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viernes, 4 de mayo de 2012

6852.- ARMANDO ALMÁNZAR BOTELLO




Armando Almánzar Botello
Poeta, ensayista y narrador. Nació en Higüey, República Dominicana, el 29 de agosto de 1956. Realizó estudios de Psicología. Ha publicado los libros de poesía "Cazador de Agua y otros textos mutantes (Antología poética personal 1977-2002.)" Editora Gente 2003, Santo Domingo, R.D. y "Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse's Crucifixion", Editora Angeles de Fierro 2007, San Francisco de Macorís, R.D.  

Ha escrito ensayos literarios y filosóficos tales como "La Ciudad Prestada", Coloquios 2003, Ediciones Ferilibro. Santo Domingo; "Entre un músico Tan'g y un jarro de Oaxaca". Ediciones Ferilibro 1999. Santo Domingo, R.D; "Introducción a la lectura de Jacques Lacan", 1981; "Lo femenino 'neutro'. Reflexiones metapsicoanalíticas", 1995; "Samuel Beckett o la creación como catástrofe", 1998;  "Aproximaciones al pensamiento de Friedrich Nietzsche" 2000; "Carnalidad mutante. Confecciones del cuerpo en el arte contemporáneo", 2005, entre otros.

Apasionado estudioso de la filosofía, el psicoanálisis, la literatura y las artes. Tiene varios libros inéditos de poesía, ensayo y narrativa.

Figura en el "Diccionario bibliográfico y terminológico de la literatura dominicana", Ediciones del Ministerio Dominicano de Cultura, 2010, y en otras importantes publicaciones y antologías nacionales e internacionales.

Armando Almánzar Botello administra el
Blog Cazador de Agua.
http://cazadordeagua.blogspot.com/

Armando Almánzar Botello: celebración de la escritura

Por José Mármol

La lectura es, se ha dicho de tantas formas, un acto de creación. Leer un texto literario implica, ineludiblemente, el tremendo desafío de reinventarlo en la madeja del ansioso, ya no tanto lúdico proceso de continua construcción de uno mismo, de esa abstracción difusa que llamamos subjetividad. El lector se aproxima al texto desconocido con sus atavíos y su mochila de sentidos. El encuentro podría ser placentero o aburrido, excitante o pasmódico; resultar un antídoto o un tóxico, una fiesta del intelecto u una oscura noche del alma, un estímulo o una parálisis, un deleite o una gastritis estética y cognitiva . No importa. Lo que interesa a la cultura, más bien, es el hecho de que se produzca el instante, si se quiere mágico, a pesar del marketing, de un texto que procura un lector, de una presa que persigue un cazador, de un alter ego que aspira a un hipotético crreador, para invertir así el binomio de Stravinski.

Al disponerse uno a leer una obra hay que estar más o menos consciente de que podría terminar mudándose, desterritorializándose, migrando, dice Paul Ricoeur, de un mundo propio a uno extraño, último que deriva de la plasmación de un vestigio de vocablos sobre una superficie en blanco, pero que, extrañamente, termina resultando también propio, y a veces íntimo.

Cuando llegó a mis manos, amigablemente entregado por las suyas, Cazador de agua y otros textos mutantes, una antología poética de Armando Almánzar Botello que recoge textos de entre los años 1977 y 2002, bellamente editada en la colección literaria El Barco Ebrio, perteneciente a la Editora Nacional, que hoy dirige, con notables frutos, el poeta Alexis Gómez Rosa, el primer pensamiento, casi temor que me asaltó fue el de cómo había de ataviarme, de pertrecharme yo para emprender el extraordinario viaje que implicaría adentrarme en las páginas de un libro que yo estimulé, sin inmediato logro,  pero que esperé, pacientemente durante más de dos décadas. ¿Acaso habría de adentrarme en el libro desnudo y sin ningún precepto o poscepto?

Una revisión, incluso capciosa, si alguna mente perversa quisiera así efectuarla, de las fechas con que el autor calza la mayoría de los textos aquí antologados no me dejaría desamparado. Porque, con respecto al autor de esta obra, es bueno decirlo desde ahora, nos encontramos ante, no sólo un extraordinario y agudo lector, sino además, ante un escritor de depuradísimo oficio, un dilatado artista y pensador de la palabra, de fisiológico-estilística raigambre flaubertiana, cuya aparente renuencia neurótica a la escritura, según propia confesión, no es otra cosa que humilde y sabia postura, por un lado, y por el otro, consciente proceso de acrisolamiento y fraguado del pensamiento y la palabra. Este hecho coloca a nuestro autor al margen de los aspavientos y el narcisismo publicitarios que tipifican hoy tantos engendros y esperpentos editoriales, que exhiben, a simple vista, y con un alarmante dejo de ignorancia disfrazada de sagacidad, que partieron de la equívoca premisa de haber sido publicados sin antes ser escritos.

