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martes, 29 de enero de 2013

GRACE PALEY [9221]



GRACE PALEY (1922-2007)
Grace Goodside, hija de ruso-ucranianos exiliados por orden del zar, nació en el neoyorquino barrio del Bronx en 1922. Firmó sus libros como Grace Paley. Falleció el  miércoles 22 de agosto de 2007 en Thetford Hill (Vermont). Tenía 84 años de edad.


Una guía de escritores elaborada en el año 2000 por la revista digital Salon.com lo dice con las palabras justas y segura de que nadie podrá rebatir semejante afirmación: "Raramente se encuentran lectores a los que les gusta Grace Paley; porque a Grace Paley se la ama". Y punto.



Hija de ruso-ucranianos socialistas exiliados por orden del zar en 1906 y nacida en el neoyorquino barrio del Bronx en 1922 como Grace Goodside (deformación anglo de Gutseit), Paley firmó siempre con el apellido de su primer y efímero marido apenas tres libros de relatos, breves en páginas pero inmensos en logros, que fueron más que suficientes para convertirla en una admirada Gran Dama de las letras de su país: Batallas de amor (1959), Enormes cambios en el último minuto (1974), Más tarde el mismo día (1985) todos reunidos en 1994 en Cuentos completos (Anagrama), que resultaría finalista tanto del National Book Award como del Pulitzer. Un joven Philip Roth fue quien, exultante, reseñó su primera obra en las páginas de The New Yorker. Pronto Susan Sontag, Donald Barthelme, Angela Carter y -más cerca, más jóvenes- Lorrie Moore y A. M. Homes se unieron y seguirán uniéndose al festejo.



Paley gustaba de definir lo suyo, con modestia, como "historias sobre gente normal" y se la puede ubicar sin demasiados problemas dentro de la tradición inmigrante-judeo-americana junto a Henry Roth, Isaac Bashevis Singer, Bernard Malamud y Saul Bellow. Lo que no impide distinguir, sin esfuerzo, sus rasgos más que particulares. Una ácida mirada femenina dentro de un territorio hasta entonces reservado a los hombres y una incansable necesidad de renegar de ciertas tradiciones ancestrales sumada a una pasión por oponerse a poderosos y opresores. Esto la llevó -ya desde la década de los cincuenta del pasado siglo, a propósito de la proliferación de armas atómicas- a convertirse en una respetada activista y "feminista a la que le gustan los hombres", que alcanzó gran renombre durante las marchas contra la guerra de Vietnam. El título de uno de sus ensayos lo dice todo de su carácter: 365 razones para que no haya otra guerra. Paley -que gustaba presentarse como "pacifista combativa" o "anarquista cooperadora"- fue arrestada en 1978 por desplegar un estandarte antinuclear ante la Casa Blanca y siguió protestando hasta el último día contra la invasión de Irak.



Tal vez tanto movimiento atentó contra la quietud de la escritura de una muy esperada novela por parte de sus editores. "El arte es muy largo y la vida es muy corta", se excusó Paley, quien reconocía ser "poco disciplinada" y alguien que supo "desarrollar hábitos de trabajo, pero todos malos". Aun así, lo cierto es que sus ficciones cortas pueden leerse y apreciarse como una suerte de amplia y luminosa saga desarticulada, con personajes que desaparecen y reaparecen (la madre divorciada y de izquierdas Faith Darwin, en varios de sus cuentos, puede ser entendida como un transparente álter ego suyo aunque Paley prefería llamarla "una amiga muy cercana", prosa precisa que anticipa modales posmodernos y finales donde nada parece acabar del todo. Uno de sus relatos más célebres Una conversación con mi padre, en Enormes cambios... funciona como credo estético a la vez que declaración de principios. Allí, un padre enfermo se queja de la vaguedad de los finales de su hija escritora y le pide, casi como última voluntad, "una historia sencilla, como las que escribía Maupassant o Chéjov, como las que solías escribir tú". La hija lo intenta, quiere complacerlo; pero ya no se le ocurren ese tipo de tramas porque ahora "desprecia esa línea absoluta entre dos puntos y porque todos, reales o inventados, se merecen el destino abierto de la vida". Así, el padre pierde y nosotros ganamos.



En lo que a Paley se refiere, ella consideraba que "la única obligación de un escritor pasa por dejar en este mundo un poco más de justicia de la que encontró al llegar". Misión cumplida y -a su padre le habría complacido- final cerrado. 






ES RESPONSABILIDAD

Es responsabilidad de la sociedad dejar al poeta ser poeta
Es responsabilidad del poeta ser mujer
Es responsabilidad del poeta ponerse por las esquinas repartiendo
     poemas y octavillas hermosamente escritas
     también octavillas que casi no se pueden mirar
     por su retórica chirriante
Es responsabilidad del poeta ser perezoso en pasar la vida y profetizar
Es responsabilidad del poeta no pagar impuestos de guerra
Es responsabilidad del poeta entrar y salir de torres de marfil y
     apartamentos de dos piezas en la avenida C y
     en campos de alforfón y en campamentos del ejército
Es responsabilidad del poeta varón ser mujer
Es responsabilidad del poeta hembra ser mujer
Es responsabilidad del poeta decirle la verdad al poder
     como la dicen los cuáqueros
Es responsabilidad del poeta aprender la verdad de los débiles
Es responsabilidad del poeta decir muchas veces: no hay libertad
     sin justicia y esto quiere decir justicia amorosa y
     justicia económica
Es responsabilidad del poeta cantar esto en todos los modos
     originales y los tradicionales de cantar y recitar
     poemas
Es responsabilidad del poeta escuchar las charlas y transmitirlas
     a la manera de los narradores que decantan las
     historias de la vida
No hay libertad sin miedo y valentía. No hay libertad a menos que
     sigan tierra y aire y agua y los niños también sigan
Es responsabilidad del poeta ser mujer para echar un ojo a este
     mundo y gritar como Casandra, pero siendo
     escuchada esta vez.

Traducción de  Isabel Lucio-Villegas y Luis Marigómez.








 It is the responsibility of society to let the poet be a poet
It is the responsibility of the poet to be a woman
It is the responsibility of the poet to stand on street corners
giving out poems and beautifully written leaflets
also leaflets you can hardly bear to look at
because of the screaming rhetoric
It is the responsibility of the poet to be lazy
to hang out and prophesy
It is the responsibility of the poet not to pay war taxes
It is the responsibility of the poet to go in and out of ivory
towers and two-room apartments on Avenue C
and buckwheat fields and army camps
It is the responsibility of the male poet to be a woman
It is the responsibility of the female poet to be a woman
It is the poet’s responsibility to speak truth to power as the
Quakers say
It is the poet’s responsibility to learn the truth from the
powerless
It is the responsibility of the poet to say many times: there is no
freedom without justice and this means economic
justice and love justice
It is the responsibility of the poet to sing this in all the original
and traditional tunes of singing and telling poems
It is the responsibility of the poet to listen to gossip and pass it 
on in the way storytellers decant the story of life
There is no freedom without fear and bravery there is no
freedom unless
earth and air and water continue and children
also continue
It is the responsibility of the poet to be a woman to keep an eye on
this world and cry out like Cassandra, but be
listened to this time.

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