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viernes, 13 de abril de 2012

6642.- NADIA ANJUMAN



Nadia Anjuman
Nadia Anjuman fue una poeta y periodista afgana nacida en 1980 y fallecida en Herat en 2005, a causa de heridas causadas por su marido, Farid Anjuman.
En 2005, mientras aún era una estudiante en la Universidad de Herat, tuvo su primer libro publicado: Gul-e-dodi ("Flor Roja Obscura"), él cual fue popular en Afganistán, Pakistán e incluso en Irán. El 4 de noviembre de ese año, la policía encontró su cuerpo en su casa, en la ciudad occidental de Herat. Poco después, el funcionario superior de la policía Nisar Ahmad Paikar indicó que su esposo había confesado haberla golpeado, pero no haberla asesinado. Se reportó que Nadia murió como resultado de heridas en su cabeza.
Las Naciones Unidas condenaron su muerte al poco tiempo. Su portavoz, Adrian Edwards, dijo que "la muerte de Nadia Anjuman, según lo divulgado, es de hecho trágica y una gran pérdida para Afganistán... Necesita ser investigada y cualquiera que sea encontrado responsable deberá ser tratado dentro de una corte formal de leyes". El oficial Paikar confirmó que el esposo de Nadia de hecho ya tenía cargos en su contra. De acuerdo con familiares y amigos, Anjuman aparentemente era una desgracia para su familia junto con su poesía, que describía la opresión a las mujeres Afganas.

Durante el régimen Talibán, Anjuman y otras escritoras del círculo literario de Herat estudiarían escritores prohibidos como William Shakespeare y Fyodor Dostoevsky. Si hubieran sido atrapadas, hubieran corrido el riesgo de ser colgadas.
A Anjuman le sobrevive su pequeña hija que en el momento de su muerte tenía seis meses.




Estoy enjaulada en esta esquina
llena de melancolía y pena…
mis alas están cerradas y no puedo volar…
Soy una mujer Afgana y debo lamentarme.

NADIA ANJUMAN






No tengo ganas de abrir la boca
¿De qué debo cantar?
Yo, quien está odiada por la vida,
No hay diferencia de cantar o no cantar.

---------------
¿Por qué debo hablar de la dulzura?
Cuando siento yo tanta amargura.
Oh, el festín del opresor
Me tocó la boca.
No tengo ni un compañero en esta vida
¿Para quién puedo estar dulce?
No hay diferencia de hablar, reír,
Morir, ser.
Yo con mi soledad agotada
Con dolor y tristeza.
Nací para nada.
La boca se debe precintar.
Oh mi corazón, ya sabes que es la primavera
Y el momento para celebrar.
¿Qué debo hacer con un ala atrapado?
Que no me deja volar.
He estado callada por demasiado tiempo
Pero nunca me olvido la melodía,
Porque cada momento cuchicheo yo
Las canciones de mi corazón
Que me acuerdan del
Día que voy a romper la jaula.
Volar de esta soledad
Y cantar como un melancólico.
No soy un débil árbol de álamo
Que cualquier viento va a sacudir.
Soy una mujer afgana,
Así que sólo tiene sentido para gemir.

Traducción por Andrés Alfaro

Escribir y publicar en Afganistán supone una peligrosa aventura si el autor de los textos es un hombre. Si quien decide ser protagonista del mundo literario es una mujer, la situación se torna una enloquecida odisea que puede llevar a personas inocentes a una muerte segura. Tal es el caso de Nadia Anjuman, poetisa asesinada por su marido en el año 2005, que le propinó una brutal paliza cuando ella comenzó a ser conocida por sus obras. No pudo soportar que publicara su primer libro de poemas, titulado Gul-e-dodi, Flor Roja Obscura, muy difundido en Afganistan, Pakistán e Irán. Este criminal permaneció un mes en la cárcel. Ahora está libre y tiene la custodia de la hija de ambos, una niña cuyo futuro se presiente incierto, si cabe.
Herat, lugar de residencia de Nadia Anjuman fue antaño, desde hace cinco mil años, la sede cultural y artística del país. Allí se creó el Club literario de Herat. Según su presidente, Ahmed Said Agigi, en los noventa los talibanes quemaron los libros, destruyeron las estatuas y encerraron a las mujeres. Los miembros del club se arriesgaron a ser torturados y a morir por escribir. El grupo era mixto aunque las mujeres celebraban sus reuniones aparte, en un local donde podía leerse un cartel en el que rezaba: La aguja de oro. Clases de costura para mujeres. Entre las prohibiciones que los talibanes instauraron para las mujeres figuraban: trabajar, estudiar, reírse en voz alta y maquillarse. Eso sí, podían coser. Así que lo hicieron tres veces por semana. Bajo el burka, seis mujeres escondían los bolígrafos y el papel donde plasmarían sus escritos. Un profesor las instruía sobre autores innombrables en Afganistán, como Shakespeare, Dostoievski o James Joyce . Nadia Anjuman, la más brillante de estas poetisas escribía versos de amor y también aludía en sus poemas a la terrible situación de la mujer afgana.


El hermano de Nadia, Mohamad Shafi afirma: “Nadia fue una pionera, la mejor poetisa viva en Herat y se esperaba que tuviera mucho éxito” . No opinaban así todos los familiares de Nadia, ya que para algunos de ellos era una deshonra que se dedicara a la poesía. Esto no es de extrañar en un territorio donde la violación de las mujeres dentro del matrimonio está permitida.
El vil asesinato de Anjuman es el origen de la novela del escritor afgano Atik Rahimi titulada La piedra de la paciencia, galardonada con el premio Goncourt en 2008. Rahimi fue invitado en 2005 a una tertulia literaria organizada por Nadia Anjuman. Este encuentro no llegó a realizarse debido a la muerte de la escritora. Según Rahimi todo se silenció aludiendo a que se trataba de un asunto familiar. En una entrevista en el periódico El País, el escritor afgano declara: En mi país, la cultura ha sido destruida, la gente no sabe escribir, los afganos ya no saben quiénes son, el único valor es la religión..., y así no hay nada que hacer, no hay referencias sólidas".
Sobre una colina de Herat, en el camposanto de personajes ilustres, reposan los restos de Nadia Anjuman, joven poetisa asesinada salvajemente. Ante su tumba otras mujeres afganas se arrodillan. Su único delito fue amar la literatura.