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viernes, 11 de mayo de 2012

6912.- JUANJO RODRÍGUEZ SANTAMARÍA


Juanjo Rodríguez Santamaría. (Ambato, Ecuador, 1979). Estudió literatura y periodismo en Quito. Hizo cursos de traducción en Madrid. Ha publicado Los rastros (Quito, 2006), Viaje a la mansedumbre (Barcelona, 2009), Barrido de campo (Arequipa, 2010) y Cromosoma (Quito, 2011; Santiago de Chile, 2011). Ha sido incluido en antologías como Poesía de Ecuador (Madrid, 2009), Antología Ecuador-Perú (Lima, 2009), Álbum de arena (Guayaquil, 2008), El Vértigo de los aires. Poesía latinoamericana 1974-1985 (México, 2007) y País Imaginario (Quito, 2011; Madrid, 2012). Recopiló -junto a Luis Carlos Mussó- el libro Tempestad secreta: muestra de poesía ecuatoriana contemporánea (Quito, 2010). Sus poemas constan en revistas virtuales e impresas de México, Perú, Ecuador y Argentina. Además, ha publicado varios ensayos sobre poesía ecuatoriana e hispanoamericana. Como traductor publicó el libro Una cosa natural. 29 poetas norteamericanos (Quito, 2009). Formó parte del comité editorial de la revista de poesía Ruido Blanco. Obtuvo el Premio Internacional de poesía joven La Garúa y fue finalista del festival de La Lira 2011.




Del libro "Estereozen"




[koan haendel: música acuática]

Un pogo en la discoteca de la física, un crash de moléculas
es la mente de un pez & sus ojos de cuarzo miran qué:
el estuario de un río. Imagino este perfomance: lo que veremos
una cabeza rota: esa imagen al abrirse como cuerpo de átomos
& pantalla digital televisiva sobre una cinta azul enroscada
en los cráneos lustrados de los muertos. Esta partitura, espuma,
este flujo arrancado de una playa muerta. Soy esta orilla que no ves
sobre esta fotografía, este límite trazado sobre una fábrica, espuma
de aceites industriales, botellas plásticas, cadáveres de libélulas
como hojarasca musgos & estarcida lumbre. En secreto,
mi propaganda modernista es dispuesta entre canciones
y lugares seguros de la psicoterapia. Joy tuvo un sueño
donde se destruía el mundo y sólo quedaba un cráneo de agua
sumergido bajo nieve. Será, digo, como un río
que cae sobre la piedra donde mis calles aparecen
como escrituras de asfalto & se doblan en cualquier dirección,
invierten su sentido, disminuyen, se pierden.
Cañerías que suben hasta el décimo piso
como pensamientos del siglo XXI, del siglo XXII.
Arterias de una ciudad adicta a los golpes y a la imagen volumétrica.
Larvas de tiempo como orugas parasitarias en la historia del cielo.
Larvas como un método para desmoronar las cosas,
un ejercicio de velocidades,
como un animal que puede ser invadido y siempre desmoronado.
En realidad, pienso en detritus como los sueños modelados por las leyes
que gobiernan el pensamiento de nosotros, las ovejas humanas.
Pero puedes ser un lobo, pero si eres lobo ya estarás muerto.
Aunque, seamos honestos, la realidad son lavadoras automáticas
donde uno observa el oráculo selecto: nada, nadie, nada, nadie.
Camisas húmedas, células como historias de una vida geométrica.
¿Anarquismo, entonces? Talvez, pero más bien un parque temático de sueños,
donde un gallo puto de hielo puto y niebla
se oye cantar al interior de un paisaje.
Mis huesos enfermos están arriba de mi noche misma
como una postal turística donde la vida se autocontiene para no destruirse.
¿Volver hacia lo básico? Talvez un río, pero, más que un río,
una red de tuberías a lo largo de la hidrometrópoli: ratas para un ilusionista
del futuro: y sí, luego un río y luego un eterno retorno hacia
el páramo invertido donde decidimos acampar como hippies simbólicos.
Desde luego, soy lo que mi cuerpo me impide ser:
una isla de metacrilato flotante sobre el aire & un pulmón de abeja
en un estuario de polen, de silicio, de trébol y de piedra.
¿Piedra? Las cosas que uno pudo sentir fueron arrancadas del mundo
por alguien que ya no existe. No escucho ¿y quién sí? balidos de una cabra
que pasta en este planeta agónico de carne azul, helada.




