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sábado, 3 de noviembre de 2012

KAZIMIERZ PRZERWA TETMAJER [8401]





Kazimierz Przerwa Tetmajer

Nació en Ludzmierz, Galitzia, POLONIA en 1865, murió en Varsovia en 1940
Poeta polaco, miembro destacado del grupo Joven Polonia. Es autor de tres libros de poesías líricas (1891, 1894, 1899), en los que elogia las virtudes de los campesinos. También escribió novelas (El ángel de la muerte, 1899) y el drama Zawisza el negro (1901)





Te busco



Te busco pero cuando te veo

finjo no verte.
Te amo, pero cuando te encuentro
finjo no amarte
Me perderé por tí pero antes de perderme
gritaré que me pierdo casualmente




Kazimierz Przerwa Tetmajer



Estudió el bachillerato y la universidad en Cracovia. Publicó siete tomos de poesía entre los años 1891 y 1912. La segunda serie, editada en 1894, le situó entre uno de los mejores líricos polacos del momento.



La gran ola de popularidad de Tetmajer, poeta típico de la época, decayó rápidamente. Al llegar el año 1912 se sintió extraño entre un público nuevo y desconocido. A consecuencia de su enfermedad psíquica su poesía enmudeció prematuramente; y fue el poema “En la adquisición del cadáver de Słowacki” (Na sprowadzenie zwłok Słowackiego, publicado en 1927 en Noticias Literarias, Wiadomościach Literackich) su último poema conocido.



Este excelente poeta escribió también relatos, novelas y composiciones escénicas. Su ciclo de relatos sobre los Tatra, “En el rocoso Podhalu” (Na skalnym Podhalu, 1903-1910), es una excepcional muestra de poética montañesa que ha demostrado su perdurabilidad.



Tetmajer falleció en Varsovia en 1940, ocupada por los alemanes, en trágicas condiciones de abandono y olvido. A mediados de enero de 1940 – según J. W. Golulicki en su “Libro de poemas polacos del S. XIX” (Księdze wierszy polskich XIX wieku– fue encontrado inconsciente, bajo un ventisquero de nieve en una calle de Varsovia, un anciano pobremente vestido el cual fue trasladado al Hospital del Niño Jesús. Este anciano, que conciliaría el sueño para siempre en una pobre cama de hospital, era Kazimierz Przerwa-Tetmajer.



Además de ser un famoso descriptor y cantor de la belleza de los Tatra en la novela histórica La leyenda de los Tatra (Legenda Tatra) en 1912, como poeta representa el refinamiento decadente, el culto del arte por el arte y el rechazo del sistema de vida burgués. En su poesía hay un profundo sentimiento de tristeza y desencanto de la vida, consecuencia, en gran parte, de su creencia en la incomprensión del artista por la sociedad. En su poesía encontramos, junto a los paisajes y atmósferas inpresionistas, elementos folclóricos y montañeses de la región de la región de los Tatra, un grado importante de erotismo en el tratamiento del tema amoroso, fundamental en su poesía, y una cierta proclividad al hedonismo.



Decadentismo y Fin de siècle



Son términos que podemos considerarlos referidos más a conductas y manifestaciones ideológicas que a fenómenos artísticos. El decadentismo establecía que la cultura contemporánea entraba en crisis profunda, ubicando el final del siglo en la peligrosa curva de la historia que sólo podía terminar de forma catastrófica. Esta atmósfera despertaba sentimientos de pesimismo, nihilismo, falta de motivaciones para vivir. Aparece el individuo contagiado por la enfermedad del siglo: el aburrimiento, la duda, la negación y la burla.



El término “decadente” fue utilizado por primera vez por Theophile Gautier en la introducción a Las flores del mal (1868) de Baudelaire. Allí el concepto tenía un matiz ambivalente: evocaba el ocaso del Imperio Romano y simultáneamente aludía a la época del florecimiento de la filosofía y las artes.



En Polonia el decadentismo tenía una connotación decididamente peyorativa. El decadentismo se entendía como sinónimo de pasividad, extravagancia en las costumbres, falta de respeto a las instituciones y estructuras sociales. Tetmajer puede ser su mejor exponente poético.





