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viernes, 2 de agosto de 2013

LETICIA HERNANDO [10.336]


Leticia Hernando nació en Buenos Aires en 1976. Es estudiante intermitente de la facultad de Filosofía y Letras y actualmente se encuentra incursionando en las artes plásticas. Desde el año 2009 desarrolla el proyecto editorial La mariposa y la iguana junto a la poeta Dafne Pidemunt. Tiene publicados los libros de poesía La alegría del desarreglo (2006) y Loba de Sueño Rosa (2010). 
Ha participado en Si Hamlet duda le daremos muerte: Antología de poesía salvaje (2010).






Asilo

Tus manos una contra otra
bajo tu mirada        tus manos

una contra otra       tus uñas
negras laceran.

Laceran.






Asilo II ( un sacrificio a ojos abiertos )

Alguien yace su último poema:

  mujer insólita habla
  descalza la sonrisa
  abierta
  a los costados/
  autopista/
  acechando/
  y vuelve,
  todavía viendo todavía pisando

y espera.






Asilo III

 ( Me mira con ojos estáticos de otro lado )

Estática,

 no soy más
 que unos ojos acuosos.

Acuosa,

 no soy más que el balbuceo
 de unos ojos,

    una sonrisa opaca y mendiga.







Un sacrificio a ojos abiertos II ( Asilo IV )

“Alguien golpea en las venas.
Voy a abrir.”
-Daniel Grad-

¿Hay pasión estéril a la que no cobije?

¿piernas que no aprieten la garganta?

¿Mujer que no golpee en las venas? Oscura. ¿Que no sonría?









Asilo V ( acechar )

¿Quién se disgrega
y se repite frente a un espejo
( imagen que contiene )
y junto a su sombra
a los pies de quién
siempre mide
comprueba su pulso,
ríe?








Asilo VI

por aprender a arrastrarse,
por des-aprender a levantarse:

 ( mi lengua lamiendo las baldosas
 ásperas, heladas, olvidadas… )








Asilo VII

Antigua.
Retorcía las manos en el aire
inventando sombras
contra su sola, propia cama.
Nueva.
Engendra un ojo negro.
Pierde la mirada.








Hasta la madrugada

Hasta la madrugada
en las calles solitarias
en los bares vacíos
en ese niño perdido
en la plaza sin gritos
en las persianas bajas
se refleja la luz apagada de los faroles
que iluminan la triste noche que pasa.

Hasta la madrugada
donde su luz apenas surgente y ya gastada
muestra los primeros pasos febriles del día
se siente esa calma acompañada por:
la presencia de las calles solitarias
el llanto de ese niño perdido
el silencio de los bares vacíos
de la plaza sin gritos
de la persianas bajas.

Hasta la madrugada
en el final de la noche
se puede sentir una ciudad palpitante
antes de ser ahogada en su desesperada acción diurna
antes de ser tapada por un desenfrenado andar.

Hasta la madrugada
en su despreocupación
hasta la madrugada

late una vida que pena.






Queja de una espera

I

Hay una cortada
a mitad de cuadra
a la derecha
podes tomarla.
Tiene un pozo ciego
una sonrisa mendiga
una mano indecisa
dos pies que no caminan.


II

( si sólo pudiera alcanzarte )
( si tan sólo pudiera abarcarme )


III

Oídos sensibles ante el tiempo quedo.
un tic-tac de fondo que se hace crónico
una espera que se alarga
y,
el extravío
como búsqueda de la demencia.


IV

( demencia:
solución asequible
respuesta de una ausencia )


V

Como tanto otros
con tan poca esperanza.
Como tantos olvidos
tan llenos de esperanza.


VI

Unos ojos que esquivan
unos dedos sin piel que no acarician
y un pecho abierto
piden
el olvido.


De "La alegría del desarreglo" (poemas 1993 - 2001)







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