octubre 2004
“La noticia alarmante”. (En el libro “La ciudad de los muertos”). Ediciones Parnaso. Colección Vórtice nº 4. Granada. 2005  
“Hacia un nuevo archipiélago”. Certamen Literario “At Fontes de la Cueva Negra” 2003-2004. Fortuna (Murcia). 2005
 “Oscuro soliloquio”. Revista Literaria Baquiana. Anuario VII, 2005-2006. Miami. Estados Unidos.  2006 
“De mi templo ya en ruinas”. Certamen Literario “At Fontes de la Cueva Negra”. Fortuna. Murcia. 2008.


Ha participado en las siguientes antologías o libros y revistas monográficas: 

Poemas a viva voz, II. Antología poética. Institución Fernan­do el Católico. Zaragoza. 1989
“Poesía al desnudo”. Factorum nº 3 Vitoria. Otoño/Invierno 1997 
Panorama de la poesía última española. Europe Plurilingue nº 24 (pág. 166). Neuilly sur Seine. Avril 2002 
Monográfico ¡No a la guerra! El fantasma de la glorieta (Edición digital). 2003 
Sueños del rey Rojo, especial literatura infantil. El Problema de Yorick. Año IV – nº 6. Albacete. Otoño 2003 
Antología de la Guerra. Poetas.com (Edición digital). Noviembre 2003
3º Festival – “Palavreiros – Día Mundial de la Poesía”: “Por la unión de los pueblos a través de la poesía”. 
Pablo Neruda – 100 años (1904-2004). Palavreiros. Portal Brasileiro de Literatura. 2004 
Toro de Hierro. Premiados “1er Concurso Toro de Hierro de Poesía Antitaurina”. Ediciones Toro de Hierro. 2004 
Encuentro con: Alonso Cordel (Edición en CD). 7 de junio de 2004 
Canto a un prisionero. Antología de poetas Americanos, homenaje a los presos políticos en Turquía. Editorial Poetas Antiimperialistas de América. Ottawa. 2005
La ciudad de los muertos. I premio Vórtice de ciencia ficción y finalistas. Ediciones Parnaso, Colección Vórtice nº 4. Granada. 2005 
El fantasma de la glorieta. Revista de literatura. Cuarta época. Primera fase (Edición en CD). 
2005 Tripulantes. Nuevas aventuras de Vinalia Trippers. Selección de Vicente Muñoz y David González. Editorial Eclipsados. 2006 
El fantasma de la glorieta. Número especial dedicado a la literatura fantástica. 2007   

Ha publicado, asimismo, numerosos poemas y cuentos en diferentes revistas digitales e impresas.





 [PRIMERA]

Sale de mi espíritu.
La calle está habitada
por seres ridículos.
La vela se consume.
Por los pétalos rotos
entró la primavera.
Un humo sale de mi espíritu.
Ven de nuevo cubierto de anatemas.

     (El gato maúlla
escondido entre legajos,
papeles de muertos,
siniestros pasillos,
polvo acumulado
para acabar con la raza.
Sigue sus pasos...)

     Volveré a recorrer
el sendero de flores.
Las pisaré accidentalmente
como sólo la muerte
es accidente.
Me tenderé en la hierba.
El árbol que no es mío
esconderá en su seno
miles de insectos
y dará miedo a los niños.
Los pinos esconden
un jabalí inexistente.
Sólo el temor
antes de beber del manantial,
sólo el temor.

     (Escucho una armónica.
De mayor
quiero tocar la armónica).

     Me asomo entre las peñas.
Veo el bosque que fue mío.
Pienso en el suicidio
entre las peñas.
Sé que es pecado.
Me entristezco. Desciendo.
Me tiendo sobre la hierba.
El viento es enemigo mío.
Me olvido de comer.
Sólo tengo celos.
El agua es cristalina.
Mojo mi cabello
intentando apagar
el humo de mi espíritu.







[SEGUNDA]

Uno, dos, tres, cuatro, cinco
querían matarme.
Yo les dije: “¡Mañana!”,
pero insistieron con sus cometas
hasta que no quedó nada más que altura
y pétalos de cera deshojados en el suelo.