No creo en nada (Nie wierzę w nic)



Nie wierzę w nic, nie pragnę niczego na świecie,

Wstręt mam do wszystkich czynów, drwię z wszelkich zapałów:
Posągi moich marzeń strącam z piedestałów
I zdruzgotane rzucam w niepamięci śmiecie…


A wprzód je depcę z żalu tak dzikim szaleństwem,

Jak rzeźbiarz, co chciał zakląć w marmur Afrodytę,
Widząc trud swój daremnym, marmury rozbite
Depce, plącząc krzyk bólu z śmiechem i przekleństwem.


I jedna mi już tylko wiara pozostała:

Że konieczność jest wszystkim, wola ludzka niczym -
I jedno mi już tylko zostało pragnienie


Nirwany, w której istność pogrąża się cała

W bezwładności, w omdleniu sennym, tajemniczym
I nie czując przechodzi z wolna w nieistnienie.





En este soneto perfecto de tridecasílabos, buen ritmo y cuidada rima, Tetmajer expresa de una forma compleja el sentimiento de desesperación, el decaimiento espiritual y la falta de voluntad del hombre de la época. Puede ser este poema considerado como un manifiesto decadentista. Ya en el primer cuarteto, el sujeto lírico define la conducta puramente decadentista: “no creo en nada, no deseo nada en el mundo”. En las siguientes estrofas evoca la inutilidad de cualquier tipo de actividad y escribe: “me dan asco todas las acciones, me burlo de las ilusiones”. Al final del poema aparece en los tercetos una idea enormemente significativa en la que hace referencia al Nirvana, tema tan característico para la poética de la época: “y sólo me queda un deseo / de Nirvana, en la cual toda la existencia se sumerge.”



Más adelante retomaremos el tema del Nirvana.



El fin del siglo XIX



El poema El fin del siglo XIX (Koniec wieku XIX) es igualmente representativo para esta época, y asimismo expresa una profunda desesperación (a mi juicio, perfectamente aplicable a nuestros días). El hombre presentado en el poema es una víctima impotente de la civilización, de la devaluación de todos los valores:






Przekleństwo?… Tylko dziki, kiedy się skaleczy,

złorzeczy swemu bogu, skrytemu w przestworze.
Ironia?… Lecz największe z szyderstw czyż się może
równać z ironią biegu najzwyklejszych rzeczy?
Wzgarda… lecz tylko głupiec gardzi tym ciężarem,
którego wziąć na słabe nie zdoła ramiona.
Rozpacz?… Więc za przykładem trzeba iść skorpiona,
co się zabija, kiedy otoczą go żarem?
Walka?… Ale czyż mrówka rzucona na szyny
może walczyć z pociągiem nadchodzącym w pędzie?
Rezygnacja?… Czyż przez to mniej się cierpieć będzie,
gdy się z poddaniem schyli pod nóż gilotyny?
Byt przyszły?… Gwiazd tajniki któż z ludzi ogląda,
kto zliczy zgasłe słońca i kres światu zgadnie?
Użycie?… Ależ w duszy jest zawsze coś na dnie.
co wśród użycia pragnie, wśród rozkoszy żąda.
Cóż więc jest? Co zostało nam, co wszystko wiemy,
dla których żadna z dawnych wiar już nie wystarcza?
Jakaż jest przeciw włóczni złego twoja tarcza,
człowiecze z końca wieku?… Głowę zwiesił niemy.






Comienza con la palabra “maldición”: trata de buscar la causa de la desgracia, del decaimiento del espíritu, cuestionando una posible maldición para la humanidad. Pero creo que además va más allá, y el propio poema es una posible maldición, dirigida al mundo en general. Gran desaliento produce lo que responde a la desesperación: “¿Habrá que seguir el ejemplo del escorpión, que se mata a sí mismo cuando lo rodean con fuego?” Ahí parece que no va a ser la humanidad la que tiente la posibilidad de suicidio en primer lugar, sino el artista, como ser vulnerable, al mismo tiempo peligroso, pero que se acobarda y se destruye al verse cercado. La imposibilidad de la lucha (hormiga/tren), la resignación (bajo la hoja de la guillotina), y otras cuestiones dan prueba de la incapacidad del artista para continuar su existencia. Se pregunta también por el futuro: “¿quién verá los secretos de las estrellas… y quién predecirá el fin del mundo?” Es curiosa su pregunta sobre el fin del mundo, porque parece que ya ha llegado, y sin embargo no va a llegar nunca, porque generación tras generación habrá quien se lo pregunte, y habrá quienes estudien estrellas y soles apagados, sin terminar nunca. Igual que la satisfacción del placer, que por muy saciada que esté el alma, siempre va a querer más (esta idea ya la presentó Schopenhauer, que el ser humano está condenado al sufrimiento eterno por la imposibilidad de satisfacer sus deseos).