[tachaduras haendel]

El gallo de nieve canta sobre este círculo: la estría de su espuela roja gira sobre un charco donde las lloradoras se vierten a sí mismas por todos los muertos.

El gallo de nieve aprende el balido de la cabra para instruir objetos: sillas o mesas.

Un puente de piedra, un dique a mi paso, un camino de hormigas sobre los corales hialinos, sobre la calavera de un monje abandonada junto a los huevos de los peces abisales.

Un sonido de púas sobre un ojo de niebla es la retina desprendida de mis pájaros que sólo miran al cantar: un huevo de hielo bajo el agua del mar.

Escuchas la pared interior de tus músculos como ejes de una carreta tirada por mulares desollados en un estadio habitado por atletas de hielo.

Escuchas pasar el mar a través de tus compuertas que son las llaves de una casa de aire desde donde los gavilanes acuden a los árboles de nube enmarcados en este cielo de hierro casi líquido.

Los gallos de nieve amanecen enrojecidos de furia violeta sobre el llanto de mi hija dormida.

Bajo el cuerpo de mi hija, un océano de cal y de lejías.

Ella espera que alguien despierte hacia otro mundo, que su padre agonice oyendo el latido de una paloma en su sintaxis.

Los pájaros beben su mirada. Las medusas atraviesan las hélices de lanchas sumergidas. Los animales invisibles se tragan el océano y lo invierten como una bolsa de partículas sobre el flujo del mundo.

Los pájaros son la forma plural de algún planeta Marte, rojo, redondo.

Una esfera de plumas estacionada sobre el cielo negro: nuestro corazón en el cielo de El Muerto.

Un lápiz sumergido bajo la piel del celacanto. El pez escribe sobre el dorso de arena de una muchacha ofelia sumergida en el agua neutra de mi propia vida.

Wendy es una cabra dormida. (Take my with your naked hand, el Cohen). La luna es un bólido de hueso, varado sobre la hierba pura.

Joy es un niño griego, desnudo, que escucha como balan las cabras en el bosque de una desolación segunda.

Nadie escucha las aguas fecales cruzar sobre los cuarzos de un mundo sumergido en la cima sucia de su propia noche.

El agua pasa sobre el río sin hombres.

La basura pasa sobre el río donde los hombres de trapo acampan esperando un rito de soledad en medio de la muerte, nuestra hija única.

La música de Haendel se desprende del equipo de sonido como una hebra de hielo en la frente de un pájaro sin rostro.

Mírala, llover desde tu lengua, oh mudanza, el flujo impuro, al despertar.

Un clon de haendel entrando a una piscina de huesos de animales.

Esta geometría –piénsalo- de miembros muertos sobre el agua.

La realidad es un estanque de códigos.

Necesario decir la noche es un caballo de agua donde fluyen los fémures de los nadadores que empiezan a componer el paisaje a fuerza de tonos tocados con brazadas.

La canción inaudible: busca una lengua desfigurada para expresarla en el tono de una ola que se desmorona y desprende sobre la espalda de un niño de hueso.

Haendel, sordina, volumen, flujo.

Tumor líquido: el hielo le crece a uno en la cara.

Natación como una fisura en el silencio de un rectángulo líquido y clorado.

Escúchame al interior de la cabeza de un haendel ahogado en el estanque de mi propia cabeza.

El agua atraviesa la noche de mi mundo invertido.

Alteraciones: tuberías atravesando mi cabeza, llevando el flujo de la realidad por la hidrometrópolis de los ahogados.

Los cuerpos son herramientas para oír.

Disparos avanzaban sobre cada lesión del flujo.

El cuerpo haendel puede atravesar el límite del agua haendel: nos calcinamos como estrellas en la fusión del hidrógeno y el oxígeno en moléculas definidas por la mano de un dios tullido.

