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miércoles, 21 de marzo de 2012

6420.- ÓSCAR HERMES VILLORDO


Óscar Hermes Villordo. (Machagai, Chaco, Argentina, 9 de mayo de 1928 - Buenos Aires, 1 de enero de 1994) fue un escritor, novelista, cuentista, poeta y periodista argentino.
El escritor chaqueño fue muy reconocido por su labor poética. Sus novelas desarrollan un marcado homoerotismo. En 1966 las Ediciones Culturales Argentinas publicó el libro Oscar Hermes Villordo con presentación de Manuel Mujica Láinez en el que se incluye una selección de su obra en verso y prosa hasta ese año. Fue elegido por los críticos y escritores del país para integrar, con otros ocho poetas menores de cuarenta años, la Antología Consultada de la Joven Poesía Argentina publicada por la Compañía Fabril Editora, también forma parte de esta antología la poesía de: Rodolfo Alonso, Juan Gelman, Alejandra Pizarnik, Antonio Requeni, Horacio Salas, Alfredo Veiravé, y María Elena Walsh. La obra de Villordo también forma parte de otras antologías en verso, como en la del soneto de Roberto Ledesma; Provincias y Poesía de Nicolás Cócaro donde la poesía de Villordo acompañar la de María Dhialma Tiberti, Julio Ardiles Gray, Emma de Cartosio, Manuel Castilla, Ana Emilia Lahitte, Guillermo Orce Remis y otros grandes poetas argentinos.
No debe dejar de mencionarse sus trabajos de La Nueva Poesía Argentina de La Nueva Poesía Argentina de Nélida Salvador y también la Contemporary Argentine Poetry de William Shand.
Cultivó una gran amistad con poetas y escritores como Vicente Barbieri, José Luis Lanuza, Javier Torre y Manuel Mujica Láinez. Fue miembro del Instituto Heleno-Argentino de Cultura. Durante 1962 viajó a Grecia invitado por la embajada de ese país. Dictó conferencias, intervino en audiciones radiofónicas, integró la comisión directiva de la Sociedad Argentina de Escritores y fue colaborador en varios medios periodísticos como La Nación, Revista Sur, Atlántida, Billiken, La Gaceta de Tucumán y La Prensa, entre otros.
La primera biblioteca LGTTBI de Argentina lleva el nombre del escritor, biblioteca fundada por Pietro Salemme, privada, abierta al público.
Oscar Hermes Villordo falleció de sida en el Hospital Británico de Buenos Aires, el primer día de 1994.

Obras publicadas
Poemas de la calle, Ateneo Popular de La Boca, 1953.
Teníamos luz, Emecé, 1962.
Oscar Hermes Villordo, presentado por Manuel Mujica Lainez, Ediciones Culturales Argentinas, 1966.
El Bazar, Sudamericana, 1971.
Consultorio sentimental, Sudamericana, 1971.
Memoria del Olvido, Emecé, 1974.
Genio y figura de Adolfo Bioy Casares, Editorial Universitaria de Buenos Aires, 1983.
La brasa en la mano, novela, Bruguera, 1983.
La otra mejilla, novela, Sudamericana, 1986.
El ahijado, novela, 1990.
Manucho, biografía de Manuel Mujica Láinez, Planeta, 1991.
Ser Gay no es pecado, Beas Ediciones.
Nicolás Guillén, junto a N. Guillén, Editorial Abril.
Páginas de Manuel Mujica Láinez, junto a M. M. Láinez; Editorial Celtia.
El Grupo Sur: Una biografía colectiva, Planeta.
El escritor prologó también algunas ediciones de Miguel de Unamuno, Florencio Sánchez, Nicolás Guillén, y Jean Paul Sartre.

Premios
Faja de Honor de la SADE Sociedad Argentina de Autores.
La Pluma de Plata del Pen Club Internacional.
El Premio Municipal de Literatura.
Primer Premio en el segundo certamen de poesía «Francisco Isernia», 1952.
Obtuvo una beca del Programa Fulbright.

Fragmento: “Ser gay no es pecado” Oscar Hermes Villordo

“No quiero que esto sea una confesión. Quiero que sean mis recuerdos. Si yo te contara que tuve que luchar contra mí hasta comprender que ser gay no es pecado, estaría diciéndote una verdad. Pero estaría pidiéndote también que te pusieras de mi parte. Una confesión obliga. Los recuerdos, en cambio, a nada obligan. A no ser a creerlos…
Me he pasado la vida escribiendo, de modo que trataré de convencerte. Escribir es el único lugar donde no se miente. Así que… A los recuerdos me confío, y a vos a quien no conozco, pero imagino.”




Historia


7


Aquí, desde la cama blanca del hospital,
vería la ventana y los árboles... tal vez
un pájaro cantase... porque todo está igual:
sus zapatos, su libro para leer después,


y hay pájaros que cantan... Tal vez la muerte
iría diciéndole palabras, y era el contorno lucio
de las nubes en él, ¡no esta penumbra fría
con su friso deshecho de nubes de humo sucio!


8


Dentro del colectivo tiemblan las ventanillas.
La vida es esto, dicen: buenos y malos ratos.
Oigo en silencio y miro, sobre mis dos rodillas,
el paquete en que van tu libro y tus zapatos.








Antinoo


Con la resignación de la tristeza,
Antinóo ensaya el gesto, pero mudo,
porque es ardua la luz de la belleza,
y en medio de la luz está desnudo.


En las formas del mármol aun persiste,
melancólicamente verdadero,
en mirar la corriente que no existe,
solo, como aquel príncipe de Homero.


(El poeta lo nombra entre diversos.
Era tímido, no era como Ulises.
Entre la muchedumbre de los versos
está solo. Y es todo lo que dice.)


Así Antinóo. Y en la corona ausente,
en la corona funeral que nunca
le ceñirá con su laurel la frente,
está su juventud que quedó trunca.


Pero en su eternidad de dura piedra
la carcoma del tiempo lo rodea
y le teje la sombra de otra hiedra,
porque el tiempo destruye lo que crea.


Y va a morir. Y sin embargo,
en la muerte que vive está cautiva
su soledad (también el arte es largo),
y el mármol, para él, es carne viva.


Victorioso del tiempo en forma muda,
nos avisa en el gesto del amante,
cuando cada muchacho se desnuda,
que nuestra eternidad es un instante.


Y solo, y extranjero, con el no
del suicida, se yergue en cuerpo fuerte.
Y él es todos los cuerpos. ¡Antinóo,
tanta carne salvada de la muerte!


Delfos, Grecia, 1962








Los Paraísos


El alto cielo azul tiene una nube alta.
Los paraísos tienen el ansia de ser nube.
La frescura del verde de sus hojas me asalta:
lloro en mi corazón por lo que nunca tuve.




¿Hay un prado de verdes y azules eternos
donde tiembla una forma de infinita blancura?
El pomo de la nube siembra capullos tiernos.
Los paraísos tienden sus ramas a la altura.










AQUI, DONDE EL AMOR


Aquí, donde el amor es el comienzo
de la tristeza, donde inúltilmente
esperamos....Aquí donde se siente
a Dios inmenso, inmenso...


Aquí en la tierra de las criaturas,
donde todo el dolor del universo
cabe en un verso, un solo verso,
frágil en las palabras inseguras.
Aquí, donde un día tuvimos
la inocencia primera
de la imagen que fuimos.
Aquí, donde el amor espera, espera, espera...


Donde apenas entiendo,
vine a vivir, estoy viviendo.