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sábado, 14 de abril de 2012

6669.- SILVIA CASTRO MÉNDEZ

Silvia Castro Méndez, poeta costarricense afincada en la actualidad en Zaragoza, ha obtenido el Premio Aquileo Echeverría de Poesía 2010 (ex aqueo con Alexander Ovando) por su libro Agua, publicado por la editorial Torremozas. El Premio Aquileo Echeverría es el premio literario más importante de cuantos se conceden en Costa Rica.
Silvia Castro nació en San José de Costa Rica. Vive en España desde el año 2003 y en Zaragoza desde el 2007. En septiembre del 2008 obtuvo también la nacionalidad española. Estudió música y filosofía en Costa Rica y realizó una Maestría en Historia y Filosofía de la Ciencia y un diplomado de posgrado en Estudios Culturales en la Universidad de Pittsburgh. Ha sido profesora universitaria, investigadora, asesora política y consultora en temas de transferencia tecnológica, cultura política y comunicación social. Actualmente cursa el doctorado de filosofía de la Universidad de Zaragoza.
Aparte de sus publicaciones académicas, tiene dos libros de poesía, que fueron premiados por la Editorial de la Universidad de Costa Rica: Las huestes del deseo (1998) y Vértice del milagro (2000). En 2005 publicó un libro con un cuento-poema para niños: Ruvenal de mil amores: Variaciones sobre un tema de Esopo (Costa Rica).
El Premio Nacional Aquileo J. Echeverría es el máximo galardón, el premio literario más importante en el país, que cada año entrega el Ministerio de Cultura de la República de Costa Rica por la creación de obras en las áreas de poesía, cuento, novela, ensayo, teatro, historia, artes plásticas y música . El nombre del premio es un homenaje al poeta costarricense Aquileo J. Echeverría 


Llanto

Temblor de luz.

Lenta,
sobre el pozo,

la luna llueve.





Graffiti

Trazados animales sobre el muro.

Una mujer se apoya en la pared
y hace una raspadura sobre el signo.

Hay un aire de dagas.

Más tarde
al hurgar en su bolso
un colmillo marca con sangre sus insignias.






Adiós a Granada

¿Cuánto cabalgó Boabdil
con tristeza de yeso en la memoria?

La luna detrás,
en el regazo del agua.

Patios en aroma de cumbre.
Indiferentes.
Las cruces transgrediendo los muros.
Y lejos ya su rey
retornando los ojos del deshielo.

¿Qué jardín aún colgaba de los párpados niños?
¿Qué rastro,
qué sangre,
qué frontera?

Los príncipes rehenes
y el trecho hacia Laujar
presagiado de tumba.





Berlín

Apenas otoño
y el mundo se agolpa
tras su bestia sin bridas.

Azules se alzan los alacranes de metal.
Vidrio y concreto
sitiados por un zumbido de transeúntes.
Las lápidas de sus muros
entre anuncios de soda y utillaje.

Una joven ejerce la acritud de sus botas.
Resuenan sobre las charcas
y el subterráneo enfunda sus martillos.

Lenguas en clave por las aceras.
Mundos de mármol trasplantados.
Ráfagas amarillas sobre el cemento.

Saturno despliega su hambre hasta los bordes.
Desde el balcón escucho
un jadeo incesante.



Sequía

Casi la siento fluir.
El tránsito en la boca.
Sus alertas de hielo en la garganta.

Pero la sed se abulta.
Queda sólo el espejo abismado de los pozos.
Las vasijas se fraguan
y un calor con acentos desemboca en las grietas.

Un grifo me interroga con su ojo sin llanto.

El vaso es un desierto
de vidrio.




Resistencia

Como eco del deseo.

Como un muerto que mueve aún su sombra
por la lumbre escondida en su mortaja.
O el aliento cercado por los signos
tras el viejo ritual.

Así yace el poema.

Después de los sudores,
ya olvidadas las pozas del origen:
Cuerda al aire que agónica
en su extremo
busca pulsar su timbre
todavía.

´Agua´(Torremozas, 2010)