La de Armando Almánzar Botello es una escritura que manifiesta, con creces, la ostensibilidad de la creación textual sin límites lógicos ni estéticos, que trasciende los paradigmas del saber y del sentir, a veces a lomos de una impulsiva gramática del habla y otras veces sobre la envergadura de una elaborada gramática del texto inventivo. De hecho, su prosa poética y su verso prosado, que es granítica compacidad expresiva del buen dominio del idioma, resultan una síntesis superadora de los abismos entre la ciencia y el arte, aventura con la cual nuestro autor concretiza el sueño pensado por Paul Feyerabend y por Gaston Bachelard, entre otros.

Esta antología revela la escritura como si se tratase de correr el velo de malla schopenhaueriano. La escritura como espejística pantalla del delirio de Derrida, donde el instinto de concreción o vida de la palabra se hace instinto de deconstrucción, tachadura, disolución o muerte del lenguaje mismo. La escritura como una imborrable herida lacaniana. La escritura asumida como la filosofía en Nietzsche, es decir, como un designio de sangre y fuego. La escritura como un rizomático asombro deleuziano. La escritura comoautoexpropiación, como desgaste y despojo carnales del ser en la palabra, según el deseo de Bataille. La escritura que no abusa de la palabra, sino que la eleva hasta convertirla en superficie del silencio.

Es al abate Dinouart, a quien remite este último aserto, porque en su praxis escritural Almánzar Botello está muy próximo a seguir, mediante un justo equilibrio entre una semiótica del signo y una semiótica del silencio, es decir, entre el verbo y el espacio en blanco rastreable en cada página, aquella máxima que el abate Dinouart hace estandarte de su obrita de 1771, El arte de callar, principalmente en materia de religión (1776), que reza: “Sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio”.

La publicación de esta antología constituye una suerte de iniciación, por parte de su autor, por cuanto, a excepción de esporádicas publicaciones en revistas y la presentación de enjundiosas y siempre esclarecedoras ponencias en simposios y seminarios sobre arte y literatura, se hizo esperar por largos años este su primer volumen, que lleva la adjetivación de lo poético, pero que, a mi ver, se encuentra en él la profundidad y certeza de un ensayista de fuste, capaz de articular la relación entre imagen poética, concepto filosófico y teoría de la escritura o metaescritura en un tejido textual de singular originalidad y acierto.

En el poema-ensayo titulado “Escribir/publicar”, el poeta pensador, luego de declarar su sueño o deseo de una prosa poética y clara de ritmo tan ligero y sutil como el de finos pecesillos moviéndose en el rubor del agua más diáfana, pero capaz también de respirar poderosamente buceando en las zonas abisales del ser, habla acerca del hurto que de su inscripción en la escritura creativa hace el propio escritor, lo cual se traduce en negativa a publicar lo ya escrito (ps.117-118). Esta disyuntiva sólo puede ser rebasada, salvada por una actitud que enfrenta el ser a su existencia por medio de la escritura misma.

Se trata, pues, de la ética del escritor, la cual exige una correspondencia oblicua entre lo que dice y lo que vive, entre la vida y la obra. Esta ética tiene por eje el compromiso, más allá del bien y del mal, del escritor, del pensador poeta con el lenguaje y con la obra que a partir de la naturaleza simbólica de este se erige en testimonio y en superación verbal de la realidad circundante y de su interpretación convencional.

En el poema titulado “Río suelto” aparece un epígrafe no gratuito. Rescata palabras de Harold Bloom que dicen: “Todo poema es una angustia lograda”. Es el propio Bloom quien acuña una expresión feliz sobre la relación entre un autor y sus lecturas predilectas, por supuesto, rastreables de alguna forma en el ejercicio de la escritura. Esa expresión o concepto es el de la angustia de las influencias. Intentar aproximarse a las probables influencias en la obra de Armando Almánzar Botello es una empresa harto compleja. Sólo me atrevería a esbozar algunos nombres con los que el recurso de la intertextualidad ha permitido un juego de notables hallazgos rítmicos, metafóricos y estilísticos. A saber, Beckett, Lacan, Derrida, Paz, Deleuze, Sade, Nietzsche, Rorty, Barthes, Lao Tse, Basho, Cacciari, Meschonnic, Diderot, Foucault, Dalí, Van Gohg, Blanchot, Lyotard, entre otros tantos que no podría enumerar. No obstante, se puede decir sin remilgos de Almánzar Botello lo que una vez se dijo de Rubén Darío, destacando en el nicaragüense la enorme cantidad de poetas que lo habían influenciado, y acotando, sin embargo, que era todos ellos y ninguno a la vez.

