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viernes, 14 de septiembre de 2012

7891.- ADALBERTO ORTIZ


Adalberto Ortiz Foto9.jpg


Adalberto Ortiz (Esmeraldas, 9 de febrero de 1914 - 1 de febrero de 2003), fue un novelista, poeta y diplomático ecuatoriano.

Los estudios primarios los realizó en su ciudad natal y los secundarios en el Normal "Juan Montalvo" de Quito, donde se graduó de profesor normalista en 1937. Inició su carrera literaria en las revistas estudiantiles con poemas y artículos de temática variada. De regreso a Esmeraldas, publicó su primer tomo de poesía negra, con los títulos "JOLGORIO" y "CUNUNO" que fueron acogidos y valorados acertadamente por la crítica.
Durante esos años, y más tarde en 1940, gracias a las entregas literarias del diario El Telégrafo, extendió su prestigio de autor de cantares negros y mulatos por los círculos intelectuales de todo el país. En 1942, participó en el concurso Nacional de la Novela con “JUYUNGO”, mereció el Primer Premio. Su nombre pronto alcanzó fama internacional, en un concurso promovido por el Grupo "América" de Quito. En 1945, sus poemas de "Tierra, son y tambor" alcanzaron el segundo puesto entre los libros publicados ese año en Ciudad de México, y algunos de ellos aparecieron posteriormente en antologías internacionales. La producción de Ortiz no ha sido abundante, pero tampoco ha declinado: "Camino y puerto de la angustia", poemas (1946); "La mala espalda", cuentos (1952); "El animal herido", compilación de todos sus poemas (1959); "El espejo y la ventana", Premio Nacional de Novela en un concurso promovido por los periodistas del Ecuador (1964). Algunos de los trabajos de este autor han sido traducidos a otras lenguas: francés, checo, alemán, ucraniano, italiano, búlgaro, etcétera.
Fue secretario de la Casa de la Cultura de Guayaquil, por el lapso de 19 años y prestó sus servicios en la Secretaría de la Escuela Superior Politécnica del Litoral y en la Sección Secundaria del Ministerio de Educación.
Desempeñó, además, diversos cargos diplomáticos y, como delegado del Ecuador, concurrió al Consejo Mundial de La Paz, en Estocolmo. El 12 de diciembre de 1986, en una ceremonia solemne realizada en el Salón de Honor “Jaime Roldós Aguilera” del Colegio Centenario Vicente Rocafuerte y en presencia de numerosos estudiantes delegados de varios colegios de casi todas las Provincias del Ecuador, fue condecorado con la Presea “Al mérito literario”, con ocasión de las XIV Jornadas Literarias Vicentinas y VII a Nivel Nacional.
En 1995 el gobierno ecuatoriano le concedió el Premio Nacional "Eugenio Espejo" por la totalidad de su obra. Sobre El espejo y la ventana, el crítico francés Claude Fell sostiene: "Es la novela de la frustración (amorosa, intelectual y social) y del fracaso, que desemboca, luego de una tentativa fallida de suicidio, en la toma de posición individualista del personaje central." Al valorar uno de los poemarios de Ortiz, el recordado novelista Joaquín Gallegos Lara, anota: "En el libro Tierra, Son y Tambor, se reúne bajo un conjunto que constituye un proceso. Se inicia rayando en lo folclórico. Pero muy pronto se adelanta a ser mucho más pulso que piel. La atmósfera mulata del libro, en unos poemas se ennegrece totalmente; en otros se clarea hasta casi ser blanca. En Ortiz son acentos de alta humanidad."

