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miércoles, 20 de agosto de 2014

VICENTE MEDINA [10.934]


Vicente Medina

Vicente Medina Tomás, (Archena, Murcia, España 1866 - † Rosario, Santa Fe, Argentina 1937). Poeta y dramaturgo español y uno de los símbolos de la identidad regional murciana. Su principal obra, Aires murcianos (1898), se convirtió en un trabajo de referencia del costumbrismo sentimental y de denuncia social, alabado por literatos como Azorín. Hoy día es considerado el mejor autor en lenguaje tradicional murciano.

Infancia y juventud

Hijo de un trabajador autónomo y una modista, Vicente Medina nació el 27 de octubre de 1866 en la localidad de Archena, en plena Vega del río Segura. En su pueblo estableció contacto con las letras a temprana edad ya que su padre don Juan de Dios Medina, se hizo cargo del quiosco del balneario de Archena, donde Medina pudo leer a autores como Gustavo Adolfo Bécquer, José de Espronceda, Víctor Hugo o Emile Zola. Su padre era conocido como Juan de Dios, "el de los romances", ya que era un gran conocedor de estos autores, e incluso los recitaba por los pueblos; además de que era un talentoso empresario, comerciante, macero, trovador, bardo, aficionado a los viajes de aventura, a la literatura, la actuación, el canto , la música, la danza y al teatro. De esta forma, se puede suponer que Vicente Medina tuvo una infancia repleta de historias y de relatos, reflejados en el ejemplo paterno.
Con sólo trece años se marchó de su localidad natal para trabajar como relator en la mansión de un Procurador de los Tribunales, aunque pronto volvió a Archena para continuar con la venta de libros y preparar unas oposiciones de telégrados o aduanas que nunca llegó a realizar.
Con 18 años ingresó en el ejército, donde llegó a cabo de Infantería de Marina con destino primero en San Fernando (Cádiz), y posteriormente a su tierra, concretamente la Capitanía General de Cartagena. Sus primeros versos como poeta se publicaron durante su estancia en Filipinas, donde fue como voluntario, comenzando allí su oficio literario. En 1890 abandonó el ejército para volver a la Región de Murcia. Acabará en Cartagena, tras fracasar con un negocio de tejidos en Archena.

Sus inicios literarios en Cartagena

En la ciudad portuaria encontró trabajo en el Arsenal y en una oficina comercial del dueño de dos periódicos, La Gaceta Minera y el Diario de Cartagena.
En 1891 contrajo matrimonio en Archena con Josefa Sánchez Vera, la que sería personaje indiscutible en su poesía. Ambos se trasladaron a Cartagena, donde Vicente trabajaba. Allí participará de la vida literaria y artística de la ciudad, notándose su presencia en las tertulias del Abanico, con Inocencio Medina Vera (su primo), Bartolomé Pérez Casas y sobre todo, José García Vaso, su mentor y amigo. En este momento publicó colaboraciones literarias en El Diario de Cartagena, El Republicano, o El Mediterráneo.
En 1895 apareció su primera publicación, el poema titulado El Náufrago, que fue bien recibido entre la crítica y el público, aunque después Medina renegaría de él. El autor lo elaboró con un propósito benéfico, socorrer con el producto de la venta a las víctimas del Reina Regente.

El éxito de sus Aires murcianos

En la ciudad de Cartagena publicó su primera obra dramática, El Rento (1898), con la cual Vicente Medina quiso recuperar y dignificar el lenguaje huertano, el cual era usado cómicamente en las fiestas de carnaval llenándolo de barbarismos y extravagancias, algo que para el autor resultaba indignante. Fue entonces cuando, en total desacuerdo con esta interpretación del panocho, escribió el drama huertano de El Rento usando el dialecto murciano. El cual, fue muy bien acogido por la crítica nacional, principalmente por José Martínez Ruiz Azorín, que dijo de este trabajo:
El Rento es una hermosa obra, un cuadro o canto sentido, conmovedor, de costumbres campesinas (...) Un drama pasional, una pintura fácil de un medio (...) es el drama del labriego, de la ruda gente del campo, embrutecida por el trabajo feroz de todo el día, explotada por el amo.
Las excelentes críticas recibidas, animaron a Vicente a juntar los poemas que elaboró como ensayo para confeccionar El Rento, surgiendo así la primera edición de la que sería su obra maestra y más conocida, Aires murcianos (1898). Este libro de poemas se convirtió en su obra cumbre, todo un canto al sufrimiento de las gentes de la huerta del Segura. Su éxito fue inmediato, llegándose a publicar incluso una edición en checo. 

