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jueves, 23 de agosto de 2012

7612.- HENRY VAN DYKE




Henry van Dyke
Fue un escritor, clérigo y docente estadounidense ( 1852–1933). Nació en Germantown, Pensilvania. Se graduó en Princeton University en 1873, donde luego fue profesor de literatura inglesa.
Henry Van Dyke es uno de los mejores poetas norteamericanos, y uno de los menos conocidos fuera de su país.
Fue pastor de la iglesia presbiteriana. Escribió poesía, ensayos y relatos. Fue también traductor de obras alemanas. Desempeñó importantes cargos públicos, como diplomático en Países Bajos. Ha permanecido como un autor muy popular sobre todo debido a su relato La historia del otro Rey Mago (The Other Wise Man, 1896), que se menciona en una versión ilustrada por Jackie Morris. Falleció en Princeton, Nueva Jersey.





Dulcis Memoria.

Hace mucho, mucho tiempo, escuché una canción,
(¿Fue hace mucho o sólo ayer?)
Suaves heridas se abrieron ante su melodía,
Descendiendo profundo hacia mi corazón.
Una canción de entrañable consuelo;
Que desde entonces me acompaña
En las horas más calmas y silenciosas,
Como un agudo, dulce sonido que nunca morirá.

Hace mucho, mucho tiempo, vi una pequeña flor,
(¿Fue hace mucho o sólo ayer?)
Tan hermosa en su fragancia de largas horas,
Que parecía querer revelarme sus secretos:
Un pensamiento de alegría brotó en su ser
Sin jamás pronunciar palabra; Y ahora, a menudo veo
Que esa amigable, tierna flor, ya nunca se marchitará.

Hace mucho, mucho tiempo, tuvimos un niño pequeño,
(¿Sucedió hace mucho o sólo ayer?)
Hacia los ojos de su madre, y los míos, él sonrió
Toda su corriente de inconsciente amor,
Y cobijado en nuestros brazos, así durmió.
¡Un ángel convocado! No pudimos retenerlo;
Sin embargo, nuestros brazos en secreto
Continuaron acunándolo.
Nuestro niño pequeño ya nunca desaparecerá.

¿Hace mucho, mucho tiempo? ¡Ah, memoria, aclárate¡
(No fue hace mucho, sino ayer)
Tan pequeña, indefensa y amada,
No dejes que la canción muera, que la flor se marchite.
Su voz, sus ojos al despertar, su gentil reposar:
Las pequeñas cosas están a salvo en tu memoria;
Permite que nuestro ángel habita allí, para siempre.






El Viento del Dolor.
The wind of sorrow

El Fuego del Amor ardía tan débilmente,
Que en la oscuridad apenas veíamos sus reflejos,
Y en la luz de los días plácidos y perfectos,
Sólo brillaba el eco lento de sus brasas.
En vano, para deleite del amor,
Intentamos lanzar nuevos placeres
En aquella pira hecha de calor:
A través del impasible aire de la vida,
Hemos perdido el fuego radiante
Que una vez nos habitó.

Luego, en la noche, en la penumbra triste,
Amargada por el dolor más negro,
Cubierta con la pálida niebla de mis lágrimas,
Nos unimos en un abrazo tembloroso,
Cruzando aquel abismo oscuro de salados cristales,
Sobre la vida tranquila llegó el Viento del Dolor,
Agitando la moribunda llama de nuestro amor.






La Proximidad del Amor.
Love's Nearness

Pienso en ti, cuando los rayos dorados
Del sol brillan sobre el mar;
Y cuando las olas reflejan los pálidos
Ecos de la luna, pienso en ti.

Veo tu forma, cuando en la distante mañana
Se elevan suaves nubes de polvo;
En la noche profunda, sobre las rutas de la montaña,
Yo veo tus ojos.

Te escucho, cuando las mareas del océano retornan
Y se regocijan en sonoros bramidos;
En el páramo solitario, en la quietud anhelo,
Y escucho tu voz.

Me detengo contigo, aunque tú eres lejanía
Tu sombra habita cerca.
Crepúsculo, la noche abre su puerta,
Amada, te necesito, siempre, eterna







La Ventana.
The Window

Toda la noche, por una distante campana,
Las horas fueron pasando en la oscuridad,
Mientras los suspiros de ella se elevaron y cayeron,
Y el destello de vida que en su rostro se veía,
Parecía brillar o desvanecerse ¿Quién podría decirlo?
La ventana abierta en la habitación,
Con un fuego de luz dorada,
En las sombras fue hundiéndose,
Como un ojo escrutando la Noche.

¿Qué ves en la Oscuridad, pequeña ventana, y porqué temes?

Veo al jardín cubierto por las formas del miedo. Frágiles y pálidos fantasmas bajo los árboles, Balanceándose en el frío aliento nocturno, Y bajo la frondosa sombra del laurel, la figura de la Muerte.

Las dulces, claras notas del ave vespertina,
Nos hablaron del paso de la Oscuridad;
Tal vez mi amor las haya oído,
Pues en sueños pareció sonreír,
Mientras el rayo del naciente amanecer
Habló de esperanza sin palabras,
Hasta que el esplendor del este palideció
La luz de la lámpara, ahogándola;
Y la ventana abierta lentamente giró
Hacia el interior, desde el ojo de la mañana.

¿Qué ves en el cuarto, pequeña ventana, que hace que brilles majestuosa?

Veo que la niña duerme sobre la almohada, suave y blanca, Con el rosa de la vida sobre los labios, y el aliento vital sobre el pecho, Y los brazos de Dios sobre ella, mientras plácidamente descansa.







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