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jueves, 24 de enero de 2013

MONTSERRAT CANO [9189]


MONTSERRAT CANO

Montserrat Cano
Montserrat Cano afirma que se siente ciudadana del mundo. Nació en Vilafranca del Penedés (Barcelona), en 1955. Tres años más tarde, su familia se trasladó a La Pobla de Segur (Lérida) donde vivió hasta 1960, fecha en la que, a causa del trabajo de su padre, tuvieron que fijar su residencia en Madrid. Desde entonces, Madrid ha sido su ciudad, o mejor dicho, la principal de ellas.

Aliaga, un pueblecito de Teruel donde pasó muchos veranos en la casa de sus tíos, es el reducto imaginario de su niñez. Vallehermoso, en La Gomera, el paraíso alcanzado. Venda do Pinherio, cerca de Lisboa, el lugar desde el que, en los últimos tiempos, planea su futuro. Se ha enamorado de casi todos los lugares que ha visitado y desearía vivir lo suficiente para conocer el mundo entero.
Estudió Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de Madrid y trabajó durante muchos años en Telefónica. Tiene dos hijos. Amante del cine, la música clásica, la historia, la pintura, los carnavales y las discusiones con los amigos, es una lectora compulsiva y una escritora lenta.

Publicaciones

Antologia ibérica da poesia e conto Arión, Lisboa, 1997 (Colectiva)
Retrato de la Felicidad SIAL, 2002
Cien películas para amar el cine Frutos del Tiempo, 2003 (Colectiva)
Arqueología Universidad de Murcia, 2003
Equilibrio inestableSIAL, 2005
Dios y sus dados Espartaria, 2006
La mujer desarmada SIAL, 2006
La voz y la escritura (Antología poética Ateneo de Madrid, colectiva), 2006
Doce poetas y un pintor El Literonauta, 2006 (Colectiva)
Cielo Abierto UGT Madrid, 2006

Poemas, artículos y críticas en revistas de España y Portugal

Premios literarios obtenidos

Primer premio de narrativa certamen Gabriel Miró
Finalista certamen de narrativa Hucha de Oro
Accesit certamen de narrativa Ciudad de Tudela
Primer premio de narrativa certamen Teodosio de Goñi
Primer premio de narrativa certamen Tomás Fermín de Arteta
Primer premio de narrativa certamen Villa de Benasque
Accesit de narrativa certamen Villa de Benasque
Accesit de narrativa certamen Ciudad de Villa del Río
Primer premio de narrativa Flora Tristán (Perú)
Primer premio de poesía certamen Juan Antonio Torres
Primer premio de poesía certamen Laguna de Duero
Primer premio de poesía Dionísia García

Actividades
Jefa de Prensa de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles
Codirectora del Aula de Cine de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles
Colaboradora del Departamento de Comunicación de las Editoriales Espasa Calpe y Ediciones B
Profesora de Creación Literaria en las siguientes entidades:
- Asociación de Colegios Mayores
- Agrupación Cultural Telefónica de Madrid
- Asociación de Escritores y Artistas Españoles
- Ayuntamiento de Rivas-Vaciamadrid
- Universidad de Mississippi (Alcalá de Henares)
Coordinadora del Comité de Escritoras del Club PEN de España durante los años 2005 y 2006
Conferencias sobre temas literarios y cinematográficos
Jurado en certámenes literarios y de teatro
Redactora de la Candidatura ante la UNESCO para la inclusión en la Lista de  Patrimonio Cultural Inmaterial del Silbo Gomero
Colaboradora de la Secretaría de Igualdad de UGT Madrid
Participante en la Campaña contra la violencia de género de la Secretaría de Igualdad de UGT Madrid
Directora y organizadora del I Congreso Internacional de Escritoras del Club PEN de España “La mujer, artífice y tema literario” (Las Palmas de Gran Canaria, 2006)
Más información: www.montserratcano.es