Obras publicadas

Novelas e historias cortas

Juyungo (Buenos Aires, 1943)
El espejo y la ventana -National Award of the Journalist Union (Quito, 1967)
La envoltura del sueño (Guayaquil, 1982)
La mala espalda (Quito, 1952)
La entundada (Quito, 1971)

Poesía

El vigilante insepulto (Quito, 1954)
El animal herido -antología- (Quito, 1959)
Fórmulas. Tierra Son y Tambor (Quito, 1973)
La niebla encendida (Quito, 1983)

Obras teatrales

El retrato de la otra (Quito, 1970)

Antologías

Consta en las antologías: El nuevo relato ecuatoriano (Quito, 1951)
Antología del cuento hispanoamericano contemporáneo (Quito, 1958)
Antología del relato ecuatoriano (Quito, 1973)
Cuento de la generación de los 30 (Guayaquil)
Antología del cuento ecuatoriano (Lima, 1974)






ROMANCE DE LA LLAMADA

Voz humana estremecida
vibra en el aire caliente;
cantos negros incompletos,
como el guarapo se vierten.
Monte vivo, cielo rojo,
un tono perdido tienes
y un vuelo de aves te lleva.
Canto amargo, de repente,
se oye en el bronco cununo
y hay un grito como jebe
en el tun de la marimba.

En tu piel, las grietas mudas,
son la herencia del ancestro
y sudan las manos, sudan,
dejando huella en la tierra.
Negro sudor de negruras,
alma de un fondo rebelde
dormida en la selva pura,
como la noche en el día,
como paisaje en la bruma.
Quebranta ya tu silencio
y en tu machete perdura.

Eres hombre y eres negro,
mal descendiente de esclavos,
esclavo para ser libre
en el monte desolado.
Olvida más tu marimba
y arroja al suelo tu vaso.
Cuelga también la guitarra
y empuña tu propia mano.
Desde antes que el alba llegue
tu bandera está esperando.





ROMANCE PROFUNDO

Entre la sombra y la luz,
¡qué sola va el alma mía!

Mi espíritu se quebró
entre una boca indecisa,
y un caballo de cristal
por mal camino me guía,
llevando todo mi ser
bajo una estrella maldita.

¿Qué me haré yo con tu amor?
¿Con tu amor, yo qué me haría?
Si volcará mi pesar
y podrá notar distintas.

Claros de luna sin fin
todas las noches habría,
y densa, densa emoción
de mi estrella con envidia.

¿Pero cuando volverá?
Me pregunto noche y día.
Quién sabe si ha de venir
tan breve como una chispa
o como llega también
el sol, el agua y la brisa.

Entre la sombra y la luz,
¡qué sola va el alma mía!





LA LUZ DEL DESALIENTO

Qué mudo y cansado voy.
Cansado y solo. Despierto
de la tierra, y la humedad,
hoy me atormenta los dedos.
De lo que antes era yo,
no me queda ni recuerdo.
Por eso no he de soñar
en suave claror de espejos,
en voltear la cruz del sur
ni en regresar del invierno.

Aquí murió mi canción,
dando sus caras al viento,
como nadie la iba a ver
emprendió su vuelo lejos.

Ave de rara inquietud,
encontró sólo silencio.





CONTRIBUCIÓN

Africa, Africa, Africa,
tierra grande, verde y sol,
en largas filas de mástiles
esclavos negros mandó.
Qué trágica fue la brújula
que nuestra ruta guió.
Qué amargos fueron los dátiles
que nuestra boca encontró.
Siempre han partido los látigos
nuestra espalda de cascol
y con nuestras manos ágiles
tocamos guasá y bongó.
Sacuden sus sones bárbaros
a los blancos, los de hoy,
invade la sangre cálida
de la raza de color,
porque el alma, la del Africa
que encadenada llegó,
en esta tierra de América
canela y candela dio.






EL VIENTO Y YO

Cómo pudiera tener
su voz y el viento,
viento que azota la luz,
la luz del tiempo.

Recuerdo la fatal angustia,
viento herido.
Llevas la espina de mis amores,
viento lascivo.
Ahora crece la flor confusa
del viento amigo.

Hoy bajo un cielo nublado,
mañana, ¿dónde estarás?
Y no saber por qué camino,
por cual camino te vas.
El viento se me ha perdido,
quién sabe si volverá.