     (Han de volver por mí
para impedir que colme de palabras
este extraño poema).

     “Pronto -dirán-
se queda solo
como arpegio simbólico”.

(¿Dónde está ese fulgor
que amamanta a las flores?
Hemos derribado
mi sombra y yo el sepulcro
de la existencia inicua).

Y luego les diré:
“Cuando volváis por mí
sólo hallaréis desierto”.







[TERCERA]

Abrí la mohosa puerta:
sus goznes cedieron.
Insectos diminutos resbalaron del dintel
e hicieron nido en mi pelo.
Pensé: “no importa”.

     (En el umbral tragué la oscuridad
poco antes de que ella me tragara.
Mis pies descalzos parecía
que acariciasen piel.
Un insecto había descendido hasta mi ojo
y se deleitaba contemplándose
en el espejo del iris.
Vi señales en el muro
que no supe descifrar.
El insecto trataba de alcanzar
el secreto de la vida
adueñándose de mi ojo
desnudo y desvalido.
Quise salir por otra puerta mohosa,
custodiada por tres mujeres impuras.
Sus uñas afiladas y sus dientes lascivos
hicieron de mi cuerpo
una mortificación, pero vencí).

     Abrí la mohosa puerta:
sus goznes cedieron.
Insectos diminutos resbalaron del dintel
haciendo nido en mi pelo.
Y yo pensé: “no importa,
si puedo ver la luz
con mi único ojo”.







[CUARTA]

Inclinarse, inclinarse
sobre la flor abierta,
sentir su languidez,
lamer sus pétalos, su tallo
penetrando en la tierra...
Devoradlo,
mas no toquéis la tierra.

     (Esconded el demente sosiego,
transformadlo en continuo arrebato).

     Dulce, dulce placer
acariciar el espumoso polen
y dejarlo en el aire
para que renazca de nuevo
esta vida inaudita y solemne.

     (Desaparece pronto la quietud,
se transforma en continuo holocausto
para caer después
en un vacío ancestral,
en una lúgubre noche de silencio,
en un vacío seductor y maníaco).

     Se ondula, se contonea
y cae.
El viento es el asesino,
el hombre es el asesino.
Todo tiembla,
mas la flor necesita
su polen seductor,
nuestra caricia efímera...

     (Se desea colmar
de peces el desierto
con la sola esperanza
de encontrar un oasis).

     Entonces, sólo entonces
la flor se desvanece
y pasa a devorarla el hombre
sin masticarla apenas,
sin lamerla siquiera.

     (El hombre entre las flores
o una única flor...
¿Has visto en esta estampa
una mujer?).







[ÚLTIMA]

Dame un vaso de vino.
Tengo el corazón
perdido en un punto
de un viejo mapamundi.

     (Un león al volver
la esquina de mi casa
me devoró y yo grité:
“¡Madre!”).

     Es absurdo pensar.
El campo siempre será verde.
En otoño, amarillo.
Y los árboles
devorarán la tierra,
dejándonos huérfanos.
Mañana
volveré a comenzar
amándote y amándome,
como si todo fuese
un tren estacionado
pero, a la vez, móvil
o una cometa que gira
sobre un eje invisible.

     (Cayó un rayo del cielo.
    El árbol no pudo escapar.
Se desbarataron
todas sus miserias.
Todos sobrevivimos
al naufragio.
Todos,
menos la muerte.
En la Iglesia
todo continuó sumido
en su rito ancestral
de eterno sacrificio.
Se incendió el confesionario.
Las campanas repitieron
su monótona existencia.
Olvidé mis naipes
y volví apresurado
donde todo se confunde
con lo verde).

La mutación llega al pájaro.
Huyen y permanecen.
Sólo ellos conocen
lo atemporal, lo inaudito.

(Se apagaron las velas.
Una ráfaga de viento
ha poseído el mundo.
Las ratas y los gatos
están muertos).







El poema posible


LA voz se aleja
como la nube huye
un invierno del cielo.

