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jueves, 23 de agosto de 2012

7615.- ANGÉLICA TANARRO




Angélica TANARRO nació en Madrid. Es licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense. Ha trabajado para diversos medios informativos, aunque desde el principio se decantó por la prensa escrita y pronto se especializó en información cultural. En 1992 fundó la edición de Segovia de El Norte de Castilla de la que fue co-responsable hasta su incorporación a la redacción central del periódico en Valladolid,
donde ejerce su especialidad. Ha ejercido la crítica de arte y espectáculos, y ha publicado estudios de pintura contemporánea en numerosos catálogos de arte. Actualmente coordina el suplemento literario del periódico, “La sombra del ciprés”. Es profesora
de Redacción Periodística en la Universidad de Valladolid y forma parte de diversos jurados de premios literarios como el de la Crítica de Castilla y León. Ha publicado dos libros de poemas: Serán distancia (Ediciones de la Tertulia de los Martes, Obra Social Caja Segovia) y Memoria del Límite, este último con fotografías de Rafael
Doctor en la editorial vallisoletana El Gato Gris que también publicó su poema ‘Noche’ con serigrafías de José Noriega para el libro Escuela de Comercio. También ha publicado cuentos y poemas en revistas especializadas como ‘Encuentros’ (publicación que codirigió), ‘Caja baja’, ‘El signo del gorrión’ y ‘Cuadernos del Matemático’.



Diario

(I)

Ha llovido toda la tarde.
En el jardín
he enterrado las cartas de los muertos
y he vuelto a rezar.
He rezado por todas las palabras.


(II)

En la casa del silencio 
resuenan las miradas de los ausentes

Un puño cerrado
guarda el eco de sus voces

Entre cuatro paredes
un corazón germina





CALLE 58

VI

Sin pasado que te aceche y sin nombre
apenas
Las hojas ennegreciendo sin noche
todavía
La ciudad es nueva
La voz, desconocida

Como si nunca las hubieras usado
ensayas palabras contra la angustia

(Memoria del límite. El Gato Gris Ediciones. 
Compactos de poesía. Valladolid, 2002) 





(III)

Pregunto a tus cenizas

¿Te acuerdas de mi mano
—minúscula en la tuya—
aquel día de verano?
¿Te acuerdas del sol 
sobre los peces
del brillo plateado de mi miedo?

Fue nuestro primer viaje
el primer momento a solas que recuerdo
Tú me decías el nombre de las cosas
y yo no lo he olvidado
—buena chica—

¿Te acuerdas de una noche
de tormenta feroz
de tus brazos salvándome?
Fue nuestra primera aventura
El primer puerto franco de mi vida.

Pregunto a tus cenizas

¿Quién fuiste aquella noche
y aquel día de sol
y todos esos años sin palabras?
¿Dónde estuviste?
¿Y dónde estaba yo
el día en que empezaste
a desprenderte de tu vida?

No sé
adónde habrás llegado
pero sigo buscándote





Album

(I)

Te reconoces en ese gesto del principio
de cuando odiabas las fotografías.
Esa luz que te cegaba,
el desconocido que venía a invadir 
tu intimidad, a violentarte
aunque no tenías memoria ni rasguños.

Ahora es lo mismo.
El entrecejo partido,
la escritura del miedo,
los ojos encogidos
para ver y no ver 
lo inevitable





El guardián 
   
     Con el cuenco de la mano, protege la llama
el que siembra la albahaca en medio del mar.
El que heredó el secreto de los abedules.
El que deja a la puerta su desesperación.
El que nada sabe de la desesperación.
El que talla una diosa en la proa del barco.

El hijo del náufrago.
El guardián de la vida.






Memoria del límite

A quien desplegó las alas desafiando el vértigo.
A la memoria de ese vuelo.

Cayó una sonrisa en la hierba.
¡Irrecuperable!
Sylvia Plath

¡Cuantos viajes hace la tortuga!
Emily Dickinson



El rastro azulado de sus venas
señala el camino de regreso

I

No permití que leyeran las lìneas de mi mano
por temor a las erratas

Era abril y aún no había quemado los mapas
de laberintos previsibles
Buscaba una salida
pero el miedo a los espejos construye los muros màs altos
y ciegos

Sobre el camino
dejé caer las semillas que lavó la lluvia

Estaba escrito
Partir... y poner curvas al destino

II

A esta ciudad un rìo
le parte el corazón
que no alcanzan las sirenas

El amanecer tiene la faz llorosa
y hace llorar a las estatuas
La bruma deshace
la geometría matinal
y aun las rosas
han de esperar por sus colores

Los pájaros sólo cantan de noche

Busco al extranjero que añora
la playa
Unas huellas de arena
donde apoyar los pies
-al límite del agua-
ahora que no sé
si aquel sol invernal
sobre las agujas de piedra
- la nieve en el canal-
es mi mayor tesoro
o la prueba irrefutable de lo que no fui

III

Como si despertaras en medio de una pesadilla
compruebas que no llevas el vestido adecuado
La tempestad abate el vuelo de tu falda
Rompe los hilos de tus brazos

Pasaron de largo los caballos nocturnos
Te hubiera gustado abrazarte al unicornio
apagarle la sed en el cuenco de la mano
pero la ciudad está fuera de temporada

Hace años que nadie retira los carteles
Reconoces el rostro de la sala en penumbra
la voz que espera un eco más propicio
agazapada en tu sueño

Los pasos del viajero se ahogan en el río
incluso en el verano
No permitas que nadie cruce el puente de la orilla amputada
pues la desolaciòn también precisa de sus claves

Renuncia a las brújulas que señalan un destino
No cuentes las estrellas
Recoge los pedazos de tu destierro.

IV

Lo has intentado otras veces
Controlar su latido
Detener el torrente con las manos
ignorando su desprecio de los bordes

Ensayas pequeñas argucias
Finges no conocer su escalofrío
De los sabios consejos en los muros
anhelas su constancia

Una y otra vez
anudas con paciencia los propósitos
-qué áspero su tacto-
sacudes la ceniza de su argumento frágil
Deja una sombra gris en tus pupilas

Si pudieras
Lanzar un guante contra el miedo
Imaginar una tregua
Mirar para otro lado

Como si fuera
un asunto banal, el de la sangre
un motivo aplazable, el de la lluvia

V

Ni en la distancia azul de los gorriones
Ni en el secreto del musgo
Ni en la ansiedad de los peces
Ni en las lágrimas de la mano

Aún

VI

Sin pasado que te aceche y sin nombre
apenas
Las hojas ennegreciendo sin noche
todavía
La ciudad es nueva
La voz , desconocida

Como si nunca las hubieras usado
ensayas palabras contra la angustia

EPILOGO

El tiempo es más lento
cuando las estaciones se deslizan sobre el agua

Tus ojos quietos
contemplan la superficie del lago

Este apagado rumor de las hojas
es tu elección

Este esquivo brillo plateado
tu patrimonio
Desde el fondo
puedes medir las alas al cometa

Tus mejores deseos duermen aún bajo las aguas




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