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jueves, 23 de mayo de 2013

PEPE MAIQUES [9968]



Pepe Maiques (Valencia, 1955). Estudia Historia Moderna en Granada, donde participa en la creación de Teatro Ilíbero y en Colectivo 77. Durante casi 20 años vive en Barcelona. Profesor de educación primaria y técnico de cooperación local, se muda al Prat de Llobregat en el 96. Colaborador de El Prat Radio desde 2002 en distintos programas de música y literatura, actualmente produce Diumenjazz. Forma parte de Sopa de Poetas desde su inicio en 2005. Con Sopa organiza lecturas, acciones poéticas, un blog en internet y crea Poetango, un montaje sobre poesía argentina. 







el extraño refugio de la felicidad
se compone de espera y piedra
cielos rojos cosidos al temor
alejamiento
muchedumbre
o sombra.

el refugio se mueve una vez y otra vez
y no descansa
va por el mundo roto en la madera
va por la fiebre incauta del dolor
encendida en cada boca enferma
de palabras infames

pues ni el lugar ni el tiempo existen

sólo hay huellas puestas a secar
en el polvo esparcido
por la unanimidad de la desgracia






otro vagón de cola con letras plateadas
azules un aviso por más que conocido
incomprensible

como una alarma que no me obliga o una sirena
en medio de la noche

pero ahora me despierta
me conmueve
nada más que para deshacerme del silencio

y aturdirme otra vez con la respuesta
a la misma pregunta
que sin embargo en sueños
ya había comprendido

igual que se agradece y se ignora el paso de las nubes

la suavidad al andar sobre los adoquines
gastados de la calle

septiembre soleado
la tarde por delante





cada ropa se sostiene en los hombros la espalda
las caderas de los lentos maniquíes humanos
especies que acaban su jornada alejando palabras o quejas
rumores en el piso de abajo
empeños entornados en el patio de luces

incómodo asistente
incomodado
vecino imitador oigo
subir esas conversaciones o quehaceres

sorda fotografía de cenas silenciosas
aceite destruido que trepa el cielo raso

reproches acolchados de humo frío
también predestinados
hasta el amanecer

una prenda tendida se detiene sin cuerpo
en el patio se escucha su respiración hueca
su desdicha caída entre murmullos
que se asoma a los restos de cielo

ahora que ya por fin
o por deseo propio
vamos a cara o cruz
a ningún sitio






VI

Otoño está cayendo por su peso
araña la retina y debe arder
los cuadernos están abajo mohosos
apilados en el sótano pensativo
¿sabré descifrarlos otro día?
quizá estoy oyendo sólo crujidos
de papel 
roces de tinta vieja
indiferencia

pero también pasos en la lluvia
charcos 
espejos de agua derretida
entre una sombra de casualidad
de la que no puedo rescatar siquiera
una dañada ensoñación

la noche en que nos enterramos
en una cama honda
oscura 
en tierra 
respirando sudor como animales

luna rabiosa 
madrugada
y árboles plateados y todo el cielo
encima de nosotros
restregando las bocas en la piedra
la sangre temblorosa

y el mar ahí abajo retirándose

pero ahora está precintado el pensamiento
y mi carne se arrastra por el piso
para ser revendida en el mercado

otoño está cayendo por su peso
araña la retina
debe arder





Poemas de Prótesis


el hombre que golpea que descarga su mano
y le hace vomitar en el pasillo

sale en marzo con cajas de cartón al patio
al viento
prende la mecha rápida

una carcasa le revienta la mano
se mira los dedos descolgados la sangre
que baila en la muñeca

es su propio verdugo

el otro observa con repulsión alivio
con alegría oscura

el escondido







el desnudo ha salido entra la parca

el incienso del hombre ensucia el patio
con plegarias muertas

hay carbón en los ojos del viejo

la lengua arde
pudriendo habitaciones
sobre la carne entumecida

desde aquí puede oirse
cómo palpita la boca turbia del poema

la lengua calcinada de la tierra que habla

De: Prótesis, Rúbrica Editorial, 2011.






cuerpo alejado del sótano del día 
habitación caliente

penumbra en oleadas debajo de la sábana 
que el mar alarga al fondo de los cables

la carne seccionada 
por hábiles mecánicos  
extendida con ganchos
                                        de metal
                                                  abierta en hueso

acaba de advertir la gratitud en la vena  
de los cuerpos celestes
buscando cancelar el dolor

sólo por esta noche

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