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sábado, 15 de septiembre de 2012

7961.- CARLOS RAMÍREZ SOTO





Carlos Ramírez Soto (1943) Poeta peruano nacido en la Isla Lobos de Tierra (Lambayeque).Ha recibido la Diploma y Medalla de la Cultura en Poesía, otorgada por el "Instituto Nacional de Cultura" - filial Lambayeque. Carlos Ramírez Soto -el "chino", como cariñosamente lo conocen en el ambiente literario- es uno de los fundadores de la "Asociación de Escritores Lambayecanos" (ADEL). Tiene publicados los poemarios "Ínsula a solas" (1975); "La palabra entre las piernas" (1981); "El Génesis" (1983); "En Carne Viva" (1984); "Concierto" (1986); "Pinturas Callejeras y Otros Oleos" (1988); "Estampas monsefuanas" (1988); "Festín" (1989); "Homenaje a Puerto Eten" (1990), "Poesía de la mitología: Greco-romana" (1990); "Homenaje a los marcianos", "Un cuento en navidad" y "Concierto para cuerdas" (1991); "Cuando el Mar era Niño", "Letargesia" (1995); "Matices" , "Laberinto" (1995) , "Caballo Peruano de Paso"; "El orate en su espejo" (2000) y "Universo del ser" (2003) entre otros. El autor aún mantiene inédito el poemario "Puerto azul" -concluido en 1965- y que vendría a ser el primero de su obra poética. 
Su e-mail de contacto es: carlosadel@hotmail.com




La calle 
por la que hemos pasado,
nos ha mirado
como si no nos conociera;
tal vez el polvo
la volvió ciega.





Préstame, Verano,
El leño con que atizas,
Para darle una zurra
Al Invierno que, demente,
Se pasea ligero de ropas.





Es el calor tan intenso
Que después de haberme
Quitado las ropas,
Me dispongo a despojarme
De la carne.






-En un cajón blanco
Llevan a la tarde.
¡Ha muerto la tarde!
Cayó, al oeste, el Sol.






A tu velorio irán
Tus amigos y también
Tus enemigos.
Estos últimos para
Comprobar
Si el cuerpo que yace
En el ataúd
Corresponde realmente al cadáver.

Textos del poemario "Puerto azul con matices de blanco y negro" (1965).







UN VALS PARA JUAN GONZALO ROSE, EN LA DISTANCIA

Porque calló tu voz/ Gonzalo, en el dolor/
así / tan repentinamente.
La rosa derramó/ tu cáliz; y el amor,
quedó tendido, para siempre, siempre.

Gonzalo, vuelve aquí/ que el Río, habla de ti,
y son sus aguas/ tu única presencia;
ya el viento se llevó/ tu palabra, tu voz/
y en tus canciones, / murmuró la ausencia.

Gonzalo, para qué/ nos diste un ayer,
y en ese ayer/ nos colgaste un nido;
un nido, para qué/ si te queremos ver,
somos polluelos: las aves del olvido.

Gonzalo, vuelve ya/ renace otra vez; /
hazte presente en algún niño que nazca, /
o verte con la flor, / la rosa en su botón; 
hazlo Gonzalo/, antes de que yo parta.






EL VIENTO

(Poema en tres planos)

¿Qué haría con los mil nombres del viento?
¿Qué haría con el viento en mi costado?
Ponerme a meditar si es tan violento,
que pasen la borrasca y el tornado.

¿Qué haría con el viento en mi camino?
¿Qué haría con el viento y cualidades?
Trocar la brisa suave en torbellino,
mudar el estival en tempestades.

Yo siento junto a mí muy cerca el cierzo;
el simún que en el Sahara es un infierno;
los dos vientos contrarios y el disperso,
el viento que me abate el yo interno.

A veces me visitan los tifones,
el viento de este norte y el de oriente,
pues debo poseer dos corazones
y un céfiro en el alma que los siente.

