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lunes, 14 de mayo de 2012

6996.- JANA PUTRLE SRDIĆ


JANA PUTRLE SRDIĆ
Jana Putrle Srdić nació en 1975 en Liubliana, Eslovenia.
Es poeta, publicista y traductora. Desde la publicación de su primer poemario, Membrillos (Kutine, 2003), se dedica también a organizar eventos culturales en el Centro de Literatura Eslovena. Su segundo libro de poesía, Puede pasar cualquier cosa (Lahko se zgodi karkoli), se publicó en 2007.

Ha participado en numerosos festivales y lecturas en el extranjero. Ha sido traducida y publicada en diferentes revistas en nueve idiomas. Es traductora de poesía contemporánea rusa, inglesa y serbia, y autora de traducciones de libros de poesía de Robert Hass, Ana Ristović, Sapphire y de poesía rusa contemporánea.




Traducción de Bárbara Pregelj. Revisión de Julia Sarachu



Desapariciones

A los  seis meses de tu muerte
llamé a tu casa,
nadie atendió el teléfono y
de repente en el contestador
me sorprendió tu voz.

Como si los cactus de la repisa
rodearan mi cama por la mañana.

Como si contestaras desde un cubo
rosado de gelatina.

Tu voz
es para mí conocida y extraña a la vez,
inusualmente resuelta como la voz
de un hombre de treinta años que nunca
está en casa y necesita un contestador,

porque acaba de volver de handball
y tiene prisa para llegar a las prácticas de tiro.
Como todos los tiradores, sabe que en el camino
hacia el campo de tiro debe fijar la mirada
a través de la ventana del autobús, siempre en el mismo punto,
en la luna del cielo del atardecer,

para que después, ante el blanco,
el corazón le empiece a latir en círculos blancos
hasta unirlos con su pulso en un punto,
y apretar entonces el gatillo.

Una voz
conocida de un hombre de treinta años en luna
de miel rumbo a Venecia con una cinta de Glenn Miller
en el coche. Un sombrero femenino con alas grandes.
Unos pantalones livianos de verano – al estilo de Gatsby –
que se deslizan por las rodillas al saltar
dos escalones a la vez en los puentes.
Canales que apestan, paredes húmedas,
palomas, le dice a ella, palomas por todas partes,
y ligeramente prende a la vez con su encendedor
sonrisas en los negativos.

Paso al lado de este alto hombre delgado
con una camisa clara de verano que no me reconoce
porque aún no existo.

Pienso: cuando grabemos encima de la cinta
del contestador y tu voz en mi cabeza
se haga borrosa, también yo voy a volverme
un poco más transparente,






Muy tarde por la noche

la ropa queda vacía en la silla.
pasó todo el día colocando croissants,
hogazas de pan blanco y negro, pasteles de queso, de la tabla
al molde, del molde al horno – ahora deja que las cosas
jueguen con ella. un clac seco del tostador, un sonido
de patas de perro al trotar. tienta los fósforos, el borde áspero de la caja crepita,
huele. un hormigueo en el cuello, cuando se inclina
sobre la llama. mira hacia la oscuridad, alguien prendió una luz
en el sótano del edificio en obras.

da una vuelta a la llave de la puerta, la ropa queda dentro de la lavadora,
la casa se hace silenciosa, la gente flota sobre las camas,
callada en sus sueños. vestida de algodón, cambia las horquillas
de pelo por una goma.
se desliza dentro de la bañera,
chapoteando silenciosamente como un pez
con su aleta.va a empezar a prepararse
mi propia desaparición.






Un domingo

Vi cinco películas y mientras tanto
me comí todos los caquis.
Segedin, pan con manteca, rábano picante
y aceitunas. Nicholas Cage en una copia
mala de El cielo sobre Berlín.
Cambiamos la cama con unas sábanas
amarillas, sexo.  Enteros estamos rodeados de caricias,
cabellos, olores, piel, lenguas. No, no necesito
que me lleves al cine, prefiero ir caminando.
De repente Jure,
una sonrisa, juntos nos sentamos entre las filas
vacías. En la película fuman mucho y todo queda
sin decir.
Encendemos cigarrillos, él sigue enamorado,
le digo que ahora estoy sola en el departamento
y que me gustaría tener una cama más grande, nos despedimos al caminar.
Lo que más recuerdo es el viento entre los dedos,
las gotas de lluvia en la piel entre los cabellos,
el piar de los pájaros a la una de la madrugada.
El zumbido constante del rótulo eléctrico
sobre el restaurant ahora para mí es el hogar.
Todo esto. Todas las cosas que me llenan.