Azorín dijo del mismo:
Aunque no escriba usted más, este diminuto volumen, que es de oro, bastará para colocarle a usted entre los grandes líricos de nuestro parnaso. Su poesía es de las pocas que conmueven hondamente. Puede tener usted la íntima convicción de que ha hecho una obra de gran artista.
De hecho, el mismo autor alicantino llegó a prologar la primera edición de la obra. A partir de este momento la vida literaria de Medina se tornó intensa, con estrenos teatrales de cierto éxito, dramas y obras musicales, publicación de numerosos trabajos, tanto en verso castellano normal como en prosa. Dentro de estas obras destacan Alma del Pueblo (1900), La canción de la Vida (1902) y La Canción de la Muerte. También publicó una nueva serie de Aires murcianos titulada La Canción de la Huerta (1905), que vio la luz en Cartagena, además de una compilación de su obra poética en Poesía (Obras escogidas) (1908). Dentro del género teatral, tras El Rento publicó ¡Lorenzo! (1899), La sombra del hijo (1900) y El Alma del Molino (1902).

Emigración a Argentina

En 1906, diecisiete familiares suyos marcharon a América, por lo que los deseos de Vicente de cruzar el Atlántico aumentaron considerablemente. Finalmente emigró a Argentina en los comienzos de 1908 convirtiendo a éste país en su segunda patria. Su salida de España fue recogida por la prensa murciana, la catalana y aún la suramericana, incluso Unamuno se hizo eco de la misma en La Nación.
Primero permaneció en Buenos Aires, para luego pasar a Rosario de Santa Fe, donde a través de diversos empleos mejoró su condición económica, de hecho, llegó a convirtirse en propietario agrícola mientras que prosiguió su labor como literato a partir de 1915, que es cuando publicó La Canción de la Guerra (1915), una denuncia antibelicista en plena Primera Guerra Mundial. También editó una revista literaria denominada Letras y entre 1916 y 1919 regentó una escuela en la que ofrecía veladas literarias y conferencias. En Buenos Aires apareció una nueva serie de Aires murcianos titulada Abonico (1917), además de una sucesión de reediciones y colecciones de obras completas.
Tras la muerte de su esposa publicó el libro Compañera (1921), compuesto por una serie de poemas de gran tristeza ante el fallecimiento de la que fue su mujer durante 30 años.
En 1924 abandonó su empleo por enfermedad, dedicándose a su obra literaria, editar libros y recorrer Suramérica dando recitales de poesía. En 1928 se publicó en Murcia una nueva serie de Aires murcianos, llamada esta vez ¡Allá lejicos! (1928), en la que demostraba su añoranza por la Región de Murcia.

Tumba de Vicente Medina en el Cementerio de la Piedad de Rosario (Argentina).

Sus últimos años. Regreso a Murcia y exilio final

Aprovechando una invitación para dar una conferencia en París, decidió volver a su tierra, lo que vio hecho realidad en el mes de marzo de 1931, cuando en olor de multitud fue recibido en Archena, disfrutando días después de unos juegos florales en su honor celebrados en el Teatro Romea de la ciudad de Murcia. También en Cartagena recibió un homenaje en el Ateneo de la ciudad.
Los años siguientes los pasó el poeta en su Archena natal, publicando en 1932 el que será su último libro, Belén de pastores y villancicos (1932), obra extremadamente curiosa que da una idea de cómo Vicente anduvo metido en asuntos políticos. De hecho, Medina participó activamente en la política republicana del momento, interviniendo en las elecciones de 1936 a favor del Frente Popular, haciendo defensa de la cultura para todos, del acercamiento de los pobres a los bienes de la enseñanza y la educación.
En abril de 1936, aconsejado por sus familiares, abandonó la Región Murciana para volver a Argentina, llegando ya enfermo. El 17 de agosto de 1937 murió finalmente en Rosario de Santa Fe, donde está enterrado.

Obra

Vicente Medina escribió alrededor de veinte libros de poesía y cuatro dramas teatrales además de una gran cantidad de obra inédita. Sus artículos en periódicos son muy numerosos y se encuentran esparcidos a través España y América.