“¿Qué hay entonces? ¿Qué nos queda a los que todo sabemos…?” Todo el poema es una pregunta sin respuesta, esa pregunta. Qué hay. Además, cuando ya sabemos todo y no hemos hallado todavía la respuesta. Tetmajer muestra al hombre del fin del siglo XIX mudo, agachando la cabeza. Repudia la lucha, la maldición, el desprecio, y ya no se opone a su triste destino.



Pero hay algunas cosas que pueden paliar esta desesperación, o al menos distraer la atención del artista hasta que le sobrevenga la muerte. Tetmajer conocía al menos estas tres: la expresión artística, la contemplación de la Naturaleza y la búsqueda del Nirvana.







Evviva l’arte!



Eviva l’arte! Człowiek zginąć musi -

cóż, kto pieniędzy nie ma, jest pariasem,
nędza porywa za gardło i dusi -
zginąć, to zginąć jak pies, a tymczasem,
choć życie nasze splunięcia niewarte:
evviva l’arte!
Eviva l’arte! Niechaj pasie brzuchy
nędzny filistrów naród! My, artyści,
my, którym często na chleb braknie suchy,
my, do jesiennych tak podobni liści,
i tak wykrzykniem; gdy wszystko nic warte,
evviva l’arte!
Evviva l’arte! Duma naszym bogiem,
sława nam słońcem, nam, królom bez ziemi,
możemy z głodu skonać gdzieś pod progiem,
ale jak orły z skrzydły złamanemi -
więc naprzód! Cóż jest prócz sławy co warte?
evviva l’arte!
Evviva l’arte! W piersiach naszych płoną
ognie przez Boga samego włożone:
więc patrzym na tłum z głową podniesioną,
laurów za złotą nie damy koronę,
i chociaż życie nasze nic niewarte:
evviva l’arte!






En este poema resume el modo de pensar de un modernista para el que el único valor eterno es el arte. Con este significativo estribillo resume su idea:



Y aunque no valga nada nuestra vida,



Evviva l’arte!



En una sociedad en crisis, sin valores, donde el verdadero hombre se encuentra fuera de sitio y sin fuerzas para seguir, una de las maneras de superar momentáneamente la desesperación era, o es, desde dentro de uno mismo. Puede producir una placentera evasión bien una circunstancia externa (difícil, en el entorno decadentista) o bien una interna, en la cual el medio de expresión es el arte.



“Pero cuando una circunstancia externa o nuestra armonía interior nos eleva un momento por encima del torrente infinito del deseo, libertan nuestro espíritu de la opresión de la voluntad, apartan nuestra atención de todo lo que la solicita y se nos aparecen las cosas desligadas de todos los prestigios de la esperanza, de todo interés propio, como objetos de contemplación desinteresada y no de concupiscencia. Entonces es cuando ese reposo vanamente buscado por todos los caminos abiertos al deseo, pero que siempre ha huido de nosotros, se presenta en cierto modo por sí mismo y nos da la sensación de paz en toda su plenitud. Ése es el estado libre de dolores que celebraba Epicuro como el mayor de los bienes todos, como la felicidad de los dioses; porque entonces nos vemos por un instante manumitidos de la abrumadora opresión de la voluntad, celebramos la fiesta después de los trabajos forzados del querer, se detiene la rueda de Ixión… ¿Qué importa entonces ver la puesta de sol desde el balcón de un palacio o a través de las rejas de una cárcel?”



El arte, Arthur Schopenhauer.



Así, la puesta de sol siempre va a ser la misma e igualmente bella, igualmente profunda para el corazón del poeta, sin importar tanto dónde esté. Es más, seguramente sea más bella y más apreciada por el poeta cuando éste se encuentra en un entorno desfavorable, como era el caso de Tetmajer.