Podría sugerir otras tantas claves para la lectura de este significativo libro. Sin embargo, no es este el momento para hacerlo, y prefiero, por ahora, retar al lector a que las encuentre. Quisiera terminar afirmando que la lectura de Cazador de agua y otros textos mutantes, de mi admirado amigo Armando Almánzar Botello, es para mí una revelación, un síntoma de cuánto podría este libro cambiar, tornar interesante y fértil, quiero decir, el panorama poético, no sólo de la República Dominicana, sino en Hispanoamérica. Invito, pues, a su disfrute, a su lectura, a que haga el lector ese viaje del que habla su texto “La máquina mutante”, en el cual, durante la travesía va uno descubriéndose en su otro, renaciendo y reinventándose.

[Do livro Las pestes del lenguaje y otros ensayos. Editorial Letra Gráfica. Santo Domingo. República Dominicana. 2004.]




Biografía de un temblor
Tiembla el tiempo. ¿Tiembla el tiempo?
Tiembla mi olvido con el viento…
Un poema en francés de Pierre Reverdy
declamado en Higüey por un joven tío Fernando,
en reunión familiar celebrada en diciembre
a principio de los años sesenta.
Biografía de un temblor… Recuerdo…
México febrero 1971. Octavio Paz tradujo
y pulió en el secreto
aquel puñado vivo de breves diamantes:
versiones impecables de onces poemas de Reverdy
enviadas a García Terrés director de La Gaceta.
Más tarde su fulgor discreto de misterio
iluminó rincones y pasillos de mi mente:
pedrerías de silencio en El Signo y el garabato.
También recuerdo ahora
- cual si hubiese transcurrido eterno un solo instanteun
feliz descubrimiento en la modesta
biblioteca de mi padre:
Poetas franceses contemporáneos
de Raúl Gustavo Aguirre, antología bilingüe,
Ediciones Librería Fausto, Buenos Aires.
Reverdy reverdecía mi temblor.
¡Oh Sara!, ¿lo recuerdas?...
Luego los pájaros insomnes
ávidos de sueño bebiendo aquel silencio…
He aquí la prosapia de mi templo:
- AIRE :
…Tiembla un árbol…
- SECRETO:
... El agua tiembla en la punta de cada hoja…
- TAL VEZ NADIE:
… Al caer las hojas hacen temblar la tierra…
- PASILLO:
…La puerta tiembla…
Reverdy reverdece la memoria.
Temblor de una lágrima en la espada.
¡Gracias Reverdy!
¡Gracias Octavio!
¡Gracias padre mío!
Alta Sara ¡gracias!
Si tiembla de nuevo mi temblor/
es la firmeza…




Cinismos… etcétera…
Diógenes de Sínope
fue llamado el Cínico.
Perro celeste oculto/ meditando en un tonel.
En su hondo retiro mordía las estrellas
con filosos pensamientos…etcétera…
Por las calles de Atenas buscaba en pleno día
un solo hombre honesto alumbrado con candil.
“No me quites mi sol”,
pidió despreciativo
al Magno Alejandro que lo trató de seducir… etcétera…
Hoy los perros filosóficos
no hacen luz de sombras…
No piensan en el misterio del Abismo en un barril.
Tan sólo se proponen con insólita ambición,
bailar el ritmo del Poder bebiendo vino de Borgoña,
comerse el comensal con su cuota de comida… etcétera…
Y son tan egoístas y taimados que quisieran
-ya muertos y podridosrenegar
de su cadáver olvidando a la Señora,
continuar en el banquete sin tiempo ni medida,
llevándose a la boca su propia y fría carroña… etcétera, etcétera…





Mujer hermosa

1
Camino a su muerte,
el día se detiene
sólo para verte.


2
Descorridos los velos,
la luz enceguece
un instante en tu pelo.


3
La música vuelve.
Hoy esta mujer
se obstina en perderme.




Canción fraternal con lanzamiento de dados
Calcula tú la tasa de retorno
del Eterno Retorno
y luego invierte…
¿No percibes en la sangre de mis letras
la herida incurable y luminosa del poema,
el júbilo alciónico que afirma lo incierto y su influencia,
oh sordo ciego cerdo?...




Yo no soy, cuando lo pienso
Yo no soy, cuando lo pienso, Macedonio Fernández.
No pretendo ser un Borges en el acto
abismal de la escritura.
Por mi torpe manera de alumbrar la inervación somática del texto, el
animal que me escarpa sigiloso
en cada placa radiográfica gruñida
en los polípticos destellos de mi rostro: Yo no pienso
Macedonio Fernández. No soy Borges en el acto
de escritura.
Me desnudo con ser Otro
que cita su innombrable. Sombra y polvo – ceniza
de palabras.
¡Oh heredero de mi sangre aquí en la última distancia!
¿Aún estremecido por la lluvia sefirótica de letras misteriosas
me recuerdas?...
Yo le ofrezco la herencia visceral a mi enemigo
- mi cadáver sonoro sangrante todavía -
a este amado hijo rebelde que me niega con afeites,
destilando en el hueco palpitante de mi ausencia
la máscara impasible de una tinta
con la que un dios de secreto ardor mira tu rostro
con la que un ojo diverso inmemorial,
alumbra el mundo…




Amanece.
¿Oráculo confiable?
Burda fata sibyllina en el espejo de la noche:

una caja de dientes postizos,
                                             presumidos,
el recurso falsamente comedido de un anciano...