Arqueología
Universidad de Murcia, 2003

Premio de Poesía Dionisia García



Aquí abajo, en lo profundo, 
habita el que por primera vez
enunció la pregunta.
Sabía pocas cosas:
huir de los felinos y cazar los venados,
escoger los frutos, las hojas y las bayas,
olfatear el peligro,
que la mar sube y baja,
que sangran sin morir las mujeres
y que los hombre mueren cuando sangran,
que hay lunas diferentes y no hay luna,
que la luz se va y viene…
Pero mucho del miedo:
temía al oso y a la víbora,
a que el sol no saliera una mañana,
al hambre y a la nieve,
al viento, al rayo,
al desamparo de los suyos,
a los ruidos de la noche…
Es difícil saber si la pregunta surgió de la ciencia o la ignorancia,
del terror o la altivez,
pero aquel ser, que aún no tenía la palabra,
se miró en un estanque
y después vio un abeto y una roca
y una manzana caída sobre el suelo
y preguntó –sin voz, sin auditorio-
quién soy.
Y comenzó lo humano.






Unos metros encima estuvieron las ciudades,
aquellas que configuran las leyendas,
las que añoramos doradas y sabemos de adobe.
Desde arriba hemos visto el perfil de sus reyes,
las tiaras de las reinas,
los pechos de las esclavas,
los delirios convertidos en dioses.
También hubo mazmorras
pero la crueldad deja menos señales.
Dijeron: hágase la luz
y despareció la noche;
ábranse las aguas,
y los abismos entregaron sus secretos;
conozcamos la tierra,
y el planeta se hizo insuficiente;
dominemos el aire,
y se apropiaron del vuelo y del vacío;
que sea nuestro el cuerpo,
y la muerte retrocedió tres pasos.
En esta ocasión,
fabricaron el mundo a medida de sus ansias.






Pero no definen las fronteras
la geografía ni el tiempo.
Aquí arriba hay personas que tienen un solo vestido
y lo lavan a mano,
recogen leña, cuecen su pan,
mueren de diarrea, envejecen sin gloria.
Como en lo más profundo.







LA MUJER DESARMADA

Ser mujer, te dijeron, se parece a volar: es someterse al capricho de los vientos manteniendo, sin embargo, el rumbo fijo. Señalaron la meta: un lecho tibio, las tardes siempre en calma, las ascuas templadas de una hoguera modesta, una caricia plácida…
Tú, que aún no sabías dudar, confiabas en un futuro de manteles bordados. Tú, que aún no sabías ver, mirabas pasar a otras mujeres, altos los pechos, rosadas las mejillas, las faldas señalando el volumen de las piernas, y te preguntabas cuándo y dónde brotarían tus alas.





Despertó una mañana a su lado y lo contempló desnudo. Cien pájaros gritaban y el sol teñía de amarillo la alfombra. Toda la belleza del mundo en el vello oscuro de su torso. Movió una mano para rozar su sexo y él respiró hondamente. Ella cerró los ojos para escuchar mejor las golondrinas y sentir la tibieza de la luz y la carne. Un momento de felicidad destilada y la necesidad de perpetuarlo. Entonces, de pronto, la generosidad: Levantarse y correr a la cocina, preparar el desayuno con bizcochos y flores, untarse los pezones con miel y mordisquearle las orejas... Más tarde, mientras él dormía de nuevo, recogió la bandeja, lavó las tazas, puso una lavadora, limpió el baño y no pasó el aspirador por no hacer ruido.
Debajo de la cama maduraban las cadenas.





Acaban de cerrar el museo. Seguramente las vírgenes flamencas también cierran los ojos, reclinan la cabeza y estiran sus mantos. La luna nacarada de diciembre vigila la ciudad, los magnolios del paseo cantan a lo perdurable. En tardes clandestinas como ésta quisiera saber cegar el corazón al invento cruel de la belleza.

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