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martes, 31 de julio de 2012

7492.- PAÚL PUMA


Paúl Puma, Quito-Ecuador, 1972. 
Poeta, dramaturgo, guionista y editor literario. 
Miembro del Comité de Lectura de Editorial Alfaguara, 2005. 
Fue designado por la Revista Vistazo como “el representante más importante de la nueva generación de escritores jóvenes del Ecuador”, mediante un estudio realizado entre el público, los escritores, los editores y los críticos literarios del país, Quito, mayo de 1999.

Ha escrito para teatro: El Pato Donald tiene Sida o cómo elegir los instrumentos de la desesperación (1996), Mickey Mouse a gogo (2001) y El príncipe infeliz (2005). 

Ha publicado los libros de poesía: La Teoría del Absurdo (1994), Los Versos Animales (1995), Eloy Alfaro Híper Star (2001), Felipe Guamán Poma de Ayala (Premio Nacional de Literatura Aurelio Espinosa Pólit de Poesía, Editorial Planeta, 2002) y Pi: Guayasamín-Stornaiolo, Casa de la Cultura Ecuatoriana y Gobierno de la Provincia de Pichincha (2010), Paúl Puma: Antología Personal, Editorial Mar Abierto Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (2011). 

Ha representado al Ecuador en varios países de Latinoamérica y el mundo. 

Único representante del Ecuador para Latinale, Festival de Poesía de Vanguardia Latinoamericana, 12 poetas de América, en varias ciudades de Alemania, auspiciado por el Instituto Cervantes de Berlín. Ha sido incluido en varias antologías, ha participado en diversos festivales y simposios internacionales especializados en Literatura. 

Su obra ha sido traducida a diferentes lenguas. 

CONTACTO paul3puma@yahoo.com





Fragmento Natalia Bonjour o Los textos del adiós 
Después.

Coma.

Después llegó la carnicería de tu voz,
pppppphhhhhpppppp,
la circunstancia pulmonar
de tu sonrisa hígada,
(mi nataly monroe),
los cientos de capítulos cardíacos.

Erectos y-a-s
de tanto amanecer freudiano.

Lasaéreaslenguaseterizanenelbailecosturero
seterizan
amoratadasubrogadasicoterapiadas.

¡Cada grrhomm
en todo hilo del vestido!

Tuvimostelevuelostusaurorasbidimensionales
conpasioneselectromagnéticaslosllantosfotocelulares
ritmostelevisionariostribilines
draculines.

Llegó la carnicería...

Aprendí a amarte
en estampidas antropófagas
geógrafas,
gg,
retorcidas
en su fruta animal
ttttttttttt
sss
ulfuricas
caricias
alterado origen yegua, burro,
yegua intransitivo, por su origen
cáliz,
copa,
in-reflexivo,
cáliz,
sí, sí, sí,
te conocí:
“Sabes
hay universos musicales debajo de estas,
tus uñas,
y en sus latidos mares
que nunca habitarás
nn
más adentro,
en sus moléculas,
dibujos de abriles
esperando tus versos,
pero nunca los tendrás,
qqrrr,
tiemblas,
nocturno y con nada,
mordiéndote sin dientes
el cosmos del prepucio
ttt
creyéndote tiempo de aves marinas,
pegado a un corazón lleno de olvidos
y sistemas de knn knn herido,
cercado por gacelas de sangre
y ocasiones negras
tiemblas.

Fugaz entre las bestias,
llegas a penetrar materias anti-letras,
los latires de la ausencia,
juegas
navegando entre las cosas,
ecos,
vacíos,
sus cenizas…

Y tiemblas.





Fragmento del libro de poesía: FELIPE GUAMÁN POMA DE AYALA
(Erudito del Tahuantinsuyo)


Oh Wuamán, abuelo mío:

Perezca el momento en que fuimos partidos.

Perezca ese impenetrable árbol de la carne.

Perezca el día en que naciste y yo morí.