Su poesía comenzó con un romanticismo sentimental y después pasó a incorporar un fuerte rasgo de observación naturalista, que le hizo avanzar hacia la denuncia social, mezclada con una mirada impregnada de un muy noble sentimiento popular: la piedad por el prójimo. En sus poemas comprime ese sentimiento de lo intrínsecamente murciano, desde la visión sentimental de la gente de la huerta del Segura, con gran fidelidad, sin tener que llegar a la sensiblería, superando lo tópico y lo abstracto del suceso.
El poema "Cansera", perteneciente a la primera entrega de Aires murcianos, ha sido estudiado profundamente por el historiador José Mª Jover Zamora, quien en él ve una fotografía del espíritu español justamente tras los desastres de Cuba y Filipinas de forma previa a la Generación del 98. Aunque también hay que reseñar en este poema unos geniales valores líricos.



CANSERA

¿Pa qué quiés que vaya? Pa ver cuatro espigas
arroyás y pegás á la tierra;
pa ver los sarmientos rüines y mustios
y esnüas las cepas,
sin un grano d’uva,
ni tampoco siquiá sombra de ella...
Pa ver el barranco,
Pa ver la laera,
Sin una matuja... ¡pa ver que se embisten,
de pelás, las peñas!...
Anda tú, si quieres,
que á mí no me quea
ni un soplo d’aliento,
ni una onza de juerza,
ni ganas de verme,
ni de que me mienten siquiá la cosecha.....
Anda tú, si quieres, que yo pué que nunca
pise más la senda,
ni pué que la pase, si no es que entre cuatro,
ya muerto, me llevan.....
Anda tú, si quieres.....
No he d’ir, por mi gusto, si en crus me lo ruegas,
por esa sendica por ande se jueron,
pa no golver nunca, tantas cosas güenas...
esperanzas, quereres, suores...
¡tó se jue por ella!
Por esa sendica se marchó aquel hijo
que murió en la guerra.....
Por esa sendica se jué la alegría...
¡por esa sendica vinieron las penas!...
No te canses, que no me remuevo;
anda tú, si quieres, y éjame que duerma,
¡a ver si es pa siempre!... ¡Si no me espertara!...
¡Tengo una cansera!...1



Vicente Medina a la derecha del grupo con barba negra, en presencia de Emilio Catelar, en el centro del grupo con bigote blanco





LOS PAJARICOS SUELTOS

No mandes los nenes a la escuela
porque no la han abierto
y está, si es que el Señor no hace un milagro,
cerraïca pa tiempo...
Ha caido en la cama,
mu malico el maestro,
y es cosa de temer, por las señales,
que ya no se levante el probe viejo...
Una jaula vacía
páece la escuela con aquel silencio,
y por juera corriendo los zagales,
una bandá de pajaricos sueltos.
Ya doblan las campanas...
ya arremató el maestro...
muncha pena me da, porque era un hombre
de los pocos c´hay güenos...
muncha pena me da por los zagales...
¡No paro de pensar qué va a ser de ellos!

.........................................

¡Traigo en el corazón una tristeza!...
D´allá abajico vengo;
la escuela, como enantes, cerraïca
y con aquel silencio...
chillando alreörcico los zagales
y a sus anchas corriendo...
¡La jaulica vacía
y la bandá de pajaricos sueltos!





Aires Murcianos
Aires Murcianos. Academia Alfonso X el Sabio. Murcia. 1985.



El rento, ¡Lorenzo!..., El calor del hogar
El rento. ¡Lorenzo!. El calor del hogar. Academia Alfonso X el Sabio. Murcia. 2000.




ABEJORRICO NEGRO

¡ Más cerca me páece que está el hijo mío
cuando está más lenjos!
A tóas las horas
elantico e mis ojos lo tengo.
¡ Clavo que en el alma
hincaico llevo!
¡ Sombrica perene
de mi pensamiento!...
Dende que lo vide marcharse aquel día,
pué que, por mi esgracia, pa nunca más verlo,
ni ganas de verme me quean siquiera,
ni como, ni duermo...
Las noches enteras en vela me paso
sin pas ni sosiego,
y, en las horas mortales y negras
que vivo muriendo,
de llorar se me escurren los ojos,
¡de pensar se me erriten los sesos....
Mentira me páece que llegue angún día
c´a mis penas encuentre consuelo,
degolviéndome Dios aquel hijo
tan sano y tan gúeno!
¡ Mentira me páece que Dios me lo traya,
y c'aprieten mis brazos su cuerpo,
y que pueda su cara, entavía,
comérmela a besos....
La luz de mis ojos
perdiera por verlo;
por sentir el soplico del suyo,
perdiera mi aliento...
Mi vida, mi gloria, tóico lo perdiera,
¡ tó por no perderlo!
¡ Cuando será el día!
¡Cuando querrá el cielo
que se diga c'hay gozo en mi casa
porque él esté drento;
que se sienta reír porque él sea
quien se esté riendo;
que se sienta cantar porque él cante,
como en otro tiempo !...