El poema Evviva l’arte! diferencia claramente los dos mundos. En uno el poeta es rechazado y menospreciado, incomprendido: “quien no tiene dinero es un paria” (v. 2); “nuestra vida vale menos que un esputo” (v. 5). Pero en el otro es acogido y querido, es el de los artistas: “El orgullo es nuestro dios / …reyes sin tierra, / podemos morir de hambre…” Pero tienen el orgullo y la fama, que son inmortales. Se consagra con los suyos al mundo que realmente merece la pena:



y no cambiaremos los laureles por una corona de oro (v. 22)



En el mismo ensayo, Schopenhauer también separa ambas entidades, con los conceptos de importancia externa e interna de los actos del ser humano:



“La importancia exterior de un acto se mide por sus consecuencias para el mundo real y en el mundo real. Su importancia interior está en el profundo horizonte que nos abre acerca de la esencia misma de la humanidad, poniendo en plena luz ciertos aspectos de esta naturaleza inadvertidos a menudo, escogiendo ciertas circunstancias favorables en que se expresan y desarrollan sus particularidades. La importancia interna es la única que vale para el arte y la importancia externa para la historia.”








Himno al Nirvana



Z otchłani klęsk i cierpień podnoszę głos do ciebie,

Nirwano!
Przyjdź twe królestwo jako na ziemi, tak i w niebie,
Nirwano!
Złemu mnie z szponów wyrwij, bom jest utrapień srodze,
Nirwano!
I niech już więcej w jarzmie krwawiącym kark nie chodzę,
Nirwano!
Oto mi ludzka podłość kałem w źrenice bryzga,
Nirwano!
Oto się w złości ludzkiej błocie ma stopa ślizga,
Nirwano!
Oto mię wstręt przepełnił, ohyda mię zadusza,
Nirwano!
I w bólach konwulsyjnych tarza się moja dusza,
Nirwano!
O przyjdź i dłonie twoje połóż na me źrenice,
Nirwano!
Twym unicestwiającym oddechem pierś niech sycę,
Nirwano!
Żem żył, niech nie pamiętam, ani wiem, że żyć muszę,
Nirwano!
Od myśli i pamięci oderwij moją duszę,
Nirwano!
Od oczu mych odegnaj złe i nikczemne twarze,
Nirwano!
Człowiecze zburz przede mną bożyszcza i ołtarze,
Nirwano!
Niech żywot mię silniejszych, słabszych śmierć nie uciska,
Nirwano!
Niech błędny wzrok rozpaczy przed oczy mi nie błyska,
Nirwano!
Niech otchłań klęsk i cierpień w łonie się twym pogrzebie,
Nirwano!
I przyjdź królestwo twoje na ziemi, jak i w niebie,
Nirwano!





Tetmajer sigue el mismo hilo temático en este poema-invocación al ya mencionado tema de la filosofía oriental. La interpretación popular del Nirvana en la época lo identificaba con la muerte, el olvido, etc. Así, precisamente, lo identifica el poeta presentando a la vez a “la Nirvana-muerte”,que es la única que puede salvar al hombre del sufrimiento (“mi alma se retuerce en dolores convulsivos”, v. 15), la repulsión (“me lleno de repulsión”, v. 13) y la desesperación (“desde el abismo de las derrotas y los sufrimientos levanto mi voz hacia ti”, v. 1).



Nirvana es la nada. Es el momento de abstracción tanto de tormentos como de felicidad, de todos los engaños de la vida humana. El poeta lo sabe y lo desea, quiere no ver nada (“coloca tus manos sobre mis pupilas”, v. 17), ser destruido y no recordar nada de su existencia (“arranca mi alma de los pensamientos y de la memoria”, v. 23).



Pero esa “nada” que representa el Nirvana no es, por tanto, negativa o que deba ser temida por el ser humano. Es la tranquilidad, la estabilidad del universo; y la vida y el mundo son entendidos como perturbaciones que son la causa del sufrimiento. Schopenhauer, en su ensayo Dolores del mundo, menciona:



“Brahma produce el mundo por una especie de pecado o extravío, y se queda él mismo en el mundo para expiar ese pecado hasta que esté redimido. ¡Muy bien! En el budismo, el mundo nace a consecuencia de un trastorno inexplicable, produciéndose después de un largo reposo en la claridad del cielo, en la serena beatitud llamada Nirvana, que se reconquistará con la penitencia.”