¿Dónde ella? ¿Dónde? ¿Dónde su voz?
¿Dónde mi luna?
¿Dónde mi sombra?
donde la luna sin alma y yo.





YO NO SÉ

¿Po qué será, 
me pregunto yo, 
que casi todo lo negro 
tan pobre son
tan pobre son 
como soy yo?

Yo no lo sé. 
Ni yo ni Uté.

Ma, si juera un gran señó, 
rico, pero bien rico,
me lo gatara todito 
entre negroj como yo.

Ma, rico yo no he de sé, 
esa sí que e' la verdá, 
nunca plata he dé tené. 
Ma, si juera un gran señó, 
siempre negro sería yo. 
¿Po qué será?

Yo no lo sé. 
Ni yo ni Uté.




LA MADERA DE ENCOFRADO

Cuando estuvo terminada aquella casa 
trajo en dos carretas sus muebles
y se acomodó graciosamente 
en un buen departamento. 
Colgó su hamaca de mocora
y púsose a descansar a pierna suelta;
pero antes de un minuto despertó en la calle 
Alguien que sabe de estas cosas
hoy me ha dicho que le están ya preparando 
un ataúd con la madera de encofrado.






¿COMO VA LA ZANAHORIA?

¿Cómo irá la zanahoria? Preguntaba.
Siete veces mejor que en el mercado, pobrecita 
mi mujer, que con su libro de dietética me dice: 
-Es muy saludable en jugo helado,
pero se pone tan cara la zanahoria 
cuando hay derrumbes en la línea férrea...
El rudo peón de construcciones de concreto 
con su pesado cajón de mezcla 1, 2 y 4, 
bajaba hasta la misma losa de las fundiciones, 
a concretar sus esperanzas.
¡Qué hermoso va a quedar este edificio! 
¡Primer Premio Nacional de Arquitectura! 
¡Orgullo ornamental de la ciudad!
El duro peón entusiasmado con esta perspectiva 
subía presuroso su cajón de mezcla 3 por 1, 
hasta la misma terraza del octavo piso,
y se ponía a dominar con su mirada alegre 
los trajinados barrios de la urbe.
Pasmaba a todos los curiosos
con su maravilloso equilibrio en los andamios. 
Era feliz en ese rascacielos
construido con sus manos de Aladino.
Es muy raro el color de la zanahoria, 
como la linda cabeza de Chelita 
donde se tortura mi amigo el pintor 
con oscuridades solanescas
y problemas de líneas, colores y estructuras, 
buscando ontológicamente la esencia de las cosas.
Mientras ella canta, baila, 
coquetea y juega hockey, 
él vuelve a la paleta
con sus prostitutas monstruosas, 
sus barrios suburbanos
y su colección de insectos 
en maravilloso technicolor. 
Yo miro, sueño y me pregunto: 
¿Cómo irá la zanahoria? Pobrecita.






EL PELO Y LOS PERIODICOS

A Enrique Gil Gilbert

Mi amigo, el peluquero,
cree, a pie juntillas, en todas las noticias 
de la Prensa Unida y Asociada,
en los partes de guerra de Corea
y en los discursos de Truman y Eisenhower. 
Cuando electrocutaron a los esposos Rosenberg, 
fue a la catedral y oró contritamente
por el perdón de sus culpas de espionaje atómico, 
después de haber gozado en la lectura
de todos los detalles.
Cree en la honestidad, proclamada en los periódicos, 
de todos los contrabandistas,
prevaricadores y coimeros,
convertidos en prohombres de la Patria.

El diario de la mañana es su Evangelio 
y la fuente inagotable de sus temas 
para distraer a sus clientes.

A mí me aburre.
Pero debo subir a su silla pasando una semana 
con un escalofrío, mirarme en el espejo
y acordarme de la inocencia y sacrificio de los Rosenberg, 
porque tengo un pelo muy difícil
y él es un hábil peluquero.





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