Se enorgullece un pueblo
si maquilla su faz,
su faz de podredumbre.



SE acercan las nubes,
sus alas de agua.

La noche se ha postrado,
como un perro, a mis pies
y un ángel nos envuelve.




EN el agua,
en los cálices,
en la sombra,
en el llanto,
en el remordimiento,
en el cielo...
yo canto.




EN la frente
un árbol deshojado:
el poema posible.




EL llanto, la herida,
el verso derramado:
el espejo de agua
tras el que te persigo.




EL ángel de la noche
muerde la luna blanca
que ha crecido
en tu pecho.




HAY sed en las alcobas
cuando al caer la noche
me arrancan del poema.




POR las paredes tristes
un río se desliza
como una enredadera.
De él brotan negros cuervos
que con sus torpes picos
golpean nuestra puerta.




HABRÁ de ser hermosa
la muerte, pues se oculta
como oculta la vida
su beso más profundo.




NO se apena la luz
por ser negada.
Se apena cuando emprende
temblorosa
el duro recorrido
de un rostro envejecido
por la pena;
se apena cuando escapas,
aún niña, de mis manos.




SOBRE el soporte estéril
del suspiro
hoy he escrito estos versos.
Mi habitación
no tiene enredaderas
y el ángel de la noche
ha huido de mis labios
y ha vertido su sangre
en las negras acequias.




DERRAMO mis palabras
sin sentido
en tu tibio regazo.
En tus brazos las meces
y un resplandor sin nombre
con su fulgor nos ciega.




LA luz más verdadera
se ciñe a tu cintura
como se ciñe al cielo
de un desolado día
el difunto matiz
de la pena uniforme.




LA vida es un desierto
poblado de amapolas
cuando la voz del hombre
es un triste relámpago
que brilla mientras dura
el tiempo de la siembra.




TU sed, por tan profunda,
descansa entre las hojas
de un libro aún en blanco.
Una serpiente fría
se arrastra lentamente
desde el lejano día
en que nacimos todos
a un amor ya sin luna.




EN tu cuerpo descansa
un alba adolescente.
Es hermoso y es triste
ver tus manos atadas
por algas de desidia
y sospechar que aún amas
el olor del incienso.




¿DÓNDE irás, amor mío,
cuando otra luz me envuelva
y anuncien los clarines
el fin de la partida?




CUANDO no queda nada
un ciprés nos entrega
raíces de ternura.








El silencio quebrado

El silencio quebrado,                                                                     
el humo de las fábricas,                                                      
la luz que no es luz sino luz violada.                                                      
Sobre el asfalto azul el cielo negro.                                                    
Caminando, caminando,                                                                
porque este caminar                          
no es ese repicar de esquilas torpes,                                                     
porque este caminar es ciego                                                             
como innúmeros alacranes devorando                                                         
las matas de tomillo,                                                                 
esas noches de luna hacia la ermita,                                                    
esperando los gritos de los grillos:                                                 
un grillo puede ser                                                                     
como un tenor dormido e insistente,                                                     
con su sola canción que se desvive                                                        
y oculto, como la muerte, entre la hierba.                                               
¡Oh humo de las fábricas,                                                              
silencio quebrado para siempre!              






Los muertos me sonrÍen

He sabido de mí y lo que he visto                                                            
me ha parecido un sueño, una mentira.                                                     
He sentido la piel extasiada y silente.                                                     
He sentido en mi nuca                                                                    
la primitiva mueca del dolor.                                                                 
                                                                                      
Silencio: estoy armado.                                                                      
                                                                                              
Me ha cegado la ausencia.                                                                     
La luz, sus dos matices,                                                                  
han huido del marco de este cuadro                                                        
plasmando un aquelarre sin fantasmas.                                                         
                                                                                        
Lejos conmueve el viento                                                                
los árboles y el agua.                                                                          
El río oscurecido                                                                          
va perdiendo su cauce y su caudal.                                                            
                                                                                             
Estoy resucitando                                                                       
y los muertos me sonríen.      



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