El agua dibuja una mano (interior, interior) que se puede escuchar.

Son las palabras del desplazamiento, las pilas de cadáveres de niños en las periferias del último mundo.

Haendel es un niño tanzano con hambre de realidad.

La hidrocefalia de los ruiseñores es cuando la muerte quiere muerte.

Un país de hielo, redondo, en la retina del esquimal que decide ahorcarse: osos polares: extintos.

El agua, la contaminación futura, los albañales con sapos: parque nacional para ver huesos y células criogenizadas.

El agua es un objeto escondido al reverso de los esqueletos dormidos en el armario de nuestras mañanas ilegibles.

Una red vascular del oído que se quema y se extiende bajo los sedimentos del río. Estruendo de animales que no existen, animándonos a existir.

Hielo derretido sobre la hierba: haendel es una piedra en un río reseco.

El sonido desecho en montones de ruido y hojas de arce en las cabezas de polímero de nuestros hijos, espulgados todos los días por la Santa Muerte.

Agua mental, agua de metal, ¿entiendes?

Volúmenes vivos, temblando, sin esperanza.

Una isla musical, de altas torres, flanqueada por el no azul, vacío.



[tachaduras: FIDELIO: Beethoven]

No ves que tras mi máscara, Fidelio, hay una mujer de alambre y nieve temblando en los residuos de su oscuridad. No ves que te buscas en los calabozos mentales que revelan tus vértebras -como clavos calientes- cuando las abres en la piel de tus sueños.
Esto es una cabeza de hombre reversible: un astro de paja oculto tras el astro de lumbre tras el astro de paja oculto. Atrás, el fuego como grasa frotada en la cabeza de los niños que van a su escuela donde el profesor ilustra la amputación del sistema nervioso a manera de caos ilegible.

La cárcel es un pájaro en la cabeza de los niños que traen las revelaciones.
PUERTAS
La cárcel es la liberación de una molécula en la granja de un pez de niebla.
PUERTAS
Fidelio tranny, a buscar en su cabeza interior a su Autoleonora como el sonido de la soprano spinto que crea una puerta de vapor en cristales por donde entran los brazos del nadador sin cuerpo, dibujo en el manual del Moridor con larvas y cuchillas.

ATENTO
ATENTO
ATENTO

El miedo da paso al hombre y a un niño fecal con brazos amarrados como cuerdas a la sociedad de los dispositivos, a los ganchos que arrastran tus nubes ensambladas y paisajes químicos y tu barco de papel periódico sobre una línea de animales muertos: la frontera de NO.

Escucha, en tu volumétrica ópera, Fidelio, cómo alcanzar la transfiguración, la deformación hasta ser la nohombre en manos de tu animal vacío: que eres tú mismo & un desierto de letras como ínsulas metálicas en un esquema de realidad donde me constituyo lo más frágil que soy: mi mapa de esta fuerza sin fuerza, de la extracción de mí para mostrarme: un balde con huesos reunidos ante la nada muerta.

Un agujero a vaciar siempre para llenarlo de la materia-lodo de otro hueco, de un agujero negro donde las estrellas anuladas danzan el baile medieval de la muerte (como títeres escuchando al interior de un cesto que alguien mece, el choque de millares de huecos como teorías de la fortuna ciega, como pasitos que se acercan). Fidelio,

tú eres la frontera donde me abro & soy

la imitación de mi mano por la niña que te abre la puerta cuando abres tú la puerta (en este dónde raspado por un signo tachadura de eternidad sin qué).

La calavera que no escogiste ser, la esperanza de NO volver a reproducir con tu lengua las palabras de la tribu, estar en la contraria pero no serla, infringiéndote el daño que otros te hicieron, para adelantarte, para hacerte posible el calor de tu aliento sobre la extraña Tierra.