A töas las horas tengo un sobresarto...
a tóas las horas por su suerte tiemblo;
mil gúeltas la sangre me da ca menuto
y mil y mil gúeltas me da el pensamiento...
No tengo de él carta,
ya cuatro correos,
¡d'aquel hijo mío
que está allá tan lenjos!
Sin carta... ¡ sin vida!
pa'l caso es lo mesmo.
Y es morir, sin morir, esta angustia
pa que sea mayor el tormento...
¡ es arrebanarme, cachico a cachico,
mi alma y mi cuerpo!
Ayer me seguía,
sin darme sosiego,
un abejorrico
mu negro, ¡ mu negro!...
y esta mañanica
trempanico ha güelto,
corno si estuviera
pa verme al acecho,
y otra ves, sin parar, m'ha seguío
arriba en la casa y abajo en el güerto...
Con naíca s'iba...
era lo mesmico que sombra del cuerpo,
por lo pesaico que estaba en seguirme...
por su colorcico tan negro... ¡ tan negro!
Siempre a mi reorcico
sus revoloteos,
siempre en mis oídos su zumbio triste
zurriendo y zurriendo...
¡El que yo lo entendiera paecía
que era to su empeño!
Se me helaba la sangre al sentirlo,
temblaba de verlo,
m´atemorizaba...
¡ Erizá me ponía de miedo
y, entavía, na más de pensarlo,
töa me estremesco!
Delante e mis ojos, dende que lo he visto,
s'atraviesa un velo,
y fijo en el alma
va ahogándome un peso...
¡ me páece que es mi hijo de cuerpo presente
que lo llevo drento!...
Que Dios no me orvide; que no se me cumpla
lo que me recelo;
que el abejorrico, no quiera decirme,
con su colorcico, que vista de negro;
¡ que con su zumbio no venga a avisarme que mi hijo s'ha muerto!...
¿Pa qué ya más vida, si pa él ya no vivo?
¿Pa qué ya más penas, si pa él ya no peno
¡ Que me lleve el Señor... ¡ que me lleve,
que con tanto dolor ya no puedo,
y es de tóicas maneras morirse,
el vivir, como yo, padeciendo
sin una esperanza,
sin una gelepa siquiá de consuelo!
¡ Si esperando su carta he vivio
y ya no la espero!
¡ Que me lleve el Señor!... ¡ que me lleve
pa bien de mi alma... pa escanso e mi cuerpo!
¡ Qué trebajos habrá padecio!...
¡ La idea me mata ca ves que los pienso!
¡ Qué fartas! ¡ C'angustias! ¡ Qué esamparo el suyo
¡ Tan solo... ¡ Tan lenjos!...
¿ And'irán sus piazos?... ¡ No sabré, siquiera,
ande están enterráos sus gúesos!
¡ Si lenjicos, vivo,
más lenjicos muerto!…
¡ Ay abejorrico, qué claro m'icías
"vístete de negro"!
¡ Ay abejorrico, ya me tiés de luto!...
¡ ya me tiés de luto por juera y por drento!.





GUÁRDAME UN ROALICO *

(A mi padre, muerto)

¡Ya escansas!....¡ya duermes,
pa siempre, tranquilo!...
Ya pa tí, ni trebajos, ni penas...
Ya, pa tí, ni calinas, ni fríos...
Ya estás al amparo...
¡Dichoso el que pasa bien pronto el camino!
Ya estás ande llega lo mesmo el que corre
que el que va espacico... 

¡Ya escanas!... ¡Ya duermes,
pa siempre, tranquilo!...
Pa cuando mi cuerpo,
pa no levantarse, se caya rendío...
pa cuando, en mi horica, me llame la tierra,
¡guárdame un roalico!

* Es costumbre, en esta región, el despedirse de los muertos con esta frase, echando, a la vez, un puñado de tierra en el hoyo.







LOS NÍOS SOLOS

De dolor píando,
que no hay quien los sienta,
están en el güerto los ruiseñorcicos…
azoräos vuelan
alrëor de sus níos en onde
ni siquiá un pajarico les quëa…
¡Qué píar y píar más amargo!...
¡dán una tristeza!...

De las cosas que esjarran el pecho,
te digo que es una pasar por la güerta.
¡ni siquiá un mocico!...
¡tóicos pa la guerra!...
¡las casas solicas!... ¡los padres llorando!...
¡se siente una pena!...









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