Del poemario "El laberinto" (1995)





TESTIMONIO ANTICIPADO

La muerte de la mosca no es mi muerte
mi muerte es con el día que termina
agónico y nublado por la espina
de horas y minutos de tal suerte

que vengo de muy lejos para verte
araña reposando en esta esquina
Tu red por las paredes se encamina
En busca de alimentos y al hacerte

mi cómplice hoy día te confieso
lo mucho que he pensado en ese beso
de la mujer araña y en tu estilo

Parece que te hubieras ovillado
y me llevas contigo así colgado
pendiendo finalmente de tu hilo




MARÍTIMO ES MI SER

El mar se halla en mí golpeando suave
las rocas de mi eterno acantilado
y miro a ese barco que ha encallado
allá de donde emerge siempre el ave

Viviendo estoy en la vida en esta clave
cual símbolo del sol en mi costado
pues esta tarde gris en mí se ha dado
la comunión del pez y de la nave

Por eso cuando posen en cubierta
las chuitas y el zarcillo estaré alerta
para observar el vuelo tan cimbrante

del guanay que ha encontrado otra terraza
donde alisar sus plumas mientras pasa
el tiempo en el navío agonizante


Del poemario "El universo del ser" (2003)




LOS OJOS INSULARES

Yo puse el verbo; Ella ¡la mirada! y un Dios ¡negro! ¡el fuego!. ¡Soy! ¡anchoveta!. ¡depredaron mis mares! Se llevaron mis veleros, mis gaviotas. ¡Mis guanayes! Y hasta en los mercados de este ¡Banco de oro! Le han negado el pan a mis hijos. Más hoy que ¡soy roca!, ¡puño insular!, dejé pasar a los limpios, a los bravos; a los buenos, los sentí ¡brillantes!, apagué las risas, escondí mis perlas; y volviendo los ojos al cielo; que siempre los escondo, contemplé desde lo alto todas las batallas que se vienen dando, todas las miserias de este mundo impío; y ¡aquí estoy! ¡tan negro! ¡como los petróleos!, que me son castillos, desde tu mirada; me volví sonrisa, me volví paloma y ese soplo fresco de aire sagrado, me cubrió de todo el mal que trepaba, del puñal que hiere, en el basto infierno de las soledades ; y Sócrates mismo supo que reía, pues bebió cicuta, para no volverse; mas Platón me dijo que la carne existe, que la roca gira todos los lamentos, que no soy espejo, mas puedo llevarme, en cualquier instante, cuando me provoque, devolver los muertos de este puño leve; de este ser viviente, desde la distancia, desde los confines de la tierra misma; y tú, que me viste tragarme a los barcos, con mis tiburones; con mis soledades, que te son lamentos, porque el río crece, porque el viento ríe cuando está flotando ese BARCO DE ORO; que los ojos miran; que los mudos callan; pero en la sonrisa de los altos cielos, formamos al mundo, regamos las plantas, miramos los mares, que no son tan niños, y, ¡se mueve el mundo!, flotando en la roca; en el mar de fuego, que los magos cantan! Y dejé la tierra ¡para no llorarla!, como lo hago siempre; pues eterno ¡mira!, y hasta en la sonrisa de este Calvo, amigo; que me dio la vida, dijo que cruzaban otra vez los barcos, con sus alas limpias, con sus remos fuertes y, en las proas ¡Luces! de las aves tiernas, todas las miradas que me son puñales; que me son ¡piqueros! ¡Zarcillos del aire! Y ¡las chuitas, cantan! más las vi entregarse plegando sus alas, en todas las islas; en todos los puños de los hombres fuertes, de los hombres recios; y yo ¡que soy ave! escondo a mis peces y escancio del vino; escondo los panes, en la cena misma donde el hombre dijo: ¡He ahí, la vida! Reparte los sueños; que me son ¡pingüinos! que me son ¡Cabrillas! que me son ¡pañuelos!; pero el aire niño agitó mis alas, y me hirvió las aguas… que las aguas ¡cantan! y las aguas ¡miran! y las aguas ¡lloran!, pero se dan cuenta que los ríos filtran todo el movimiento de esa rueda eterna; de las venas dulces, de las venas hondas y los cauces: ¡Madres! de todos los astros ¡ahí contemplando! todo el movimiento que me fue negado; que me fue paloma ¡más virtud, no tengo!, reparto los aires y los aires ¡miran! y me soy ¡eterno!, por que el aire vive, por que el agua llora todas las sonrisas de la lluvia tierna; de la lluvia amiga, que me baña el rostro, y me vuelvo ¡ángel!, otra vez ¡piquero!; más, tortuga ¡piensa!


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