Sea sombría la pirámide en que hemos de llorar:

ramal bordado con nubes de sangre:

rasgos en nudos que retornan a la madeja de la
recordación.

Suma de la soledad en la penumbra del agujero negro
que finge ser un lunar en tu viejísimo cuerpo,
más que los ojos escondidos de Sacsahuamán
o la cabeza de nuestro imperio
en el centro de la perfección de la afonía,
en esa ciudad de amautas y aravicos y quipucamayos
y tejedores de ponchos con más de siete muertes
que se vuelven contra sí
para recordar que aún están vivos.

Ego de la melancolía.

Invención de la Tristeza.

Pérdida.

Noche enarbolada de libélulas atroces.

(...)

Abuelo y nieto fuimos echados de las aguas
que nos originaron en las costas del Ecuador,
allí donde la cultura de Valdivia
fue retratada por epígrafes de escarcha,
imágenes de una civilización perdida
en spondylus y caracoles
que experimentaron de los labios violentísimos
del placer de la fertilidad.

¿No hemos probado demasiado polvo del silencio ya?

¿No hemos derramado demasiada sangre en el sueño del
olvido ya?

Oh,  fuerza nuclear
enorme,
electromagnética,
sonido vertebral de los relámpagos.

¿Olvido que no recuerda que todavía recordamos?

¿Fragmentos de silencio que gimen aún en estos paños?

Guamán.

Bastón del Monarca de la Tierra.

Niño traicionado por su propia palabra.

Ya no hay imagen acústica que proceda de la delicadeza del mundo,
salvo gritos sucedáneos en esta caverna de hielo,
salvo niños que han nacido para morir aquí,
salvo ojos que nacieron de la oscuridad y vuelven a la
oscuridad,
salvo una constelación dispersa de indios que vienen a
morir en estos acordes de seda.

Nosotros.

Tú y yo.

Los primitivos habitantes del Cuzco:
Mitad del Mundo,
ecuador,
línea equinoccial,
luz del cenit,
ego de nuestra riqueza,
ombligo de nuestra naturaleza,
centro de nuestra memoria andina,
repetición ritual de la reconstrucción infinita de la
ciudad sagrada,
virgo solar,
palacio del instante,
signo de nuestro orden,
energía,
identidad.





FELIPE GUAMÁN POMA DE AYALA


En el principio
reinaba el silencio.

La tierra de tu nombre estaba desmemoriada y vacía.

Las tinieblas estaban sobre la faz de las palabras nunca
dichas.

Y el espiritú de dios todavía no sabía qué hacer contigo.

No era todavía el verbo.


Entonces, dijiste, para no padecer más el vértigo del vacío:


Desearía que fuera la luz de mi nombre un libro.


Pero,
cayó sobre ti la Oscuridad de lo que querías contar,
de lo que habías visto.

Y dijiste:

Desearía conocer, entonces, la cifra exacta de las elípticas que
realiza la letra p en su vuelo desde lo que no es en el punto espacial
y temporal N hasta el punto WTBX333TR de lo que es.

Y,
en sueños,
querías reproducir en la urdimbre de tu memoria un nombre
que suscite hierba verde,
hierba que dé semilla,
semilla que dé arbol,
árbol que dé fruto,
y mientras dormías,
sonreías,
porque el sueño de la memoria existía.

Pero despertaste.

Y al no encontrar ni tan siquiera una noción de ti, nada,
salvo unos poemas tejidos a mano
que tus hermanos llamaban khipus o ponchos,
mordiste sal,
te arrancaste los cabellos
y blasfemaste contra Dios y contra Vuestra santidad
y separaste las aguas de tus propias lágrimas.

Entonces,
decidiste quemar sobre las piedras de tus ancestros
cada hilo,
cada línea,
cada texto dibujado o escrito.

Y enjugaste las aguas de tus ojos con tu propio cuerpo,
y contaste las líneas de tus manos que fueron descubiertas
y escuchaste la voz del Mar, el Cielo y la Tierra.

Y llamaste a tu texto Corónica como si con eso hubieses
separado la noche del día.






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