Morskie oko (Ojo marino)



Pogodne, ciche jak duch, co tonąc w marzeniu

leci w sfery – spokojne, burzliwe ominie:
lśni jezioro zamknięte w granitów kotlinie,
jak błyszczący dyjament w stalowym pierścieniu.
Słońce nad obłokami po nieba sklepieniu
jak orzeł nad żurawi lotnym stadem płynie:
granity się malują w przejrzystej głębinie.
niby obraz przeszłości odbity w wspomnieniu.
Widziałem to jezioro, gdy po nieba sklepie
wicher gnał czarne chmury, wyjąc w skalnej głuszy,
podobny lwu, co ściga bawoły po stepie:
skrami spod kopyt błyski z chmur wylatywały,
grzmot zdał się rykiem. Woda bijąca o skały
była jak duch, co więzy targa, a nie kruszy.






La última de las tres maneras de paliar la desesperación que mencioné anteriormente es la contemplación de la Naturaleza. Hay lugares, y momentos especiales en esos lugares, donde existe una simbiosis y una comprensión inaudita entre el ser humano, el observador, y la Naturaleza vasta, fértil y creadora.



Un entorno bucólico, sosegado, pacífico (aunque no necesariamente, porque hay tormentas sumamente bellas) produce una conexión con el hombre que va más alla de su comprensión. El poeta se encuentra en su sitio, al igual que el asceta que desea redimirse, y el santo que desea purificarse. El hecho de encontrarse en un lugar paradisíaco como ese está relacionado con los otros dos puntos: el Nirvana, porque se puede sentir la estabilidad de la nada, y se favorece la creación artística, por encontrarse el poeta consigo mismo, de modo que se junta con su experiencia íntima, escucha su alma, renuncia a todo deseo. En ese quietismo como las rocas, el poeta se convierte en roca.



La Naturaleza en los Tatra, lugar idóneo para la evasión del artista, abarca tanto la quietud como el rugido de los truenos (“cae en las esferas de la quietud pasando al lado de las tormentosas”, v. 2). En un mundo inmenso (“el sol flota sobre las nubes…”, v. 5) destaca un punto de singular belleza, un lago entre montañas escarpadas de roca (“brilla el lago encerrado en una cuenca de granito”, v. 3). Es agua, es vida, entre rocas muertas y duras.



En mi experiencia personal he conocido lugares así, tanto en los Tatra eslovacos como en los Pirineos. Siempre me llamó la atención esa belleza, sobre todo al contemplar la superficie al acercarme a la orilla: las mismas rocas de granito de cantos afilados, de cristales diminutos y brillantes, incluso con verdes líquenes que luchan por la vida, estaban sumergidas bajo el agua, sin cambiar su aspecto. El agua era tan transparente como el aire. No existe agua más pura que ésa.



Por eso el verso que más me ha conmovido ha sido el v. 7, “el granito se refleja en la profundidad transparente”. El poeta lo vio en un día tormentoso, como dicen los tercetos del soneto perfecto en tridecasílabos; yo ví otro lago en otras circunstancias, pero la sensación fue similar, y puedo equivocarme, pero creo que Tetmajer nos da una pista con el título del soneto, también nombre del lago: Ojo marino.



Quiero decir que, al contemplar la naturaleza con tal abstracción, estáticamente, unido a uno mismo y al todo (un todo que se funde con “nada”, según la filosofía oriental), en realidad el que contempla es el contemplado, es el observado por la Naturaleza virgen y viva.



Esto me recuerda al conocido prefacio del Alquimista de P. Coelho, donde menciona a su vez una modificación de Oscar Wilde del mito de Narciso[1].



También es necesario decir que la manera en que Tetmajer descubrió ese lugar fue probablemente debida a las famosas recomendaciones del doctor Tytus Chałubiński, quien proponía viajar a los Tatra para curarse la tuberculosis y otras enfermedades.



Conclusión



Para terminar, puedo afirmar y afianzar después de todo este recorrido que efectivamente el arte alcanza su máxima expresión cuando se ciñe al propio arte. “El arte por el arte”, como pregonaban acertadamente los artistas de la Joven Polonia. El poeta es mayoritariamente poeta, aunque pueda dedicarse también a otros menesteres en caso de que se le necesite.



Es cierto que, tanto en la sociedad del fin del XIX con en la actual, al artista se le desprecia y se le malentiende, y a menudo el poeta es olvidado y muere en la miseria, como hicieron Tetmajer, Norwid y muchos otros.



Pero es preferible esa muerte, la muerte de pie y no de rodillas, la que llega siendo fiel a unos ideales, que la muerte del espíritu y de la fe, que ocurre cuando alguien acaba por venderse y entregarse a la enorme maquinaria de un mundo frío, utilitario, absurdo.

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