René     René Descartes    René Razón
Metódico Cartesius
                               ¿Carta descartada?...

Afelpada y con pantuflas,
enturbiando su oleaje de tormenta
las persianas,
                    la mañana es una vieja
cloqueando simulacros.
Me proclama prematura sus mentiras
vaginales...
                  ¿realmente virginales?

Versióname un programa por espejo cotidiano:
no escribas monstruosa, brutal, indecidible
—buscando día a día la vacía nombradía—,
                                              tus grafemas de gallina
picoteando en la gravilla/
la terrible tortuosa identidad
                                            inconfesada...
Versióname tu hoja por espejo cotidiano.

(Uterina y neblinosa
recompóngome la máscara
en premura envejecida).

Acostado monologo en ataúd
y me desoigo.
                     (Gris avanza lo innombrable.
Luctuosa viuda negra el pensamiento telaraña).

Bestia ciega fuiste anoche.
Caín de patio triste.   Nostradamus epiléptico.

              ¡Andrógino de plástico!
             
              Gallina gorda folclorista.
       
¡Fuiste con tu envidia la inocencia terrible del mal: ¿todos los hombres?

Este Mongo Satanás olvida el rito
del crepúsculo:
                       desastres programados, financieros,
turbios pactos criminales, perversos,
                                                        convenientes...

¡Oh cinismo!                                      ¡Oh ironía!                    

¿Qué Amo sin medida en seducción telemediática te planifica el Goce?                   

Uterino y neblinoso
recompóngome la máscara
en el juego maquiabólico.

Detenido monologo en ataúd
y me desnombro.
                           Felicítome bañándome al fin
pichón de Drácula.      Calígula cornudo...
político en campaña... ¡y ya no me detengo!...
                               
                                       ¡Sí!

A mamá le gusta la poesía. ¡Coño!

Unas uñas bien cuidadas son imprescindibles.

(En la página triunfando,
el idiota enamorado que retorna por encargo,
canta por igual a un bello postre,
que a un trocito imaginario desprendido de algún astro...)

Y pregunto:
               (interrogo a los poetas tan profetas)
¿quién es quién si hago teatro en democracia de patanes?

La odalisca en el diván no me mira fijamente.
La otra tarde llegó tía y quiso desmontar el cuadro:

masturbarse los cristianos en rincones de la sala
no es decente.
                   ¡Contabilidad es combatividad! ¡Atesora esa niña
cuatrocientas zapatillas!

Y ahora:
el Poeta de mi generación es Gerente por vocación. ¡Sí señor!

En el juego sigiloso de su horrible universo,
en pantalla gigante la señal satelital,
digita por la mente su frenético esperanto:

¡Global freedom of commerce!
¡Global freedom of commerce!

Pateando una osamenta él silba una tonada:
¡Combatividad es contabilidad!
Mi padre fue pequeño, peludo y sin escrúpulos.

¿Quién negocia por el cuerpo las veredas imposibles?:
¡Genoma     Genoma    invierte en el Genoma!
¡Biotecnología!
                       Mi chica no ha muerto de SIDA,
¡lo confirmo!

De visita en el museo calcula sus ganacias,
y mira fijamente la basura del traspatio.


¡Combatividad es contabilidad!  
Mi Tía Encarnación sueña con el Amor :
ella busca en la Internet un poquito de calor...

La llama del insomnio me calcina en los balcones:
medito en el futuro del olvido.
Payasos congresistas, comediantes periodistas,
                                                lobistas y ladrones/
rufianes y poetas políticos cagones pre-oficialistas/
monederos del abismo,
prometen ya editar a los nuevos ruiseñores...

¿Para qué la poesía en tiempos de ladrones?

Bajo límpidos satélites en la noche tecnológica:
el pobre hombre empuja su vieja carretilla roja.

¡Estúpidos ahorristas, estoy citando a Williams!

Autistas consumistas neo-liberales:
¡Global freedom of commerce!
Combatividad es contabilidad.  

El pobre hombre empuja su vieja carretilla roja.
¿A quién eligen Presidente si no monta un Gran Teatro?
El pobre hombre empuja su vieja carretilla roja.

Pero hasta Freud lo dijo:

¡Un padre no es caballo peludo y sin escrúpulos!
¡Que viva el por-venir!... lo todavía innombrable...
lo Real que no se agota...
en fin: ¡la Democracia!...