[koanbruckner: sinfonía n 4]

La Vitale decía: “entre el vuelo del moscardón/ y el arrebato de las cinco de la tarde/ uno se pregunta si Bruckner/ fue alguna vez feliz”. De pronto, en el ejercicio del bosque a contracabeza del cielo, escucha esta oscilación virtual & mira si suben las estrellas sin nombre: (y dime su nombre) un enjambre en el ojo del mirlo-cuervo-acanto. Son agujas en el cráneo del colibrí que sueña su muerte por espejos. Y es una autopista a través del camino-granizo-la nevada. En el dibujo, un ciervo traspasa sólidos dispuestos en la mañana-inercia: troncos de árboles & vestidos de una niña ciega cuelgan de los tallos de los girasoles humanos que profetizaban el inicio de un mundo reunido, sobre la palma, de pétalos. La luna fija sobre el cuello del horizonte. El tractor amarillo sobre el perímetro del campo invisible. Escuchar es una parvada de urogallos: un derrumbamiento sinfónico. Trazos de tiza raspan las pizarras de mis aulas vacías donde los profesores sin rostro golpean el ojo del niño distraído. El compás de dibujo gira sobre la hélice de un barco abandonado en la madrugada del cielo de aquella escuela. El insomne traduce historias kichuas al idioma de los ciborgs que duermen en los sonidos pulsados bajo la lengua. Un choque de guitarras en el cardumen de ánimas sobre el desierto hablante. Estallido de alas en la fusión del sonido contra el bólido del viento. ¿Fuiste feliz, oyéndote, Bruckner, en el corazón inervado de la piedra? Efectos de fisión de fábricas producen colinas de poliuretano & suplantan una herradura de niebla sobre el valle virtualmente producido & el sonido cantabile sobre un estadio cubierto de hierba-mariposas. Música en cápsulas de eternidad liofilizada, descubierta hacia dentro como una taberna de ventanas cerradas. Un hueso tiembla como banderita para raspar el techo acumulado de mis muertos, ocupados de lumbre, por la violenta estación de la manzana, sobre un trapo de sombra para iniciar el viaje.

Ojo interior al sonido.
Oído de muertos intraducibles.
Abre un no.
Recicla.
Escucha.




[koan berlioz, sinfonía fantástica]
I

Trenes: estoy solo y soy solo y estoy “nadie es mi otra mano”.

Regulan el comienzo de otra mano, estos dos nombres, estas dos manos.

Regulan una revolución comunista del ojo.

La limpieza del cerebro (hurga) comienza con el blanco.

El metal blanco: soy yo un florero de mariposas.

Unámonos: el blanco es azul rojoazul rojo azul. Esto es sky.

La limpieza inicia en cualquier punto. Solo en un punto, pero solo. Hacia dentro alguien ríe. Samsara de la enfermedad crónica. Estar vivo, estar. Potencia de invertir. Potencia de ser un invertido. Potencia de ser un invertido al revés. Un tubo de cielo por donde vuela un colibrí de lengua amarilla. (Allá está buda, acá está buda grunge en un seattle de la mente). Hay niños demonios felices con su mente doble, tullidos de cuerpo en mi cabeza de cuerpo doble: de dos en dos van sus ejes o crueldades de reír contra un mundo de (silencio) y no saber que no existen. Y yo los llamo y yo llamo desde aquí hasta que giran su torso y estallan a cámara lentísima como impidiendo la duración del tiempo). Demonios que sentían pasar el humo y el himno del humo y pasar a través mí hasta que el buda decapitado pase hacia atrás de mi mente: es el buda sin rostro delante de mi mente/ o sea: el influjo, la tensión tersa del

mundo.

Sólo tengo un ojo del cielo que se mira a sí mismo: el planeta, su cáscara.

Las nubes, las nubes maravillosas.

Soy la flexión de mis piernas: el ánima del viento que sueña la partición de un hueso.

Esta velocidad es la costumbre de arrancar raíces y comerlas mientras los edificios crecen hasta la fábula infinita: babel cuadrada del apocalipsis: babel cuadrada del apocatástasis y mariposeo del príncipe drag en mis sueños (yo quise ser ese príncipe drag, ese hammurabi rosa que es una avenida de mis brazos) donde docenas de hombres se golpean en una calle desierta hasta sangrar. Turgencia. este será el fin del mundo, pero sin dios ni mundo: los edificios crecen hasta que el globo terrestre es un tubérculo girando en un punto cualquiera del universo nunca: no, nunca.

Espera.
Espérame.
Please, wait.
Es-pé-ra-me.

Buda se posa sobre la nave nodriza de un noé travesti que sueña que el cielo de ceniza conocía su nombre y extrae animales de los agujeros negros anos del paraíso en la película flotante de todas las galaxias. aún sabiendo que este libro de hueso es ajeno a los animales del miedo que comen cráneos de cervatillo en el ojo de su niño atornillado sobre una estera de ácido.

II

Soy un nombre que también es el anagrama de todos mis muertos: esto es una biografía donde las mentes se hacen polvo de paraíso en un plasma de agua.

El vacío
era
la semilla
de sémola.

Buda es dos manos de mi caída.
Buda es cuatro manos de mi levantamiento.
Buda es ocho manos y cielos de mi levantamiento-caída.

Estoy de mí
nada
es el aire.


[país volumen]
Una estructura de hueso, pero un acento de comas, pero los huesos de mi abuela en el día de mis primeros golpes contra mi propia cara de palabras como una piel zurcida. Una coma de grasa, un coma en la sala de un hospital vacío, de una habitación incinerada. Una letra girada por as y por envés, sobre la espalda torcida de un enfermo. Mira su rótula colocada sobre la mesa del fisiólogo. En los rayos X del sueño se ve una conciencia pegada al cerebro que la distribuye en una galería de cadáveres de niños abandonados, en el desmebradero de las estrellas. Un gen medido por la precisión de un microscopio, el revés de ese gen usando las mandíbulas del perro virtual para desgajar mis sueños sobre una colina de piedra con un cementerio de tumbas arremolinadas como árboles de yeso. La precisión de una figura que espera recaer 69 veces sobre su propia muerte. Un acento de comas sobre un acento de puntos: es una escultura de papel que hoy estamos probando para ver si sangra sobre nosotros y nos bendice con la eliminación de nuestros ojos y falos, para rasparla contra mi cabeza de tierra. Una escultura de penes como manos que intentan reproducirse para que nada que no sea ella nos represente ante los huesos secos de la historia podrida en detritus de arena. Un gesto, pero sobre todo la mano que lo gesta sobre un remiendo de carnes acumuladas como cielos en un cosmos cosido sobre el universo de la muerte. Un teorema físico, más que la caída libre de los cuerpos: su derrota en la tierra, mi derrota contra la tierra y el dibujo de una humillación: una cometa de sangre volando en un cielo de piedra. Una exposición de computadores donde una exposición de flores electrónicas sueñan sus flores propias penetrando en el jardín de nuestras cabezas. También un cuerpo de mujer, pero más bien su dimensión fijada sobre un féretro, sus tendones extensos hasta el hielo de un campo arrebatado por las ánimas. Un brazo robótico, pero jamás la teoría numérica que define su situación en el espacio. El espacio-tiempo bajo el gobierno del movimiento ejercido por un objeto que rompe las líneas del reposo: una textura, sí, como una retrofórmula, donde el objeto muerto -un torso- está antes que su diagrama en la mente del artesano vacío. El artesano vacío, pero sobre todo la mano del artesano que escribe la palabra miedo: tengo la palabra miedo, eso sí. El país de manos arrancadas como holograma de hierro en el cielo del miedo. El miedo: una estructura, la nieve tras la erosión de los espíritus de este cielo quemado.


 [tachaduras Dime, ¿qué ves Carlos Edmundo?]



Dije: A la noche, cae una cabeza: es la luna
Dije: es el pensamiento de un dios de piedra en un sueño electromecánico,
es mi hija soñándose robot en su laboratorio cerebral.
Una huella de sombra que despeja la blancura de nube
de esta metrópolis de muertos vivos, de esta luna desgonzada
sobre la carne pálida de un camal sobre la mesa del cielo.
Estoy grabando mis iniciales en la médula
de un andrógino metálico que sueña el vuelo del colibrí eléctrico
sobre un bosque de árboles de titanio recién ensamblados
por el dios que nos sueña con la mitad de su cabeza
y con la otra pretende aniquilarnos un paisaje de cráneos de ruiseñor
como aerolitos alumbrados de sangre o aceites de una absintia virtual,
mientras el pensamiento es un líquido es un estarcido de arena de agua
sobre la rocas en el paisaje virtual en shock.


[josé-miguel ullán, desarreglo de cuentos]

Las palabras no saben, pero tampoco ignoran.
Los automóviles atraviesan la ciudad, no sus nombres.
No escuchan el interior de la caja donde está la cabeza:
una cabra engulle pájaros girando en la cadena del genoma.
La caja existe.

Soy una caja donde soy un viejo con dentadura postiza
en las encías de mi cerebro. Desde luego, éste es un pensamiento
pesimista, elaborado sobre el centro de un círculo de fiebre
que te destruirá como el sueño de una mula que despierta
hablando la lengua de los muertos:
no soy yo, estoy allá, hablándome.
Las palabras no saben & no sacian:
imagino cuadros palpables para mis ingles heladas
& cadáveres fetos líquidos sobre un desierto blanco.

Pero este mundo putitito se silencia en cualquier palabra,
las imágenes fijas son péndulos sobre las sílabas sangradas.
Una cabeza donde escribes una línea
donde los animales mugen su historia
ante el verdugo.
Una fotografía está debajo de la palabra “ramaje” y
me despierto entre contemporáneos,
entre cadáveres cosidos sobre una lona de cartón,
entre árboles arrancados de su historia vacía.

Soy el extremo de una idea demasiado impura,
un fémur pulido
meciendo la sopa de la noche,
mientras los mudos me vociferan la imagen de mi nuca
retorcida sobre la luna,
con las palabras menos imaginables
que la obviedad puede producir en la piel de las neuronas
abandonadas a los cuyes recogidos del último
de los peores mundos.





Para escribir este poema los niños estaban muertos y se reproducían como conejas ciegas. Y morían así y el karma de los niños era una piedra durísima, redondeada sobre el ojo de un bonobo que soñaba un jardín de arena en la piel de las aguas.
Sobre la lumbre,
el rocío de los álamos.
Las palabras no saben:
yo decía.







Desde un ángulo budista la ignorancia es el cuello de una manzana roja el ojo de una manzana rojo-cian mirando mi cabeza como un edificio que sube por sus propias escaleras que mira sus propios ascensores un edificio que estalla demoliéndose como el cráneo que se proyecta en el cielo del miedo un caballo desollado en la nieve volteada y volteada del firmamento y el apetito gira como una lengua en un ventilador de escarcha mientras puede observársela a través de una ventana como una teoría hecha de imágenes que impide mi naturaleza ese pájaro blanco árboles que vuelan a través de un ejército de conceptos desollados en sangre por esta guerra los filósofos se armaron los filósofos budistas en guerra se armaron y no supieron analizar un choque mi choque hasta qué punto el dolor filósofos se debía a la suciedad considerando la sukciedad el temor el deseo el espanto como propios de la condición humana del espanto un cuadro de Portinari donde un niño llora así (&%/$·) la filosofía budista de una cabeza el pensamiento proyectado en la cabeza se inteteteresó por el conocimiento de la mente en detrimento del estudio del dibujo tensado en los problemas de la Historia y de los monstruos tumorales estrellas y de los sueños Sueños aunque el budismo posee una amplia mirada de la salvación universal de los monstruos su realización eficaz y de los monstruos humanos espigas rojas se ha concretado en la meditación orientada a individuos concretos metálicos a ejecutivos a presidentes del cielo el budismo institucional el budismo templo 6000 dólares la noche oscura del cuerpo que sangra en la cabeza de un cosmos obeso y bisexual ha estado claramente dispuesto a aceptar o a ignorar las desigualdades la pobreza la injusticia social y las tiranías bajo el sistema político que fuera es tal vez la muerte y la cacería del budismo puesto que es la muerte de toda forma significativa de toda compasión de forma el hambre de forma la sabiduría sin compasión no siente dolor no siente no siente mi muerte.







La vaca es un pájaro con otro nombre.
La vaca también es una estrella
entre los pájaros.
Así, supe yo de la niebla.
Una tiara de luz
y de pizarras blancas.